Editorial | ¿Por qué el verano merece un especial?

Sabemos que las estaciones suelen trascender más allá de su facultad de división temporal y climatológica, lo que convierte el hablar del verano desde un punto de vista cinematográfico-sentimental, en una tarea profundamente sugestiva. Lo es incluso más que hacerlo sobre la primavera, el otoño o el invierno, aunque en todas estas épocas encontremos algún recuerdo esencial (de esos que menciona con tanto tino ‘Del revés’).

Y si hay un factor que lo hace especialmente especial, valga la redundancia, es la nostalgia. Probablemente, ese sea el denominador común de los artículos que componen este especial de La Llave Azul. Los cuatro artículos que vais a poder leer a continuación no parten desde el enfoque casi quirúrgico por el que decidimos optar en los especiales anteriores, sino que lo hacen desde un punto mucho más emocional y sincero. El equipo de LLA que ha participado en este especial expone el enfrentamiento entre expectativas y realidad, habla del paso del tiempo, nos cuentan vivencias y recuerdos… Con la madurez siempre presente y una mirada alejada de tecnicismos, pensamientos en frío y abstracción. Aquí hablamos de verano. Y del verano como inevitable piedra angular en el proceso de crecimiento personal de cada uno de nosotros, del verano como término inherente al despertar sentimental y sexual, a la independencia, a la amistad y al cambio con todo lo que, a su vez, esos momentos significan: de la febril alegría a la frustración de aprender, entender y deber dejar atrás.

El verano es un punto de inflexión y el cine como catalizador de las emociones humanas, lo sabe. Y se aprovecha de ello. Las películas, al fin y al cabo, también tienen el componente pegajoso del caluroso verano: nos acompañan en cada etapa de nuestra vida, y acaban por asociarse, autodefinirse y verse en función de los momentos que vivimos. Y no es tarea demasiado compleja generar una asociación entre el estío y el cine, bien sea esta directa (multitud de las películas hablan directamente sobre lo aquí expuesto) o indirecta (el verano trasciende más allá de junio-julio-agosto, se erige casi como un personalísimo estado anímico que cada uno vive y afronta de distintas maneras).

En verano uno encuentra su propia identidad. Pelea por su propia libertad, por decidir los lazos que le unen hacia las personas. Todo cambia en verano, que acoge contradicciones y tantos aciertos como equívocos: el verano es la liberación del primer acto de ‘Brokeback Mountain’ y la desconexión que ofrecen las superproducciones que aterrizan año tras año durante estos meses. El verano puede ser todo, y nada. El verano, como todo aquí, también es una ilusión. Pero bendita ilusión. Disfrutad.

ESPECIAL VERANO · AGOSTO 2015


Colega, ¿dónde está mi verano?

por Luis Fernández


El aroma del verano 

por Miguel A.


De nuestro verano pasado

por Jonathan Sedeño


El día siguiente al final del verano

por Nacho Vázquez


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