#64SSIFF | Sobre ‘María (y los demás), ‘On the milky road’ y ‘Lady Macbeth’

Nuevo repaso a lo que ha dado de sí la 64 edición del Festival Internacional de San Sebastián con la decepcionante nueva película de Emir Kusturica y dos óperas primas de altura.


MARÍA (Y LOS DEMÁS) (Nely Reguera – NUEV@S DIRECTOR@S)

Son muchas las películas que en el cine contemporáneo desmenuzan la tragedia de lo cotidiano, poniéndola sobre la mesa para después burlarse de ella. Es cine que acepta las dificultades como parte de la vida y decide tomárselas con humor. Cine en el cual la melancolía está presente en cada plano, en cada frase, en cada mirada: el deseo de algo mejor en contraposición a la resignación que supone vivir en un presente que aliena al individuo. Noah Baumbach es quizás el talento por excelencia en este tipo de cine, siendo Frances Ha el ejemplo más notorio de lo que podríamos definir como la “crisis del eterno adolescente”. Por eso precisamente, resulta sorprendente atender a la aplicación de estas ideas, que, hasta ahora, el cine norteamericano parecía haberse apropiado, en la ópera prima de la directora española Nely Reguera.

Sin embargo, Reguera no se limita a hacer un “copia y pega” de aquello que el espectador ya conoce. Existe por el contrario una originalidad insólita en su aproximación al patetismo encantador del personaje de Bárbara Lennie. Algo profundamente conmovedor que huye de la lástima para provocar la empatía, apelando en cambio al “yo” más ingenuo y puro del espectador. Ese “yo” que se equivoca, que no siempre es perfecto y que, pese a las apariencias, se siente en disonancia con aquellos que le rodean. Gran parte de este triunfo es gracias a la soberbia interpretación de Lennie, que se mueve entre la comedia y el drama como pez en el agua, demostrando un amplísimo rango de emoción enaltecido por largos planos secuencias que dan pie a un lucimiento absoluto del trabajo actoral. A partir de ahí, Lennie construye al personaje más rico de su carrera: una especie de Bridget Jones castiza (sin la estridente irritabilidad que caracteriza a Reneé Zellweger) que invita a la audiencia a unirse a ella en un pequeño viaje de superación personal. Y es que, al fin y al cabo, pese todas las dificultades por las que pasa el personaje de Lennie, la película es un pequeño canto a la esperanza, a la posibilidad de que las cosas acaben saliendo bien. Al final de la película, María corre literalmente hacia un futuro mejor, aunque en realidad su vida sea más incierta que nunca… y parece que en ese plano final, la directora está planteando una pregunta al espectador. Una pregunta llena de optimismo y luz, decidida a destrozar el escepticismo de la vida moderna: ¿quién te dice a ti que María no acabará encontrando por fin la felicidad?

por Miguel Alcalde


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LADY MACBETH (William Oldroyd – SECCIÓN OFICIAL)

Algunas películas te descubren nuevas voces en la realización con historias interesantes que contar o formas especiales de hacerlo. Otras, en cambio, revelan talentos interpretativos de esos que son capaz de congelarte con solo un gesto. Lady Macbeth, premio FIPRESCI en esta edición del Zinemaldia, es un pequeño milagro que nos regala los dos anteriores descubrimientos en un filme que revienta los estándares del cine de época victoriano en menos de noventa minutos. El primer descubrimiento es su director William Oldroyd, quien de forma sumamente inteligente y demostrando un conocimiento y control minucioso de las posibilidades de su muy limitado presupuesto, que exprime al máximo, cuida hasta el más mínimo detalle de composición y ambientación para generar una atmósfera opresiva y minimalista, alejándose de la voluptuosidad característica de este tipo de dramas desarrollados en la Inglaterra del siglo XIX.

El segundo descubrimiento es Florence Pugh, su actriz protagonista. Una intérprete de diecinueve años y no demasiada trayectoria a sus espaldas que ofrece aquí una interpretación soprendentemente madura. Al igual que ocurría con el mencionado trabajo de Oldroyd, Pugh sostiene la película con una gama de gestos sutiles y miradas contundentes que la llevan de la tragedia al humor más negro bordeando incluso el alto voltaje sexual y respaldando así el arco emocional de esta antiheroína de armas tomar capaz de llevarse todo (y a todos) por delante para romper la jaula de cristal que la oprime. La suya es una interpretación compleja y completa que bien hubiese merecido la Concha de Plata el pasado sábado.

Lady Macbeth queda en ocasiones demasiado sometida, asfixiada, en un ejercicio de coherencia con su propia propuesta formal – más allá de la cálida y juguetona interpretación de Pugh, intencionadamente fría – y el giro que da pie al último acto no funciona de forma tan rotunda como podría parecer pero es una ópera prima compacta y tremendamente bien facturada en lo visual así como rompedora en lo narrativo que deja buen sabor de boca y la sensación de estar ante el primer trabajo de dos futuros nombres a tener muy en cuenta en el panorama internacional.

por Jesús Choya


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ON THE MILKY ROAD (Emir Kusturica – PERLAS)

En primer lugar, vayamos a los hechos: para bien o para mal, no me considero un conocedor de la filmografía de Emir Kusturica, por lo que solo puedo dar mi opinión acerca de su último largometraje desde un punto de vista esencialmente virgen. Dicho esto, he de reconocer que en su visión cinematográfica existe una originalidad absolutamente incomparable a la de cualquier otro director y, como en el caso de todo auteur, esto añade un plus de interés a su cine.

Por desgracia, y aunque On the milky road parezca nacer de intenciones puras, la película resulta ser un estridente (e interminable) pastiche de géneros que tantea a ciegas entre la comedia y el drama, entre lo grotesco y lo sutil, aproximándose sin descanso hacia un clímax literalmente explosivo en el que la película pierde definitivamente el sentido del ridículo y se abandona al más absoluto delirio. A medida que el metraje avanza, Kusturica trata de atraer la empatía del espectador hacia un entretenimiento salvaje, aparentemente sin más pretensiones que hacer un llamamiento a lo absurdo de la guerra. Aquí los relojes “muerden” a sus dueños, las orejas se pueden coser con aguja e hilo y alrededor de un centenar de ovejas ensangrentadas vuela por los aires –“por exigencias del guión” – en la carnicería cinematográfica más gratuita que he visto en años. Y aun así, Kusturica acaba su filme intentando convencer al espectador de que lo principal, lo verdaderamente importante, es la historia de amor que acabamos de presenciar entre su personaje y el de Monica Belucci. Y yo me pregunto, ¿hasta qué punto es posible conectar con las relaciones humanas del filme cuando el espectador está presenciando un espectáculo tan desagradable, tan extravagante, tan irrisorio? Personalmente, no creo que sea posible. Veremos si es así cuando la película llegue a los cines.

por Miguel Alcalde

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