Fernando León de Aranoa: “El humor es el escudo más poderoso”

Uno de los grandes nombres del cine español contemporáneo, Fernando León de Aranoa, estrena su nueva película Un día perfecto, retrato de la cooperación internacional en la Guerra de los Balcanes sin concesiones al tremendismo pero con un reparto internacional lleno de grandes nombres (Benicio del Toro, Tim Robbins, Mélanie Thiérry, Olga Kurylenko, Sergi López, Fedja Stukan…) y un tono sorprendentemente ágil y empapado de humor negro. El director madrileño nos hizo un hueco en su apretada agenda de promoción para hablar con nosotros sobre el absurdo de la guerra, la necesidad del humor, la situación del cine español y géneros musicales.

La historia de Un día perfecto se cuenta desde el punto de vista de unos héroes que suelen permanecer en el anonimato, los cooperantes en conflictos bélicos. ¿Quiénes serían, para ti, estos héroes en la actual situación del cine español?

Me gusta mucho esa idea de los “héroes sin capa” ahora que vemos tantos superhéroes en las películas y precisamente la idea de contar esta historia sobre estos trabajadores humanitarios iba por ahí. Trasladando la idea al cine español, no sé si son exactamente héroes pero sí que creo que la mayor parte de la gran familia que se dedica al cine en España tiene mucho de heroico: se hacen las películas con mucha dificultad, asumiendo muchos riesgos y con muy pocas cosas garantizadas. Se hacen películas incluso sin pensar que, al final, se puedan estrenar. He visto a muchos amigos y a mucha gente cercana invertirlo todo, ponerlo todo; jugarse hasta su casa, aquellos que la tienen, y a veces incluso perderla. Lo que quiero decir es que es un trabajo solo concebible desde la pasión y el compromiso con lo que haces, y siento que es así en la gran mayoría de los casos. Tiene mucho de suicida.

Un día perfecto fue la única película española presente en el último Festival de Cannes y lo cierto es que, a excepción de Locarno y – evidentemente – San Sebastián que se erigen como”bastiones” de la producción nacional, el cine español no abunda en los grandes festivales como pueden ser Berlín, Venecia o el mencionado Cannes. ¿A qué crees que se debe?

Me resulta difícil responderte. Creo que son rachas: cuando hay dos o tres buenas películas, estas generan un efecto de arrastre que hace que las que vienen detrás sean más visibles. Siempre he pensado que el éxito de una película española, ya sea en taquilla o en festivales internacionales, ayuda a que otras películas sigan ese camino y genera una especie de energía positiva para el resto de la producción.


“Trabajar en el cine español solo es concebible desde la pasión y el compromiso con lo que haces”


Entonces, pese a esto, ¿crees que el cine español está bien considerado en los grandes circuitos y en las grandes cinematografías mundiales?

Sí que diría que fuera hay mucho cariño y mucho respeto por la cinematografía española. Cuando estás en Sundance o en Cannes, la gente de la industria conoce todos los trabajos, te pregunta por tal o cual actor, busca establecer lazos para hacer coproducciones con España… Desde fuera se siente la cinematografía española como un cine muy vivo y eso es muy interesante, porque a veces contrasta y choca con la percepción que hay aquí. Y creo que eso se debe precisamente a la disparidad, al hecho de que se hagan cosas tan distintas en nuestro país. El hecho de que haya tantas miradas distintas a la realidad, de distinto tipo, es un síntoma de riqueza. Y siempre he sentido que afuera lo ven así. La última vez fue la semana pasada, cuando presentamos la película en el Festival de Sarajevo y en una conversación unas productoras suizas hablaban maravillas del cine español. Así es como se ve fuera.

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Me llamó mucho la atención el “aura rockera” que la selección musical da a Un día perfecto. Es llamativa, contundente y sorprendente, ¿cómo te decidiste por esos temas?

La selección musical llega unida al tratamiento de la historia. Mi idea era aproximarme a lo que es una guerra de la misma forma de la que siento que se aproximan los trabajadores humanitarios protagonistas, con cierto desapego, mucha fuerza, energía y un necesario sentido del humor para sobrellevar la tragedia. Siempre pensando en la acción y no tanto en la reflexión. No quería hacer una película conmiserativa, triste ni reflexiva. Mi intención era hacer una película como creo que ellos trabajan, es decir, al revés: una película enérgica, fuerte. Y parte de ese estilo está en la música, que incluso ellos a veces escuchan durante su trabajo, en sus coches. En definitiva, quería que esa energía también estuviese en la música y que se transmitiese que, los resuelvan o no, salen de los problemas no derrotados sino buscando el siguiente que deben tratar de solucionar, y eso siempre requiere una dosis de energía muy fuerte que tratamos que estuviese representada en la banda sonora incluso cuando las situaciones son más jodidas o feas y la energía es más oscura, siempre se mantiene fuerte. Quería que la música transmitiese mi idea inicial que era la de realizar una película, como decía a los actores, punk-rock con ese espíritu irreflexivo y, por momentos, gamberro porque siento que así es como trabajan ellos.


“Quería hacer una película enérgica, fuerte, con un espíritu gamberro no conmiserativa ni triste. Pensando más en la acción que en la reflexión”


El filme se basa en la novela Dejarse llover de Paula Farías, ¿cómo fue el proceso de documentación e investigación previo al rodaje?

En realidad, en este caso es interesante porque el trabajo de documentación que mencionas, que he tenido que hacer para las películas anteriores, estaba ya hecho sin querer porque desde hace muchos años, casi desde el 95 cuando estrené Familia hasta ahora, es algo que he venido haciendo de forma periódica tres o cuatro veces. He acompañado a cooperantes internacionales en las zonas donde trabajan durante esos años para filmar documentales pero también para vivir la experiencia y echar una mano, así que con la novela de Paula todas esas experiencias que se van quedando en algún sitio han terminado cristalizando. Pero más que esas situaciones y anécdotas sobre todo prevalece esa energía que mencionaba y la percepción de lo que es cruzar una guerra como la sucedida en Bosnia en el 95 que es como he querido contarla en esta película: un completo escenario del absurdo donde la primera víctima es el sentido común, la razón. Todo eso me sirvió para crear la película y cuando ya estábamos cercanos al rodaje hice que los actores se sentaran con varios de estos cooperantes en conflictos bélicos, con los que en muchos casos tengo buena amistad, para que intercambiasen dudas, ideas y pudiesen respirar esa energía. Ellos también participaron mucho en el guión e incluso algunos de ellos, gente a la que aprecio mucho pues vienen de estar seis meses en Siria y ahora vuelven allí, vinieron a la premiere.

¿Cómo recibieron ellos la película?

Precisamente me tranquilizó mucho saber que ellos estaban contentos con la película y con el retrato que se hace en ella. Me decían “Es así, es así. Es como el Far West, no hay nada bajo control. Hay que ir improvisando, resolviendo y el humor negro es fundamental”, les gustaba mucho que se retratase ese espíritu porque lo sentían muy cercano. Y les gusta que se retraten también los errores que los cooperantes cometen en la película, porque es así y ocurre de esa manera pero la cuestión acaba siendo que lo importante es intentarlo y no tanto resolverlo.


“El humor es necesario para sobrellevar y entender mejor los problemas. Al final, es el mecanismo de defensa más poderoso.”


Hablabas del humor negro y la energía de la película. Estableciendo una relación con el pozo que se convierte en protagonista no humano de Un día perfecto, ¿es el humor lo único que puede sacar a las personas del pozo en situaciones complejas ya sean conflictos bélicos como el que retratas o crisis sociales de distinta causa como la que atraviesa España?

Supongo que son muchas cosas. Referido a la película, creo que al final son mecanismos de supervivencia, escudos porque necesitas protegerte. Ayer hablaba precisamente de la necesidad de tener una memoria corta en estas circunstancias, de no permitir que se vaya acumulando el peso de todos los problemas que vas teniendo porque al final pueden contigo. Ese es el día a día de todos estos trabajadores, que van de un sitio a otro y al final, para ir colocándose, tienen que dejar todo eso a un lado y mirar siempre hacia adelante. Pensar en lo que viene y no en lo que fue. Al final son todo mecanismos de defensa entre los cuales por supuesto que está el humor, que probablemente sea el más poderoso porque está presente en las situaciones más cotidianas y nos ayuda a llevarlas y entenderlas mejor, porque el humor también es un mecanismo de comprensión que te permite poner un poco de distancia frente a los conflictos internos y externos. En el fondo creo que cuanta más tragedia hay, cuánto mas difíciles son las cosas, más necesario es el humor.

Yo muchas veces, realizando estos trabajos que te mencionaba, estaba ahí. Cuando eres un recién llegado te choca y te dices “¿es posible lo que estoy oyendo?”, porque a veces escuchas grandes barbaridades. Y lo cierto es que no solo es posible sino que también es necesario, y lo entiendes cuando lo ves en directo.

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Otro aspecto que dota a la película de gran verosimilitud es lo coral y multicultural que es el reparto que cuenta con actores franceses, rusos, estadounidenses, puertorriqueños… Además, en la película se llegan a mezclar hasta tres idiomas distintos. ¿Cómo trabajaste este elemento?

La película es una pequeña “Babel” y es que sí, en el reparto principal teníamos una rusa, una francesa, un estadounidense, un puertorriqueño y luego todo el grupo balcánico e incluso presencias españolas como Sergi López y así es como son en realidad las comunidades internacionales en las zonas de conflicto. Pasa con los soldados, los Cascos Azules sin ir más lejos que, por ejemplo, en el conflicto bosnio venían de 54 nacionalidades distintas a las que hay que sumar las de los periodistas y los trabajadores humanitarios. En realidad la película pretendía ser un retrato de esa realidad multicultural que me parecía muy interesante porque es muy particular y hace que el choque de idiomas y culturas lo haga todo todavía un poco más difícil.

También era muy importante para mí el tratamiento de los actores locales porque, lógicamente, sucede allí la historia y al menos hay un par de personajes locales muy importantes como el intérprete que interpreta Fedja Stukan. Siempre hay un trabajador local en estos grupos de cooperación humanitaria. Consideraba que ese personaje era muy importante porque al ser el local representa a toda la población a la que están intentando ayudar. Por eso quise que su voz tuviese importancia propia, como el resto de personajes, y no fuese un secundario.

Y luego en el rodaje esta mezcla de idiomas y culturas lo manejamos lo mejor que pudimos. Al final en un rodaje te acabas moviendo por la necesidad, porque no te queda otra. Pero sí es cierto que el inglés es al final el idioma común, tanto en las guerras como en los rodajes. Y en este nos entendíamos así, mayoritariamente en inglés.


“Quiero que el documental sobre Podemos sea una película muy enérgica, porque así es como ellos están haciendo las cosas”


La película está rodada en distintos lugares de España aunque esté totalmente ambientada en los Balcanes, ¿cómo fue la labor de localización?

Había dos elementos importantes. Por un lado las localizaciones, los espacios naturales tan asombrosos que encontramos y que además de ser espectaculares eran idénticos o muy parecidos a la zona de Herzegovina, el sur de Bosnia que es la zona del país más próxima al Mediterráneo por lo que nos encontramos un paisaje muy similar aquí en España, con mucha montaña alta. Junto a eso, el acabado de la película le debe también mucho al departamento de arte que hicieron un enorme trabajo ambientándolo todo de manera que nos sentíamos que estábamos en ese momento preciso, en la Guerra de los Balcanes del 95. De hecho pasó que los actores que traíamos de alli, vinieron unos catorce de distintas nacionalidades de los Balcanes, sentían escalofríos cuando llegaban a las poblaciones que habíamos recreado en España. A Fedja los espacios más duros de la película le hicieron recordar mucho algo que él vivió hace veinte años además, claro, en edad militar.

Se habla mucho del documental que estás preparando sobre Podemos, ¿también va a ser punk-rock como esta Un día perfecto?

(Ríe) Todavía creo que no estoy seguro del género musical al que se debería adscribir pero, sin pensarlo mucho, sí creo que es posible que tenga que ver con eso porque uno de los elementos que considero más interesantes en ese relato es la lucha contra el tiempo, la presión. Ese doble elemento de la construcción de un partido político que a la vez que se postula con muchísimo trabajo hace que todo sea muy intenso y muy difícil. Desde luego tengo claro que tiene que ser un documental que también tenga mucha energía, porque es como están ellos haciendo las cosas. Pero ya lo encontraré, a lo mejor termino en el pozo (ríe). Hay algo de jazz también porque hay cambio de ritmos muy fuertes, hay improvisación… Lo pensaré. Precisamente ahora estamos trabajando en la música.

Jesús Choya Zataraín

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