Desde el Zinemaldia (63) | Volumen I

Abre oficialmente esta edición 63 del Zinemaldia con Regresión, la vuelta de Amenábar tanto al cine como a sus orígenes cinematográficos. Nosotros continuamos la jornada con la divertida y fresca Pikadero, la críptica The Assassin y la furiosa y crítica El Club para terminar con In The Room.

LA OBSESIÓN Y EL ENGAÑO

(Regresión, A. Amenábar – S.O. Fuera de concurso)

El cine de Amenábar siente un sorprendente desprecio al cine de género de terror. Él siente interés por ese tipo de películas, pero realmente no termina de entenderlas, simplemente le parecen interesantes. Eso causó Tesis, una película sobre las snuff movies que se centra en una conspiración y utiliza una obsesión por el morbo como pretexto para filmar un thriller al uso. O Los Otros, un film de fantasmas que se avergüenza de tener espectros. Pero si algo tiene en común todo el cine de Amenábar, es el engaño y la obsesión. Desde su primera película, ha tenido la misma estructura de mentiras para abofetear al espectador, contar el final en los primeros veinte minutos para luego acumular muchos engaños y crear la sensación de suspense. Por eso, Regresión es puro Amenabar. No nos engañemos, es el mismo director que Abre los ojos, solamente que sin Mateo Gil su guión se ha vuelto un gran bloque con todas las inquietudes e imperfecciones del director y su “americanización” le ha quitado la poca personalidad que tenía su planificación de planos.

A pesar de ser vendida como una película de terror e intriga, no es ni la una ni la otra, probablemente porque no maneja ningún tono. No termina de comprender como debería funcionar una escena de miedo, así que le añade muchos sonidos estridentes y la ilumina a clave baja. No entiende como debe ser una escena dramática, así que hace que griten y lloren mucho. Y de nuevo, utiliza un tema interesante como el satanismo como pretexto para hablar de su obsesión por la obsesión. Lleva toda su filmografía monopolizada con ese discurso sin añadir nada nuevo, solo suma pretextos que no explora y temas que utiliza como iconografía vacía. Esperemos que Amenábar para su siguiente película evolucione como autor y deje de tratar la obsesión para terminar de entender la suya propia.

EL AMOR EN TIEMPOS DE CRISIS

(Pikadero, B.Sharrock – Nuev@s Director@s)

Con un toque de humor Wesandersiano unido a un alma puramente vasca, Pikadero revela una nueva voz en el cine español. En vez de tratar un tema duro como es la situación laboral actual de los adultos de treinta y tantos que siguen viviendo con sus padres de forma dramática, Ben Sharrock decide darle una vuelta fresca y cómica. Utiliza situaciones simples (La búsqueda de una pareja joven por encontrar un sitio íntimo donde “consumar” su amor) para hablar del duro presente y el nulo futuro de la nuevas generaciones. Con tanto cariño por los personajes como cinismo por analizar el presente, a la vez que los protagonistas luchan por tener intimidad en el fondo de las escenas vemos otros personajes, como una vagabunda buscando en los cubos de la basura, lo que otorga más profundidad al mundo que plantea y no centrándose en una visión sesgada de una perspectiva. Además, esta Pikadero es virtuosamente graciosa.

El lenguaje del combate

(Nie Yinniang/The Assassin, H. Hsiao Hsien – Perlas)

Es complicado hablar de una película que te obliga a visionarla más de una vez para entenderla en su totalidad, pero ya en un primer visionado podemos ver una gran obra criptica que exige mucho al espectador. Hou Hsiao-Hsien trata el género de las artes marciales orientales creando un símil narrativo entre la expresión corporal de los personajes con sus propias emociones. Las pocas verbalizaciones que encontramos en la película son para entender el argumento básico y las relaciones entre los protagonistas en un principio. Sin embargo, nos encontramos ante un caso muy interesante sobre protagonistas que son incapaces de expresar sus sentimientos más allá que luchando. Siendo su estilo de arte marcial una extensión de sus personalidades y el principal lenguaje con el que se comunican. Además es un film que crea distancias entre el espectador, el paisaje y la acción. Ese alejamiento forzado que busca el director crea unas sensaciones cercanas al vouyerismo cuando observamos a los personajes en sus situaciones más íntimas, incluso creando un símil con la perspectiva lógica de la protagonista. Eso nos lleva a hablar de su bella fotografía.

Sin embargo no solamente funciona en un nivel formal, creando algunas de las imágenes más preciosistas del cine actual oriental. Nos presenta a un manejo milimétrico y rítmico de los focos, de los escorzos y de los objetos que manchan la imagen pero crean una textura única,y demostrando la maestría compositiva al manejar las imágenes como un director de orquesta, señalando la complicación que puede llegar a ser componer en un formato como es el 4:3. Y el director prueba una narrativa absolutamente abstracta, donde el metraje avanza por sensaciones o recuerdos más allá que por líneas temporales clásicas. A pesar de no haber entendido por completo sus discursos, puedo ver en ella un cine lleno de ideas, y sobre todo, de emociones. Una película llena de vida en la que quién este dispuesto a sobrellevar su dureza puede encontrar la magia que destila.

La Iglesia casposa contra la Iglesia moderna

(El club, P. Larraín – Horizontes Latinos)

Probablemente lo más destacable de la nueva película de Pablo Larraín es su mano firme con el tratamiento de los personajes. Cuando se tiene unos protagonistas tan despreciables como unos curas que han causado tanto mal, es fácil caer en el morbo fácil y tildarlos de villanos. Pero probablemente lo más increíble es el carácter humano que les da Larraín, lo que produce, más si cabe, que los representantes de Dios resulten más oscuros y terroríficos, porque parecen reales. Y es interesante como la película abre con una lucha generacional entre la nueva iglesia y la antigua, dejando de lado a Dios para poder gritar “Yo soy la Iglesia” y mostrar la mayor superioridad moral. Pero más allá de críticas únicamente a los esqueletos de la antigua iglesia (que es el principal foco), la nueva también es juzgada por permitir que se perpetúe un sistema corrupto y mantener a las frutas podridas de la Iglesia. Además de añadir lo que implica esa corrupción en las víctimas directas, y como el pasado no olvida, o como la redención no puede llegar cuando no admites tus propios pecados. El tono de la película ayuda, dejando que el humor negro inunde el metraje para hacer más accesible pasar una hora y media con seres tan despreciables.

Encuentros íntimos excéntricos

(In the room, E.Khoo – Zabaltegi)

Es increíble como una película con mujeres lanzando pelotas de ping pong por la vagina, androides sexuales y fantasmas que producen orgasmos puede estar tan desaprovechada. A pesar de tener una premisa muy interesante (la de plantear sucesos a lo largo del tiempo en la misma habitación), se acaba cayendo por culpa de un guión que necesitaba una revisión y de un tratamiento visual pobre. Podemos entrever una historia sobre personajes con un vacío que intentan llenar, de una forma u otra, en una sala de hotel pero la falta de coherencia narrativa en los relatos, que podían haber sido hiladas por un estilo visual marcado por las etapas de la historia, se terminan por no aprovechar las situaciones para marcar un estilo narrativo rico.


Redactor en San Sebastián

NACHO VÁZQUEZ LUNA

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