El Tipo Guay y la mentira en la seducción

Sorogoyen estrena en esta edición de Zinemaldia su nuevo largometraje, Que Dios nos perdone. Al tener en su equipo técnico a gran parte de los jefes de equipo de su pasada película, pensé en la necesidad de volver a esa pequeña película que sorprendió a todos en 2013 y poder observar la evolución de ellos como creadores; sin caer en ese tópico de dar por hecho que a mayor presupuesto (y ser un thriller producido por Atresmedia) más talento o evolución del mismo. El regreso a Stockholm puede recordarnos como un grupo de primerizos en el sector del largometraje realizaron la locura de estrenarse juntos, una película llena de pasión por unos cineastas que tenían la necesidad de contar una historia.


Artículo con spoilers importantes sobre Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013)


Stockholm comienza con una conversación casual entre amigos en una fiesta. El amigo de Él (Javier Pereira) habla sobre su novia, que se encuentra en Estocolmo, sobre como ella debe estar poniéndole los cuernos. De manera inteligente, plantea en ese monólogo del amigo, como éste para el espectador se personifica como un celoso, rancio y machista, un referente masculino tóxico. Sin embargo, Él se muestra como alguien superior a esas situaciones, incluso cuando su amigo le declara que sabe que Él casi se lía con su pareja. Permite en comparación que el protagonista se vea como Un Tipo Guay, tanto para el espectador como para sí mismo. Como diría Ella (Aura Garrido):

Seguro de ti mismo, estás encantado de haberte conocido. Probablemente te miras al espejo todos los días y no te lo puedas ni creer. Muy amigo de tus amigos, pero un cabrón con las tías. Lo que se dice un tipo guay.

Ya en el primer encuentro, podemos definir uno de los temas centrales de la película, la idea de la caza, o de la seducción por medio de la violencia no física. Su primer encuentro es el de un depredador fijando a su presa, o la famosa escena del ascensor es la consumación de la susodicha caza. La seducción vista como algo que quieres arrebatar al otro. Pero Un Tipo Guay no liga ni caza, realmente quiere hacer creer a su presa, o a sí mismo, que es un romántico: Buscamos el amor por muy pequeña que sea la posibilidad. Él está enamorado de su propio rol de seductor romántico. Pero ese romanticismo, se basa en utilizar prácticamente todas las técnicas tóxicas de comportamiento, de las cuales ya analistas feministas han realizado miles de textos (Gaslighting, Mansplaining, No comprender que No es No, Negging…). Un problema narrativo del film es intentar abordarlos todos de golpe y vislumbrar, de manera demasiado cristalina, la toxicidad del personaje y sus comportamientos, haciendo que el cambio a la segunda parte no sorprenda tanto. Incluso la secuencia del Hiper 24 horas (A pesar de parecer más sutil) marca un enfrentamiento de dinámicas masculinas que se muestran de manera explícita: El que se había concebido a sí mismo como hombre Alfa (Frente a las mujeres) se empequeñece ante la viva imagen de una de esas noches llenas de engaños y personificada por un hombre. Su masculinidad posesiva y altiva se la permite con las mujeres, pero no con los hombres.

Él

Él

La otra gran propuesta de Stockholm se genera por medio de la dualidad entre la mentira y la verdad. Las mentiras que los dos se cuentan a sí mismos por la noche y como la verdad se revela a la luz del día. El objeto físico que muestra esa idea es el espejo, donde los personajes empiezan a ver sus mentiras proyectadas en su propia imagen. Ella no puede soportar una realidad, que la chica reflejada en el espejo es la tonta que se había creído sus mentiras. La rotura del espejo es la rotura de su máscara y su búsqueda por encontrar la verdad, Ella limpiando la sangre de su frente en la pared blanca es una muestra clara de cómo la verdad, lleva al dolor. Con ello, los roles cambian, ahora la secuestradora no es Él, es Ella. Sin embargo, Él no puede verse reflejado en el espejo, no puede concebir la persona que realmente es y no la que se dice a sí mismo que es.

Ella se vuelve una fuerza de verdad, que antes escondía. La secuencia donde lo fuerza a desnudarlo y declarar su amor, no deja de ser una exteriorización de lo que Ella quería darle como premio a su actitud; hacer que Él se desnude emocionalmente, se declaré y Ella comprenderá, a partir del acto, que Ella puede hacer lo mismo. El pintalabios se muestra como un símbolo de lo femenino que proyecta Ella en Él para que empatice con el desnudo emocional de una mujer en un hombre. Y en cuanto Él se quita el pintalabios, volvemos a ese seductor de cartón piedra, la empatía con lo femenino o el desnudarse emocionalmente es una ilusión. Y el verdadero premio que Ella quería darle, es conocerla de verdad.

Ella

Ella

Ella se vuelve la protagonista de esa segunda parte, donde antes veíamos la historia desde la perspectiva de Él. Quizás ese juego de perspectiva podría haberse realizado de manera más precisa si hubieran manejado las perspectivas hasta su máxima expresión y jugar con las informaciones que conocemos o no. Ya que la única ambigüedad que existe para nosotros (Los demás temas, ideas e informaciones son verbalizadas) es el pasado de Ella y, sin embargo, resulta el elemento más importante que deberíamos conocer para comprender su pasado y sus emociones. Juegos de perspectivas donde la ambigüedad permite completar el relato psicológico del personaje femenino pueden verse en Magical Girl o La Herida, sin necesidad de esa verbalización del trauma del cual huye Stockholm. Pero es necesario conocerlo en este caso, sobre todo, si este es detonante para su impactante final, que puede pecar de efectista precisamente por esa decisión de mantener su trauma en secreto.

El suicidio de Ella no deja de ser una rotura del circulo de maltrato que se planteaba. Parece que estamos en un bucle, comentan cuando volvemos a esa ilusión de felicidad, huyendo de las verdades dichas hace unos minutos. Ella a partir del recuerdo de su trauma decide acabar con ese bucle y, además, acabar esta historia de amor en una nota de felicidad. Ella acaba con su vida cuando es feliz, no cuando esta triste, y esa diferencia es demoledora y la que nos habla de la realidad interna de Ella.

¡Que triunfe el amor!

Grita una pareja a los protagonistas. Y Stockholm pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre amor, o lo que entendemos como un acto romántico, y uno tóxico? En esa fina línea juega Stockholm sus cartas, y es capaz de hacer un lúcido análisis de las relaciones actuales entre jóvenes.


un artículo de NACHO VÁZQUEZ LUNA

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