#64SSIFF | Sobre ‘Neruda’, ‘Anishoara’ y ‘El hombre de las mil caras’

Primer repaso a lo que ha dado de sí la 64 edición del Festival Internacional de San Sebastián con las esperadas nuevas obras de Pablo Larraín y Alberto Rodríguez y una pequeña sorpresa de Nuev@s Director@s.


NERUDA (Pablo Larraín – PERLAS)

No es precisamente un secreto que la carrera de Pablo Larraín se encuentra actualmente en alza. Desde No, la película que resultara ser su carta de presentación entre el gran público, el director chileno nos ha obsequiado con El club (filme muy solvente que personalmente encontré ciertamente problemático) y, próximamente, con una de las películas más potencialmente interesantes de esta temporada de premios: Jackie. Sin embargo, antes de poder disfrutar de la película que probablemente otorgue a Natalie Portman su segundo Oscar, Larraín vuelve a la carga con Neruda: un retrato visceral del reconocido poeta en el que el director reproduce su travesía a lo largo del país tras ser considerado traidor a la patria y puesto precio a su cabeza. Lo que empieza como un biopic tradicional, con unas reglas narrativas claras y repetidas hasta la saciedad en este tipo de cine, acaba dando un giro inesperado cuando Larraín decide, básicamente, que no le interesa contar la historia de Neruda. El director reconoce la imposibilidad de comprender la vida de una personalidad de tal calibre (sus ramificaciones emocionales, políticas…) en la representación cinematográfica de un episodio de su vida. ¿Cómo recoger a Neruda en el medio sin limitarse a lo documental? Convirtiendo su película en un poema; añadiendo el lirismo y la belleza de su poesía a lo puramente cinematográfico. No hablamos de poesía filmada al estilo Malick: odas a “la imagen hermosa” como único medio de expresar lo poético. El poema de Larraín se aplica a la narrativa en frases, gestos, miradas, cambios de escenario en medio de conversaciones, juegos y alteraciones del espacio y la linealidad cinematográfica. El filme atrapa al espectador en un vórtice de originalidad, en un “mix” de artes continuamente fascinante. En parte, esto es así, porque la voluntad experimental de Larraín no impide que la película sea endiabladamente entretenida: al fin y al cabo, el motif principal a partir del cual se desarrolla la trama es una persecución entre el detective caricaturesco y el héroe escurridizo, astuto y socarrón. El hecho de que la base de la película sea algo que apela a nuestros gustos más primarios e infantiles, y que al mismo tiempo Larraín esté produciendo un comentario político y trascendental en su filme, hacen de Neruda una de las películas autobiográficas (por no decir “LA película autobiográfica…”) más interesantes de los últimos años… película que además contiene la mejor interpretación de la carrera de Gael García Bernal. Como si eso fuera decir poco.

por Miguel Alcalde


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ANISHOARA (Ana Felicia Scutelnicu – NUEV@S DIRECTORES)

El trabajo de final de carrera de la moldava Ana Felicia Scutelnicu trata el viaje iniciático interior de una chica de catorce años a punto de dejar atrás la infancia definitivamente: Anishoara busca romper las cadenas que le aferran a una sociedad rural, anclada en el tiempo y de carácter claramente machista, mientras debe al mismo tiempo aprender a reconocer y gestionar sentimientos nuevos. El filme está dividido en cuatro capítulos que se corresponden con las cuatro estaciones de la vida de la joven muchacha que se plasman en pantalla y es precisamente en esta estructura episódica donde reside uno de los valores más claros del filme: Scutelnicu sabe plasmar en imágenes la esencia identificativa de cada uno de estos periodos y filma con una belleza pictórica que no solo resulta vistosa (en ocasiones, casi pictórica) sino que también es tremendamente coherente con el arco emocional de la protagonista, a la que da vida una actriz – Anishoara Morari, que ya se metió en la piel del personaje homónimo en el anterior trabajo de Scutelnicu (Panihida) – que despliega un poder de atracción desde la sutilidad igualmente reseñable.

Sin embargo, la película no termina de resultar del todo consistente, en gran medida por culpa de una serie de personajes y conflictos secundarios que pretenden enfatizar en la sensación de aislamiento rural de la protagonista pero entorpecen el retrato psicológico por desdibujados y confusos. Anishoara acaba desvelándose como una obra interesante con ideas argumentales de calado y aspecto formal destacado pero en su cómputo global carece de la capacidad de sorpresa o asombro que algunos de sus aspectos sí poseen de forma individual.

por JESÚS CHOYA


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EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS (Alberto Rodríguez – SECCIÓN OFICIAL)

Me cuesta ponerme en contra de un filme que tiene todos los ingredientes para triunfar: a Eduard Fernández en el papel protagonista, Alberto Rodríguez detrás de las cámaras (probablemente uno de los mayores talentos del medio en nuestro país), fotografía de Álex Catalán y cuya premisa se articula en torno a uno de los personajes más sinvergüenzas (e indudablemente interesantes) de la historia de nuestro país. La historia de Francisco Paesa y su protegée, Luis Roldán, durante el año en que este último permaneció escondido en París, merecía ser contada, no solo por ser uno de los casos de corrupción más sonados en nuestro país, sino también por el revuelo mediático que ocasionó y que, sin lugar a dudas, llegó a engordar lo ocurrido de forma desproporcionada. Rodríguez decide tomar esta última vía para hacer su película, excluyendo el comentario político y los juicios de valor; existe, por el contrario, una voluntad por aligerar el peso dramático de la historia mediante un montaje frenético (y en contadas ocasiones, excitante), que se niega a dar un momento de respiro al espectador. Parece existir en esta decisión artística una voluntad por imitar a directores internacionales que encuentran en esa especie de “histeria cinematográfica” un vehículo de expresión a través del cual frivolizar actos moralmente disputables. El caso de Martin Scorsese con Uno de los nuestros o El lobo de Wall Street es posiblemente uno de los más destacados, pero el filme de Rodríguez recuerda más al desenfreno de las últimas películas de David O’Russell. Por desgracia, esta fórmula se presenta ineficaz a la hora de hacer que el espectador conecte con la película: de forma absolutamente aleatoria, el director se pasea por diferentes escenarios y épocas, entretejiendo un galimatías confuso y repleto de giros narrativos innecesarios que no hacen sino añadir a la sensación de que el equipo no sabe muy bien qué hacer con el material que se le ha proporcionado.

Pero acabemos de forma positiva: es probable que El hombre de las mil caras sea la película más técnicamente despampanante que vaya a dar el cine español este año por lo que, pese a sus problemas, existen motivos por los que echarle un ojo.

por Miguel Alcalde

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