Todo es mentira.

Cuando Chuck Palahniuk, un conductor de camiones, presentó lo que pretendía que fuera su primera novela (llamada Monstruos invisibles) a varias editoriales, éstas la rechazaron por considerarla demasiado perturbadora. Palahniuk decidió entonces desechar esa idea y comenzar con una nueva historia, pero lejos de rebajar el nivel de violencia y la capacidad para perturbar, se concentró en todo lo contrario. Si le iban a rechazar de nuevo, que al menos fuera un motivo real, no una excusa. La idea comenzó como una historia corta, publicada en la recopilación Pursuit of Happiness, y alrededor de esa idea se desarrolló El Club de la lucha. Claro ejemplo de que no siempre menos es más, esta vez el libro fue publicado.

La primera edición de la novela estuvo poco tiempo a la venta. Suficiente, en todo caso, para que comenzará a hablarse de ella en Hollywood. Era un proyecto arriesgado, pero finalmente fue Laura Ziskin quien se hizo con los derechos de la novela para la Fox. Jim Uhls fue el encargado de adaptar la obra y al frente del proyecto se situaba David Fincher. Se trataba de su cuarta película (tras Alien 3, Se7en y The Game) y significó todo un reto para un director ya reconocido pero aún sin un estilo firmemente definido. A Fincher le entusiasmó el proyecto y desarrolló el guion con Uhls.

Estrenada en 1999, los primeros pasos comerciales de la película son similares a los de la novela: fracaso en taquilla, crítica totalmente polarizada, escaso recorrido comercial. Hasta que la edición en DVD se convirtió en la segunda oportunidad para ambas obras: la cinta se convirtió en una película de culto, y en un éxito masivo de ventas en DVD, lo cual empujo no solo a reeditar la novela de Palahniuk, sino que dio el impulso definitivo a la carrera del escritor. Vidas paralelas para dos versiones de una misma idea: la audiovisual y la escrita, que convirtieron a sus autores en puntales de la cinematografía y las letras modernas.

De la novela a la pantalla: la ambigüedad

La película no pretender ser una adaptación fiel a la estructura y a todos los eventos explicados en la novela. Pretende ser fiel a la idea que la novela nos transmite: la decadencia de la sociedad y la de sus miembros; el egocentrismo como medio de proyección individual; el consumismo como única religión. Primera ambigüedad: la infidelidad a la obra original como medio para mantenerse fiel a su mensaje. Por supuesto, es deseable que un guion no transcriba letra a letra una novela, pero la estructura de la película no necesariamente había de diferir del texto de Palahniuk. Que lo haga no solo beneficia al resultado audiovisual, también introduce su necesario nivel de caos en el montaje final.

Nuestro anónimo Narrador, Edward Norton, es un insomne moderno, adaptado a la vida moderna gracias a toda una serie de complementos (modernos, por supuesto), cuya existencia se torna más vacua a medida que su nevera se llena de salsas que no condimentan nada. Un ser tan ensimismado y egocéntrico que se aleja de los demás y hasta de sí mismo. El Narrador, esa voz en off tan molesta en ocasiones, pero tan necesaria en esta película, es la traslación de un texto escrito en primera persona. Alguien que odia su trabajo, pero que lo necesita para continuar con su planeada vida. Punto de partida para la novela y para el guion.

La primera norma de El Club de la Lucha es no hablar del club de lucha. La segunda, que ningún socio hable del club de lucha… Un momento, ¿socios? ¿no es esta una organización transgresora? ¿Qué significan entonces esas normas? Es más, ¿para qué necesitamos normas? Estas dudas nos asaltan tanto si estamos en los primeros capítulos de la novela, como si llevamos solo media hora de la película. En ambas, es obvia la respuesta: las normas parecen estar para hechas para ser ignoradas.

Así pues, la primera norma del club se basa en un juego de ambigüedades: las normas que afectan al funcionamiento del Club son debidamente ignoradas. Las que dictaminan como han de ser las luchas, son contempladas y seguidas con un respeto casi religioso. La propia idea de constituir un Club va en contra de las propias ideas de sus fundadores. Y eso lo sabemos porque Tyler lo sabe. Lo sabe y nos lo explica.

De la novela a la pantalla: la violencia

En el segundo capítulo de la novela y en los primeros minutos de la película se asientan todos los ingredientes de la historia: la adicción a los grupos de apoyo como método de liberación (y cura para el insomnio); el no soportar que otro personaje (Marla) haga el mismo uso fraudulento de los mismos, hecho que amplifica la crisis del Narrador. El encuentro casual de esa milagrosa solución a todos los problemas: a torta limpia. Esa ambigüedad que se desprende de que el protagonista sea capaz de dormir “como un bebé” únicamente tras dar y recibir una serie de mamporros.

La película desarrolla todo esto de una forma más rápida, fluida si se quiere, que la novela, jugando con esas ambigüedades y ese juego de falsas pistas/falsas identidades. Esa necesidad de destruir algo bonito, que en parte esconde ese odio hacia uno mismo por no ser capaz de crear algo bonito, permea gran parte de la novela y en la película culmina con la cara partida de Jared Leto.

De la novela a la pantalla: Marla

Marla es un personaje ingrato. Así la plantea Palahniuk y así la interpreta Helena Bonham Carter. Después nos damos cuenta de que ha entendido lo que estaba pasando antes que nosotros, y que nuestra sorpresa es el reflejo de su incomprensión, durante buena parte del metraje, de todo lo relacionado con “El narrador”. Tiene reacciones que la dejan como una neurótica, cuando en realidad es el más cuerdo de los personajes.

Entre toda esa colección de hombres que se pegan, desencantados con su vida, y dispuestos a seguir a ese mesiánico Tyler Durden, se pasea Marla, que vende ropa que roba en lavanderías para subsistir, y asiste a las reuniones de los grupos de apoyo “porque es más barato que ir al cine, y te dan café gratis”. Alguien a quien Tyler teme, ya que constantemente le recuerda al narrador que no debe hablarle de él a Marla. Al final nos damos cuenta que ella era la única capaz de poner fin a los planes destructivos de Tyler. Ella, el único personaje femenino importante, es la única que parece ver la vida como realmente es, y por ello nunca será invitada a formar parte del Club de la Lucha.

IMMACULADA PILAR.

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