Intercambios | ‘El árbol de la vida’

Al enfrentarme por cuarta vez a El árbol de la vida, no pude dejar de pensar cómo el absoluto de Malick inunda la pantalla y como yo, como espectador, me siento abrumado ante su poder fílmico. Miguel, ¿qué te conmovió de El árbol de la vida cuando la viste por primera vez? Yo en sus primeros visionados me encontraba muy alejado del núcleo emocional de la historia, cuando vi la película por primera vez no podía valorar las ideas religiosas que transmitía sin cubrirlas de cinismo. O la visión de Malick de su último cine, la de pasear por los recuerdos desde una perspectiva que solamente podría darnos la muerte, una propuesta que era incapaz de valorar hasta ahora. Y me terminó enganchando ese absoluto (Que podría ser Dios o el mismísimo Terrence Malick siendo su propio Dios en la película) donde se permite contestar a una madre desesperada que pide explicaciones a Dios por la muerte de su hijo, y éste le contesta. Esa fuerza fílmica es comparable a la elipsis que realizó Kubrick en 2001: Una odisea en el espacio, sin embargo, esta elipsis no es intelectual (El paso del tiempo lo vinculamos al proceso intelectual y transcendente del ser humano), es emocional y contesta tanto a la madre doliente, como al propio Jack que busca la influencia del propio Dios en su vida, y ese planteamiento se vincula al espectador. Ese poder cinematográfico me expulsaba y ahora me agarra, siendo incapaz de soltarme.

Esto me hace pensar en el trabajo tan difícil de un crítico que debe realizar una crónica simplista sobre una película como ésta. Sin duda, en los festivales de cine resulta muy difícil desentrañar todo lo que plantea un cine complejo, o valorar si sus mecanismos para llevar a cabo sus ideas son buenos o malos, sobre todo, ante los ojos de un espectador que aprende y evoluciona su mirada. Puede que haya películas de las cuales nunca se está verdaderamente preparado para enfrentarse a toda su verdad. Por ello la idea de realizar una conversación sobre esta película me parece de lo más interesante, no deberíamos sentar cátedra sino explorar ideas o sensaciones que nos produce El árbol de la vida. Incluso este intercambio puede servir para alguien, que a partir de ideas comentadas, pueda utilizar esta información para un texto más ambicioso. O llegar nosotros mismos a un entendimiento más elevado de la propia obra. Entender que lleva a Malick a vincular el primer acto de misericordia (O de gracia) con una familia norteamericana en los años 50.

+ Te recomiendo este texto fantástico de Visual 404 que habla de Knight of Cups y la vinculación de Malick con los recuerdos 

NACHO VÁZQUEZ


Nacho, tu pregunta inicial me parece de lo más acertada puesto que personalmente considero que es imposible analizar El árbol de la vidaen términos críticos. El que para mí es a día de hoy el mejor filme de Malick destaca precisamente por constituir uno de los ejemplos más claros de cine de sensaciones o, en otras palabras, el uso que el realizador hace del medio cinematográfico para construir significado a partir de las impresiones físicas del espectador. El absoluto del que hablas depende enteramente de nosotros y por eso me gustaría considerarlo más como un poder extrafílmico que fílmico. Dicho poder no está en la cámara, ni en la fotografía, ni en la interpretación de los actores. Está en la respuesta de la audiencia. Malick construye su Dios y lo traslada a la pantalla a través de dichos elementos pero este solo adquiere pleno sentido cuando se pone en nuestras manos. ¿Crees, Nacho, que el hecho de que no mostraras interés por ese absoluto hasta un cuarto visionado tiene que ver con esta idea? ¿Que el Dios de Malick depende no tanto de lo que se mira sino de cómo se mira? Está claro que el poder visual de El árbol de la vida es incontestable, pero éste no constituye la base de esa fuerza espiritual presente en la totalidad del metraje. La base está en nosotros.

Chastain in light

Por otro lado, dado este Dios misericordioso que, como dices, tiene a bien contestar a las elucubraciones existencialistas del personaje de Jessica Chastain, ¿consideras que la película produce un comentario justificativo y quizás conservador acerca de la aceptación de la idea de Dios? Es decir, Dios existe y puede separar a un hijo de su madre si ello le place. Y sin embargo, el ser humano debe continuar adorándolo puesto que todo ello forma parte de la belleza del universo, del plan divino. Me interesa la noción de perdón a Dios en el filme, su sublimación y la compasión presente en todos y cada uno de los personajes con respecto a su fuerza.

MIGUEL ALCALDE


No concibo que El árbol de la vida presente el concepto “la base está en nosotros” como algo propio del cine de sensaciones o como material extrafílmico, lo entiendo como algo propio del cine. El arte se basa en la comunicación, no puedo entender un cine que no comprende que el mensaje debe terminar en el espectador y, el mismo, debe razonarlo. Sea un blockbuster de Marvel como un video-arte del MOMA, la diferencia es el cómo. Puede ser que nos hayamos acostumbrado demasiado a ese cine que se limita a responder y no a preguntar, que busca esa respuesta fácil y accesible ante sus premisas complejas.

Tampoco concibo que la idea del absoluto este plenamente en el espectador, está tanto en él como en el propio Malick. Su Dios llega al espectador, pero no lo crea, lo perfila. Su creación de Dios no es solamente misericordiosa, también es castigadora, infantil, jovial, sentimental, divina, terrenal… Malick nos ofrece una versión tan amplia de Dios como la que permite su concepción cristiana (Incluso la concepción de su no-existencia), es por ello que el propio público puede quedarse con ese Dios que envía moscas a las heridas que debería sanar, el que ofrece destellos de felicidad mediante los recuerdos manchados por el trauma, el que castiga la maldad, el que se ríe de la existencia humana comparándola con la gran historia del universo… El absoluto de Dios se vuelve un fragmento de nuestra existencia terrenal, ese planteamiento me hace pensar como hubiera disfrutado Søren Kierkegaard de El árbol de la vida. Su pensamiento se basaba en una eterna contradicción: El disfrute del saber y del conocimiento (Individual) frente al camino cristiano que te llevaba a la divinización (Absoluto). Pero el saber debía ser abandonado, para así abrazar la fe ciega en el recorrido hacia Dios. Que funciona paralelamente a la idea primigenia de la propia película, la Naturaleza y la Gracia.

En primeros visionados, simplificaba la relación entre los padres de Jack, él era Naturaleza y ella la Gracia. Sin embargo, en este último visionado me sorprende ver como cada uno de ellos sigue los dos caminos a la vez, simplificaba el comportamiento humano y no aceptaba la complejidad de sus contradicciones. El padre sigue la Gracia cuando se esfuerza, para que sus hijos trasciendan a partir de lo religioso y sigan el camino de la Naturaleza cuando les reitera que el mundo es peligroso. Al igual que su madre es la Gracia cuando les presenta a Dios y la armonía del mundo a la vez que es Naturaleza cuando comprende, en una escena muy interesante, como la dureza del padre puede ser más efectiva que su dulzura a la hora de educar a sus hijos. Por eso no considero que la película tenga una visión conservadora, veo que entiende tanto la complejidad del hombre como la de Dios.

También conecta conmigo esa necesidad de comprender la complejidad del mundo, de la historia y de nuestras propias convicciones en El árbol de la vida. ¿Qué conecta contigo, Miguel? Conecta conmigo esa necesidad de Malick de mostrar la vida cotidiana desde la épica, Lubezki y Malick rodaron el día a día de una familia como si se tratara de un hecho resonante en la historia, rueda de la misma manera la creación del universo que el nacimiento de tres hijos, la misma importancia fílmica. Esa idea que solo puede ser trasladada a una versión elevada de un Dios fílmico (El autor) que permite a Jack una catarsis con su pasado, encontrando la belleza en él y abandonando las malas experiencias. Incluso destruyendo la razón para abrazar esa fe pura y ciega, como la que hablaba Kierkegaard, en ese apoteósico final. Y esa idea del tiempo fílmico que tiene Malick, y que recuperará en posteriores películas, me interesa en su idea del montaje emocional, creo que pocos como él pueden manejar el tiempo con esa versatilidad. Me preguntaba, ¿qué piensas de esta visión, de su planteamiento del tiempo? ¿Es el cine de Malick un gran recuerdo de una vida pasada que ya no se puede recuperar, más allá que en el celuloide?

NACHO VÁZQUEZ


Me interesa que mostremos cierta polaridad de opiniones con respecto a la idea de Dios en Malick. Sin embargo, y pese a nuestra discrepancia, creo que en las ideas anteriores hemos llegado a un punto en común: que el espectador no es un mero contemplador pasivo del Dios construido (o perfilado) por Malick, sino que, por el contrario, interacciona constantemente con él, responde ante su poder, bien abrazándolo o bien rechazándolo. A eso es a lo que me refiero con cine de sensaciones: una respuesta activa y consciente ante lo que se presenta en pantalla. Dicho esto, tu alusión a la filosofía de Kierkegaard resulta de lo más oportuna y me recuerda a un diálogo de la obra maestra de Ingmar Bergman, El Séptimo Sello, en el que Brock se confiesa ante la Muerte pronunciando las palabras “Quiero saber. No creer. Ni suponer. Saber”. Encuentro apropiado recuperar esta idea en nuestro análisis de El árbol de la vida, puesto que nuestros personajes se encuentran en la misma encrucijada. Sin embargo, ante la duda, Malick plantea una respuesta clara en ese “apoteósico final” al que te refieres, donde cualquier predilección por el conocimiento queda aplastada por el poder incontestable de la fe. De hecho, parece que la película reconoce la creencia como la fuente definitiva de conocimiento: es la fe del personaje de Chastain mientras camina por ese bosque al comienzo del filme aquello que desencadena la ya famosa secuencia en la que se representa el origen del universo. Dios otorga saber a aquellos que creen. ¿Crees Nacho que El árbol de la vida plantea la fe como única forma de alcanzar una sabiduría absoluta (presente en esa secuencia “explicativa” acerca del comienzo de Todo)?

tree-of-life-

Por otro lado, y desde un punto de vista más personal, la vehemente exploración de los aspectos más cotidianos de la vida –aquellos a los que apenas prestamos atención, tan acostumbrados como estamos a presenciarlos– es utilizada por Malick como respuesta a nuestras inquietudes existencialistas, al porqué de las cosas, al sentido de la vida… a la existencia de Dios. La música por ejemplo: ¿en qué mente cabe contemplar una vida sin sentido cuando existe la música? La escena en la que Brad Pitt y su hijo improvisan un dueto a piano y guitarra en el portal de su casa se instaló en mi cabeza desde la primera vez que vi el filme como una de las más conmovedoras de la historia del cine. No hay palabras, solo una mirada, una sonrisa y las notas compartidas entre un padre y un hijo. En escenas como esa reside el milagro de El árbol de la vida: su capacidad para suscitar algo que trasciende cualquier barrera física. Algo que está más allá de todos nosotros. Y aquí es donde te voy a pedir que te pongas un poco sentimentaloide, Nacho: ¿qué escena en particular de la película destacarías por causarte sensaciones parecidas (si es que las causa)?

Por último, no coincido en que la maestría de Malick sobre la temporalidad implique una sublimación del pasado. Es cierto que la película presenta una visión ciertamente nostálgica de la infancia (como expresión de felicidad), pero precisamente veo un empeño del director por hacer de ésta algo todavía posible y ciertamente presente en el futuro de Jack. Algo incapaz de abandonarle y potencialmente recuperable (a través de la fe). Creo fervientemente que la escena final, en la que pasado y presente se unen en esa culminación a la que ya hemos hecho alusión (donde niños, padres y adultos se vuelven a encontrar), así lo demuestra.

MIGUEL ALCALDE


Sería interesante una conversación sobre Dios entre Malick y Bergman, o pensar en él viendo El árbol de la vida. No veo a Bergman aceptando la nostalgia hacia el pasado, pero quizás, habría algo que conectaría con él; la comprensión de que la muerte es un trámite a ese reencuentro con los seres queridos. Ese silencio de Dios del cual hablaba en su famosa trilogía, desaparece para aferrarse a la Fe*. Comentabas de cómo la película hablaba de abrazar la Fe como fuente definitiva de conocimiento, y lo afirmaría sin lugar a dudas, esa idea uniría al último Bergman con Malick. Sin embargo, cuando hablaba de esa sublimación del pasado, no me refiero a un tiempo mejor, si no a un tiempo vivido. Que los personajes de Malick se pasean por sus recuerdos desde una perspectiva a la que solamente podrían acercarse desde lo místico o desde la mismísima muerte. Esa visión astral de la toma de decisiones cotidianas, solamente puede ser concebida desde la tercera persona, no desde la primera. El alma viaja por el celuloide para comprender su propia vida.

En mí, El árbol de la vida se vuelve un viaje muy introspectivo a mis propias convicciones, a partir de las sensaciones que subyacen en el material fílmico. Hay muchos momentos que me emocionan en ella, algunos mencionados previamente, pero uno que me remueve es un breve intercambio entre el personaje interpretado por Brad Pitt y Jack:

–  ¿Quieres a tu padre?

  • Sí, señor.

Para mí es un momento muy especial, porque es un hecho marcado de dolor para los dos personajes y uno que explica perfectamente la dinámica entre ellos. El padre jamás recibirá un amor recíproco de su hijo, sino uno obligado basado en la figura patriarcal. Sus inseguridades y su necesidad de afecto (vinculado al poder) no le permitirán tener lo que en cierto sentido quiere, y es el amor real de sus hijos. Mientras que Jack, hasta su final, no comprenderá los sentimientos de su padre, solo pudiéndose quedar con el monstruo que fue ante su mirada infantil. En lo cotidiano está la verdad de El árbol de la vida. Y eso vincula también nuestras ideas, nuestra visión de la obra es distinta a pesar de encontrarnos en una posición de admiración, pero los dos entendemos esa idea, y es que el film está absolutamente lleno de verdad.

+ Bergman en sus últimos años hablando sobre la muerte.

NACHO VÁZQUEZ


Pero, ¿no es toda sublimación del pasado una exaltación de un tiempo mejor? Sin embargo, coincido contigo en la importancia del recuerdo en el cine de Malick, y me parece muy interesante tu teoría acerca de la exploración de la memoria desde esa perspectiva mística (casi extracorporal), donde no son tanto los personajes como sujetos que realizan esa aproximación, sino que es “su alma la que viaja por el celuloide para comprender la vida”. Creo que esta idea no hace sino potenciar el hecho de que Malick defiende en sus películas una vida absolutamente apoyada en la Gracia, en la que el individuo pierde importancia frente a lo espiritual, a lo contemplativo. Según tu teoría, el recuerdo solo puede entenderse desde la tercera persona o la muerte, es decir, cuando el individuo deja de ser individuo. Y es así cómo el sujeto queda relegado a un segundo plano ante la preponderancia de lo místico. Todo esto daría para varios artículos (“la memoria en el cine de Malick”), pero por lo pronto quedémonos con lo simple, con la idea general que podemos extraer de esta conversación: El árbol de la vida es un filme que, independientemente de las creencias de cada uno, insufla verdad en el espectador. Ya sea en la representación de lo cotidiano como en lo excepcional, en lo extraordinario. Hay tanta verdad en esa conversación entre Brad Pitt y su hijo como en el plano de un dinosaurio posando su pata sobre la cabeza de otro más pequeño. De hecho, la capacidad de Malick para capturar la verdad de las cosas a través del medio cinematográfico remite a los postulados realistas de Kracauer, que entendía el cine como una especie de filtro que revela más aspectos del mundo real que aquellos que el ojo humano puede ver: aspectos que van más allá de la comprensión humana. Así, la idea de que solo el cine es capaz de aprehender la cualidad mística del “viento balanceando las hojas de los árboles” se aplica literalmente ala película: al entender el cine como revelador de verdad, Malick está igualando celuloide y deidad. Los pone al mismo nivel. Y es precisamente aquí donde reside la tremenda belleza de El árbol de la vida: en su visión del cine como algo que nos sobrepasa, algo tan importante como la vida misma.

MIGUEL ALCALDE

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