El día siguiente al final del verano.

En The Myth of American Sleepover, David Robert Mitchell propone observar el último día del verano de cuatro adolescentes antes de entrar en su nuevo curso. Con un tono cercano a películas sobre el coming-of-age, como Spectacular Now o The Perks of Being a Wallflower, trataba esa transición en la que unos niños comienzan a madurar, o por lo menos, el descubrimiento de que pronto tendrán que ser adultos. Esa conexión del verano de un adolescente unido a la madurez, es algo que comparte con su segunda película. Donde The Myth lo asocia a esa última búsqueda por encontrar un amor que transcienda, y también, a cumplir esas ilusiones que parecen esfumarse cuando se pierde el último resto de inocencia. It Follows busca responder al último día del verano, donde deja al adolescente en ese rumbo, perdido, confundido, lleno de dudas y decepciones. Podría decirse que la película empieza donde acaba la anterior, incluso comparten el mismo escenario, el Detroit de los suburbios donde los padres viven detrás de la cámara. Mitchell ve en el verano adolescente un momento resonante donde ellos son preparados para el salto, es como un último descanso antes de enfrentarse a la nueva vida que les espera. Y esa nueva etapa, da miedo.

Jay, interpretada por Maika Monroe, se enfrenta a un ente que la persigue sin descanso, una maldición que se transmite sexualmente. La metáfora sobre el SIDA se vuelve obvia, sin embargo, el director afirmó en varias entrevistas que no era su intención crear una alegoría sobre las enfermedades sexuales, pero sí explorar la sexualidad de los personajes. Hay una política sexual en It Follows que habla de cómo estamos conectados a nuestras historias sexuales, de cómo trasciende a nuestra personalidad y nos sigue cuando somos adultos. Al final todas nuestras experiencias, positivas y negativas, nos acompañan. El sexo se vuelve un mecanismo narrativo más allá del artificio clásico del cine de género de los 80’s, pero además de no renegar de esos mismos orígenes, les da un verdadero sentido en la historia. Mostrando la importancia de nuestras primeras experiencias sexuales como mecánicos que amoldan la personalidad de un adolescente. Para Mitchell, madurar está ligado al historial sexual, pero lo ve una rama de un árbol más grande.

Para David Robert Mitchell madurar es comprender que algún día, morirás. Es esa experiencia a tus veintitantos donde ves la muerte de cerca, ese resto de inocencia adolescente se desvanece cuando lo experimentas, pero no como algo lejano, sino cercano. La muerte no correrá para atraparte pero tampoco podrás huir de ella, siempre irá a por ti sin descanso, no hay nada que puedas hacer contra ella, solo aceptar que llegará. Incluso uno de los protagonistas, leyendo Dostoievski, menciona un pasaje que resume el tema principal de la película: “Cuando hay tortura, hay dolor y heridas, agonía física y distracción de la mente por el sufrimiento mental. Y uno se atormenta por las heridas hasta el momento de la muerte. Y la más terrible agonía, no son las heridas en sí, sino en el saber con seguridad que tu alma dejará tu cuerpo y ya no serás más una persona.” It Follows consigue ser una de las películas que trata de forma más pura y directa la muerte. Cada momento de ella sientes esa ansiedad, ese constante miedo de esa llegada tan anunciada y, por supuesto, a ese final tan inevitable. Pero sin embargo, los protagonistas no aceptan su destino y prefieren huir.

La muerte los persigue y ellos se abrazan a la nostalgia de ese tiempo que están abandonando. Cuando Jay va al cine con Hugh, éste cuenta mirando a un niño con sus padres la envidia que tiene de aquel tiempo donde no debía sentir preocupaciones, donde tenías toda tu vida por delante. Escenas después, Paul habla nostálgicamente con Jay, ya infectada por la maldición, de cuando pasaban tiempo juntos siendo pequeños, recordando de forma inocente su primer beso. La película recalca la nostalgia de los adolescentes por un tiempo que pasó, no de forma cínica, si no sincera, comprendiendo el gran cambio que sufren. Pero para reafirmar esas ideas, Jay cuando es perseguida por el ente huye a un patio de juegos y se sienta en el columpio esperando a sus amigos. Después de volver a ser atacados, deciden que el mejor plan posible para huir de él, es ir a la casa de verano. Allí se bañarán en la playa y jugarán a juegos de mesa, no hacen nada más allá de divertirse, hasta que él vuelve a aparecer. Los adolescentes están tan anclados en el pasado que no pueden afrontar el presente. Ellos deben comprender que no pueden alargar un verano que acabó, ese momento de sus vidas finalizó y por mucho que huyan, la muerte los encontrará. Y con esa idea en mente, deciden contratacar.

El enfrentamiento con el ente suele llevar ciertas críticas por ser aquello que la película intenta huir, ser ese tópico de las películas de género de los 80’s donde debe haber un enfrentamiento final con el monstruo. Pero aquí, los adolescentes luchan por ese último momento donde puedan conservar ese estado, donde puedan seguir siendo niños. No parece casualidad que el sitio sea una piscina, el agua es marcada durante todo It Follows como un elemento bañado por la nostalgia. En la presentación de Jay, ella se encuentra bañándose en su piscina hinchable, viendo como las gotas de agua de su mano se deslizan hasta caerse. Los protagonistas, al enfrentarse por primera vez al ente, huyen a la casa en la playa de uno de sus amigos. Jay comienza disfrutando de ese estado infantil, de ese eterno verano. Y en mitad de la película, ella lucha por huir de la madurez anclándose en su nostalgia, pero, ¿qué ocurre cuando se atan a la adolescencia para enfrentarse a la madurez? Que pierden, y no solamente reciben ese golpe, si no que todos esos sueños y recuerdos son manchados por la sangre que inunda la piscina. Deben aprender a vivir sabiendo que su final ya está escrito.

La última escena de It Follows une todos los temas y el arco de los protagonistas únicamente por lo visual, sin necesidad de verbalizar absolutamente nada. La madurez llega cuando aprendes a vivir comprendiendo que morirás y que tu infancia pasó. Hacer de esa ansiedad y ese miedo algo tuyo, abandonar esa huida eterna e inútil. El verano ha acabado y debes prepararte para vivir el otoño.

por Nacho Vázquez

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