Desde el Zinemaldia | Volumen III

Tercer día del festival que empezamos con el retorno de Rúnar Rúnarsson, Sparrows. También pudimos encontrar a Kaufman recordándonos lo mucho que echábamos de menos su voz cinematográfica con Anomalisa, la vuelta de Patricio Guzman en El botón de Nácar o la mejor opera prima de este pasado Cannes, La Tierra y la sombra. Por último pero no menos importante, la vuelta de Koreeda con Our Little Sister.

Nada nuevo

(Sparrows, R.Rúnarsson – S.O. a competición)

Adaptando su cortometraje Two Birds, el islandés Rúnar Rúnarsson plantea un coming-of-age bastante clásico en su forma y fondo. No podría señalar un elemento que haga destacar a la película, es en su mayoría un film que probablemente hayas visto en otro idioma y con otro protagonista. A pesar de tener un núcleo dramático marcado desde el principio (el conflicto con su padre) este pasa a ser secundario y las subtramas se vuelven tramas principales, perdiendo el verdadero foco de la historia. Rúnarssson no termina de comprender qué narra con su historia dejando temas sin resolución y otros sin terminar de desarrollarse. A pesar de ello no deja de tener imágenes o escenas interesantes, destacando la última por encima de todas. Para bien o para mal, esa escena representa un salto de madurez para el personaje principal y un nivel de caracterización que no encontramos en ninguna parte de la película, es un final memorable. Sin embargo, esa escena la encontramos en el corto que adapta, lo demás no deja de ser paja para rellenar un gran momento que funciona por si solo sin necesidad de tantas tramas sin desarrollar.

Ser único

(Anomalisa, C. Kaufman y D.Johnson – Perlas)

Anomalisa es una película sobre el ego y sobre el yo. Nos encontramos a un Kaufman menor y más accesible, siendo una gran introducción a su cine donde nos muestra elementos para la comprensión del mismo. Forzándonos la perspectiva del personaje más absorbido en sí mismo que ha dado el cine de Kaufman. Un escritor reconocido por sus libros de autoayuda, ese tipo de textos que generan maquinas, o marionetas, al gusto del empresario. Curiosamente, el punto de vista del protagonista genera un mundo lleno de muñecos vacíos con la misma voz. Su propia creación es la que perpetúa su infelicidad, y probablemente, esa sea una de las mejores características del mundo y del personaje que mejor definen la película. Anomalisa es un golpe en el estómago, un breve pero intenso cuento de una crisis existencial de una persona que no puede dejar de pensar en él. Un artista que al encontrarse a una mujer única en un mundo regido por un mismo ser, debe hacer su encuentro con ella algo absolutamente suyo. A pesar de vivir en una perspectiva donde todo el mundo le idolatra, el necesita más, el yo no deja de crecer.

Kaufman además de sobre el narcisismo y de estar atrapado en tu propia perspectiva, habla del amor. Un amor trágico y demoledor, anclado en los arquetipos románticos que busca una compañera de vida que te genere el sentimiento de pasión de forma única y eterna. No pudiendo comprender la perdurabilidad del mismo y la posibilidad de aprovechar esos momentos mágicos y, verdaderamente, únicos. El director-guionista no menciona ningún tema que no estuviese anteriormente en su filmografía, sin embargo, cada entrega perfila y extiende su discurso. A pesar de encontrarnos con un Kaufman menor – Synecdoche, New York sigue siendo su obra maestra – podemos observar verdad detrás de un discurso autoconsciente sobre sí mismo. Aunque se puede echar en falta un Kaufman más desatado, demostrándonos como el film podría haber subido a un nivel más elevado cogiendo una de las mejores secuencias de la película, y en vez de continuar a partir de las implicaciones que representa, dejarla como un sueño y continuar la historia como si nada. A pesar de ello, Anomalisa no deja de ser una de las grandes películas de este año, y un placer volver a escuchar una voz tan especial como la de Charlie Kaufman.

Sobre el agua

(El botón de Nácar, P.Guzmán – Horizontes Latinos)

Con Nostalgia de la Luz, Patricio Guzmán se descubrió como uno de los documentalistas más importantes del cine chileno. Es interesante como su nuevo documental utiliza la misma estructura para hablar de un tema distinto pero hilado a las ideas provenientes de su anterior film. Eso permite repetir aciertos, Guzmán demuestra tener una sensibilidad increíble para hablar de Chile y su pasado, uniendo conceptos del agua y cómo une pasado, presente y futuro de una sociedad, dando tiempo a una crítica feroz al colonialismo, intentando abrir los ojos a un pueblo que parece haber perdido su identidad cultural e histórica. Pero ese símil con Nostalgia de la Luz produce exactamente los mismos fallos que los de la mencionada; un primer acto falto de foco y centrando en una forma preciosista que solo cobra sentido en los siguientes actos donde se permite hablar del verdadero núcleo del mensaje. Una narración que polariza de forma extrema, expulsándote del film o anclándote a él. Sin embargo, la belleza de la imagen y la potencia de la narrativa hacen de El botón de Nácar un documental necesario sobre Chile y una gran extensión de Nostalgia de la Luz.

La fragilidad de la memoria

(La tierra y la sombra, C.Augusto Acevedo – Horizontes Latinos)

La presente Cámara de Oro (que se otorga a la mejor opera prima de Cannes) plasma la sensación del autor cuando toda su familia moría a su alrededor, quedándose absolutamente solo y perdiendo así los recuerdos y la memoria de aquellos momentos de su infancia. La Tierra y la Sombra presenta un micro cosmos familiar sobre relaciones rotas en vísperas de la muerte de uno de ellos, una reunión emocional que une temas como la diferencia de clase o la pérdida de las memorias. Creando una sensación de que la propia familia ya no se reconocen, como si aquellas personas que amaban se hubieran perdido para siempre, tanto emocionalmente como metafóricamente. Todo ello rodado con un virtuosismo y un pulso que cuesta creer que sea su primer film. Sin embargo, falla en dar profundidad a los temas que trata, a pesar de adquirir cierto lenguaje visual e ideas que transmitir, no termina de evolucionar las tramas y los temas.

El pasado

(Nuestra hermana pequeña, H.Koreeda – Perlas)

Es inaudito como Koreeda consigue realizar una estupenda obra de dos horas de duración donde no existe conflicto alguno. Cuando comienza la película, podemos pensar que sería un drama-cómico sobre cuatro hermanas conviviendo en una casa y las complicaciones que surgen en ella. Pero realmente, cada conflicto que surge es solucionado inmediatamente. Porque en ningún momento quiere Koreeda que Our Little Sister sea forzadamente dramática, solamente quiere hacer sentir al espectador parte de la cotidianidad de unos entrañables personajes. En sus primeros minutos, la película revela absolutamente todas sus cartas, no quiere esconder material más allá del necesario. Porque su principal baza es la felicidad y el positivismo que derrochan los personajes. Estos, a pesar de la estructura basada en el no conflicto, son desarrollados y demuestran ser complejos e interesantes. Pudiendo comprender la personalidad de cada personaje por medio de las acciones y las relaciones con las demás hermanas, pero sobre todo, con la forma en la que luchan contra su pasado. Ya que son personajes, subrayando la hermana mayor, afectadas por un tiempo anterior que fuerzan por sobrellevar, porque no hay lucha más bella en el cine de Koreeda que el de la búsqueda de la felicidad. Our Little Sister es otra muestra de humanismo de uno de los grandes cineastas japoneses contemporáneos.


Enviado a San Sebastián

NACHO VÁZQUEZ LUNA

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