El narrador y su obra.

La historia, la acción, el desarrollo de los personajes, sus filias, sus fobias, los finales, los comienzos, los diálogos, los cliffhangers y los leitmotivs. Todo parte de un mismo origen, ya sea en el cine y en la literatura, y esa figura es el autor. El narrador, el guionista, el creador. Pero como jugada del destino, dos películas, diferentes entre sí en tratamiento, basan su existencia en la lucha entre el escritor y su obra, y las consecuencias de las ideas y decisiones del autor sobre su historia y personajes.

Más extraño que la ficción y Ruby Sparks son películas hermanas, casi reflejo la una de la otra, en el que el tema fundamental es la creación del personaje y su narrador. El guión aproxima ambas películas a una esencia novelística, donde el espectador adquiere conciencia de lector, ayudado por comienzos en los que lee las escenas gracias a una nada sutil utilización de la voz en off como hilo conductor.

Lo que las puede diferenciar es que parece que gira en torno a cómo se desarrolla el personaje de Will Ferrell, mientras que Ruby Sparks es más explícita en mostrar que el centro de gravedad es el escritor interpretado por Paul Dano. Más extraño que la ficción también tiene como protagonista a la escritora a la que da vida de modo (como siempre) magistral Emma Thompson, aunque en un segundo plano. Al final, esos argumentos convergen para hacer visible que no hay mayor problema para un creador que una crisis creativa.

El personaje de Emma Thompson no sabe cómo matar a su creación, el personaje de Paul Dano no logra el modo de encontrar a su musa. Como si de una salida extra se tratara, ambos escritores encuentran la solución a sus crisis con una especie de deus ex machina sobrenatural en el que todo cobra sentido y cuyo resultado es entender que no hay mayor ficción que la de la propia vida.

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Las dos películas se aposentan sobre tres pilares obvios y fácilmente identificables en ambas. Por un lado, los escritores Karen Eiffel/Emma Thompson y Calvin Weir-Fields/Paul Dano. En un segundo lugar, quedan las creaciones Harold Crick/Will Ferrell y Ruby Sparks/Zoe Kazan. En último lugar, los personajes de Jules Hilbert/Dustin Hoffman y Harry/Chris Messina, que actúan como contrapunto al argumento de la película, personajes que ayudan al espectador a entender lo que está viendo, que tanto la creación como el narrador son un personaje más de una trama interesante y con mucha picaresca.

De un modo más visual (Más extraño que la ficción) o más visceral (Ruby Sparks), las dos películas son capaces de hablar del proceso literario en pantalla. De hacer entender sobre todo las motivaciones de cada personaje literario creado. Podrían ponerse ejemplos infinitos que pudieran corroborar esta afirmación, pero al menos da pistas de por qué los autores deciden, para bien o para mal, que un personaje, que un argumento, que una situación o que un encuentro, tome un camino u otro.

Con un final compartido también por el tono melodramático que asume tras entender el propio creador la entidad del personaje creado, el narrador hasta ahora omnisciente se hace a un lado para dejar vivir a su personaje y se convence conscientemente de empeorar su obra pero no su resultado: regala a su creación la capacidad de libre albedrío, para que viva su vida más allá de sus palabras. El escritor, por tanto, se desprende de sus páginas para regalarlas al mundo, en un acto sincero aunque difícil de proeza literaria.

JONATHAN SEDEÑO.

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