Desde el Zinemaldia | Volumen VII

Séptimo día de Festival de San Sebastían donde la mayoría de las películas tratan hechos reales. Freeheld aborda su drama homosexual desde la estética, tanto en forma como en fondo, telefilmesca. Les Chevaliers Blancs toma mucha distancia para dar ambigüedad a su retrato. Son of Saul plantea preguntas serias sobre la forma en la que lo visual habla de la perspectiva de la obra, sobre todo cuando retratas el holocausto. Psiconautas trata el conflicto de Galicia en los ochenta desde una perspectiva única. Por último, El Clan abraza a Scorsese para hablar de uno de los casos más sonados en Argentina. Cinco historias basadas en historias reales y varias formas de tratarlas.

Melodrama con estrellas

(Freeheld, P.Sollett – S.O.)

Cuando en plenos créditos, Freeheld decide subrayar la realidad de su mensaje con fotografías de la pareja retratada, marcando momentos que son representados con verosimilitud en pantalla, me pregunto sobre los límites del “basado en hechos reales”. ¿Es ilícito retratar un drama como éste aplanando la personalidad de personas reales para hacerlos arquetipos planos? ¿Qué legitimidad tiene una película con un mensaje tan positivo pero que lo retuerce para forzar el absoluto drama llegando a prostituirlo? Con una planificación de plano sacada de A Deadly Adoption, unas actuaciones pobres de Ellen Page y Julianne Moore (¿Era posible sacar una mala interpretación de Moore? Parece ser que sí) y un constante machaque del mensaje. Freeheld no acierta en su cómo para explorar las implicaciones de su historia real, pero sí en sus ideas. Aunque sea una película sobre LGTB que le asusta la palabra feminismo y utiliza igualdad, el target y el cómo podrían coincidir. No es una película que revolucionara las mentes de jóvenes, pero si podría cambiar la mentalidad de una persona de tercera edad que vea su retransmisión una tarde de domingo en Antena 3 o Telecinco.

Sin elegir bandos

(Les chevaliers blancs, J.Lafosse – S.O.)

Joachim Lafosse retrata con absoluta veracidad y respeto una historia real sobre la lucha de una ONG por sacar de Chad a trescientos niños huérfanos. Probablemente por ese mismo respeto y ambigüedad la película termina por perder su poder para acabar volviéndose un documental. Lafosse propone en ciertos momentos un gris bastante interesante, alejándonos de buenos y malos en esta lucha social. No hay paternalismo ni buenismos en el tratamiento. Pero el alejamiento y la distancia que elige, potenciado por la fotografía, destruyen ciertos conflictos morales que podrían haberse explorado. El director abraza la ambigüedad pensando que no es posible la misma con cierto análisis de personajes, siendo el arco de los mismos bastante pobre y con una evolución demasiado brusca. Les Chevaliers Blancs decide pararse demasiado tiempo hablando de la logística detrás de la adopción pero se aleja de lo verdaderamente importante, las repercusiones que tienen sus decisiones en el país, en todos los personajes y en Francia. Sobre todo teniendo en cuenta que los niños son utilizados como iconografías u objetos narrativos, jamás son explorados como protagonistas que son de una historia que también es suya. Es normal que el ritmo parezca lento a pesar de tratar temas potentes, es porque las ideas no avanzan y se quedan paralizadas en la misma nota. Perdiéndose multitud de puntos de vistas atrayentes, teniendo en cuenta que los conflictos morales realmente duros podrían haber empezar donde acaba la película, pero eso sería meter el film en una situación difícil y Lafosse decide mantenerse en un terreno confortable. Quedándonos en una idea a medio cocer que no está dispuesta a llevar su premisa al máximo nivel.

La moralidad de la imagen

(El hijo de Saúl, L.Nemes – Perlas)

László Nemes con Son of Saul ha creado uno de los experimentos visuales más interesantes del cine contemporáneo. Autor utiliza todos los elementos del arte audiovisual para llevar al siguiente nivel el cine. Ayudante de dirección de Béla Tarr en el pasado, podemos notar cierta influencia en el film para realizar lo contrario que haría el director de El caballo de Turín. Nemes propone encuadrar al espectador en un formato 4:3, con planos secuencias donde la mayoría de la imagen es adueñada por el protagonista que cubre el escenario y envuelve la película en una intensidad asfixiante. El acierto más grande del director es la decisión de abandonar un tono intelectual para agarrar al espectador por las tripas, siendo un cine absolutamente emocional, porque Son of Saul expone una sensación de una manera impecable. Siendo destacable su última parte como una muestra impresionante de habilidades cinematográficas y una de las set-pieces más emocionantes del año. El problema reside en eso, en aferrarse únicamente a un sentimiento y no evolucionar.

Es difícil representar de manera tan pura una emoción como lo hace Son of Saul, pero hacerlo crea una monotonía absoluta en los temas planteados. Desde que conocemos el núcleo de la historia, Nemes únicamente gira alrededor de él para interpretar las implicaciones de la locura del holocausto, perdón, la demencia del protagonista. Al final, este famoso genocidio se utiliza como pretexto para tratar a un personaje, tanto en su argumento como en su apartado visual. Porque en la imagen esta la propia moralidad de la película, y si creemos que el cine es un arte audiovisual deberíamos debatir las implicaciones del mismo, por ello, creo que hay un debate que se debe tener en Son of Saul. ¿Qué implica en la película enfocar a la espalda del protagonista durante la mayoría del metraje? ¿Qué representa inundar la pantalla con su enfocada espalda? ¿Qué se encuentra en el desenfocado? Y la respuesta a la última pregunta, sería el Holocausto.

Es moralmente cuestionable utilizar de pretexto una tragedia real para hablar de la obsesión por la supervivencia de una persona. Pero si aceptáramos su moralidad, seguiríamos teniendo problemas respecto a su apartado visual, y es que centrarse durante parte del largometraje en su espalda (El elemento menos expresivo del cuerpo humano) obviando así el escenario produce cierto choque entre lo que sentimos y lo que siente el personaje. Porque el protagonista es lo que ve en esas circunstancias, y si nosotros no podemos ver lo que sucede a su alrededor se rompe el vínculo entre espectador y personaje. Sin embargo ata al público por medio de la sensación que presenta, es por ello, que Son of Saul es una de las películas más interesantes del año y presentará grandes debates sobre lo visual en el cine.

Belleza oscura

(Psiconautas: los niños olvidados, A.Vázquez y P.Rivero – Zabaltegi)

En un marco cinematográfico donde la animación española está repleta de sub-productos infantiles que nacen ya envejecidos, Psiconautas se alza como una especie de oscuro mesías que esperemos abra la veda de la animación patria y muestre la capacidad de hacer obras originales e insólitas. Olvidando ejemplos torpes como Tadeo Jones, Alberto Vázquez y Pedro Rivero muestran una animación fluida, bella y, a la vez, oscura. Fotogramas dignos de ser enmarcados por su acabado pictórico gracias a su composición y gama cromática. Gama que es utilizada narrativamente para mostrar el trascurrir del día y las emociones de los personajes, potenciando los límites de la animación convencional. Siendo un absoluto salto de calidad desde Birdboy, tanto en estética como en profundidad.

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Alberto Vázquez a partir de su propia obra, y con Pedro Rivero, ha sabido crear un ejemplo claro de lo que debe ser una adaptación, adaptar el lenguaje del cómic al cinematográfico y saber añadir elementos que profundicen en los temas principales de la obra previa. Psiconautas, la película, utiliza a Psiconautas, el cómic, para elevarlo a todos los niveles. Porque el film habla de una catástrofe industrial que asola a una isla y a sus habitantes, destruyendo el presente de toda una generación. Drogas, religión y crisis generacional se unen para formar uno de los coming-of-age más interesantes de los últimos años. Porque la sociedad española es analizada desde una perspectiva singular, la de unos pequeños animales que desean huir de una sociedad podrida. Pero a pesar de la oscuridad retratada, cabe la esperanza, porque Psiconautas es absolutamente humanista en su resolución y en sus temas. Jamás se estanca en la crítica hueca, aporta luz. Cómo también lo hace a un panorama tan desolador como el de la animación española.

Intentando ser Scorsesse

(El clan, P.Trapero – Perlas)

Es conveniente hablar del contexto histórico de la obra de Trapero en el marco del argumento por la importante correlación que representan. Adaptando la historia del Clan Puccio, podemos observar a una Argentina recién salida de una dictadura que destruyo al país, y a pesar de entrar en un sistema democrático, precisamente Arquímedes, patriarca del Clan, muestra como los esqueletos de la dictadura seguían existiendo y como el propio Arquímedes se hizo dictador de su propia familia. El Clan emula de una manera casi religiosa el cine de Scorsese. Puede ser el tono adecuado para una película como esta, pero él no llevarlo al máximo nivel hace perder muchos puntos a una premisa tan suculenta. Al tratar la historia desde una perspectiva casi documental, no ahondamos en la perspectiva de los personajes, sino una alejada. Lo que no comprendió Pablo Trapero adaptando el cine de Scorsese es que su cine planteaba en pantalla la perspectiva del protagonista, y este se veía como lo que nosotros vemos, en El Clan esta utilizado porque queda divertido. Además de tener un clásico final con un texto, en un medio audiovisual, explicando lo que les ocurre a los personajes. Algo que bien hecho, podría haber sido un auténtico broche a una película que casi fue.


Enviado especial a San Sebastián

NACHO VÁZQUEZ LUNA

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