Más allá del espacio

Si hablamos de literatura y cine, la primera figura que visualizo en mi mente es la de Kubrick. Probablemente uno de los mejores directores adaptando novelas al celuloide. Es importante subrayar la palabra adaptar, no es la misma que plasmar. Ya que el cineasta sabía algo que a día de hoy parecen no comprender los directores que adaptan novelas al cine. La comprensión de que el cambio de formato artístico produce un cambio en el lenguaje de la obra. Es por ello que de grandes libros, él hizo obras maestras del séptimo arte, porque no solamente plasmo lo escrito en la novela, adaptaba su lenguaje y su espíritu. Incluso en historias como las de El Resplandor o La naranja mecánica, Kubrick comprendía mejor la obra que el propio autor original, elevándolas así en el cine. Pero si debemos señalar una de sus múltiples adaptaciones, el mejor ejemplo sería el de 2001, una odisea en el espacio.

Es un caso extremadamente raro el de la creación de 2001. Se suele tener una noción de que Arthur C. Clarke escribió el libro y Kubrick lo adapto al cine. Sin embargo, la realidad es que el proceso creativo detrás del proyecto fue tan complejo como pudo ser la unión de dos mentes tan crípticas como la de estos autores.

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Kubrick quería realizar una película de ciencia ficción después de rodar ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Había basado sus ideas en una serie de relatos cortos realizados por Clarke, en particular, El Centinela. Era cuestión de tiempo que Kubrick decidiera contratar a Clarke para el proyecto por medio de una carta que proclamaba: “Por mucho tiempo he sido un gran admirador de sus libros y había querido discutir con usted la posibilidad de hacer una excelente y proverbial película de ciencia ficción.” Kubrick tenía claro desde el principio que quería explorar la relación del hombre con el universo y Clarke estaba muy interesando en esa temática. El proyecto fue conjunto, pero Kubrick se centraba en su guion mientras Clarke en su novelización. Aunque los dos coescribían 2001, Kubrick era la fuerza creativa y Clarke era un escritor por contrato. Y eso causo serias disputas, el perfeccionismo del director frustro mucho al escritor con sus constantes cambios, siendo el más polémico entre ellos el de la búsqueda de un final que le contentase. Clarke termino la novela con un final donde Bowman se encontraba frente a una nave espacial alienígena, y a Kubrick eso no le satisfacía. De todas formas, Clarke intentaba convencer a Kubrick para que el manuscrito fuese ya publicado porque el escritor se encontraba en serios problemas económicos. Pero Kubrick tenía todo el control tanto sobre el libro como en la película y no permitió que se publicase la novela hasta terminada la película y con el final que el pretendía.

Cada vez que Clarke terminaba los arreglos que Kubrick le exigía, él encontraba nuevos escenas o diálogos que cambiar, así Clarke nunca podría publicar la novela hasta la completa satisfacción de Kubrick. A pesar de ello, existen grandes diferencias entre la novela y la película. Sobre todo a lo que concierne la verbalización del final, la historia de Bowman o la figura del monolito. Al estar reescribiendo el guion en mitad de la creación de la película, la novela tenía detalles bastante contrarios a la película. De forma irónica, Kubrick decía en una entrevista “Creo que las divergencias entre las dos obras son interesante. Pero es una situación sin precedentes la de hacer una obra literaria de una película que todavía Clarke no había visto en su totalidad.” La dura lucha que hubo entre los dos autores era porque los dos querían llevar la historia a su terreno, cada uno desde su propia forma de ver el lenguaje de su arte. Clarke y Kubrick adaptaban una historia que se convertiría en una novela y una película. Pero a pesar de que la procedencia de la idea original no provenga de la obra literaria, todavía hay cierto elitismo frente a la idea de que los libros son un arte mayor que el cine.

El 7º Fotograma 2001, una odisea del espacio en imágenes (2)

“La película está bien, pero el libro es mejor”, ¿Cuántas veces hemos escuchado esa manida frase? En mi caso, hasta refiriéndose a esta misma película. Pero irónicamente, 2001, una odisea en el espacio es la antítesis de esa declaración. Kubrick creó una obra cinematográfica superior a su contrapuesto novelizado, incluso podríamos decir que varias veces ocurrió esto a lo largo de su filmografía (El Resplandor, La naranja mecánica, Barry Lyndon…). Él estaba creando un guion preparado para ser llevado a la gran pantalla y potenciar sus ideas a partir de todos los aspectos visuales y sonoros que puede aportar el séptimo arte. En cambio, Clarke no comprendía ese lenguaje. Queriendo demostrar su autoria en 2001, al realizar su propia novelización demostró no terminar de comprender la obra que él y Kubrick estaban creando juntos. Al leer la novela, podemos percibir un detalle revelador, Clarke no adapta con totalidad todos los temas que son tratados con ambigüedad en su versión cinematográfico. Lo verdaderamente adaptado es su argumento objetivo. Solamente hay que comprobar sus secuelas para percibir lo poco que comprendía Clarke las ideas tratadas por Kubrick. En 3001: Odisea final hay una guerra entre monolitos y humanos, Frank Poole es revivido, Bowman y Hal 9000 “viven” dentro de un monolito y para destruir a los monolitos utilizan la misma técnica que Independence Day utilizó para matar a los alienígenas (fue una verdadera casualidad que libro y novela se estrenaran el mismo año).

Un reportero en una entrevista pregunto a Kubrick si podía explicar el final de 2001, o incluso la película en su totalidad. El entrevistador, a pesar de declarar haber leído el libro y visionar varias veces la película, seguía sin comprenderla. Kubrick le explico brevemente la historia en el sentido más superficial, incluyendo la explicación de que Bowman al entrar en contacto con el monolito se vuelve un ser superior. Pero aclaraba, que eso pasaba en el sentido más simplista de la historia. El encuentro con alienígenas abría la puerta a otros temas tanto metafísicos como filosóficos, y que en esa zona de pensamiento no podía declarar nada. Porque la película era lo que el espectador ve en ella. El público puede completarla con su propia perspectiva. Analistas que dictaminan que 2001 es una adaptación del clásico de la literatura griega La Odisea, otros que hablan de que es la adaptación de Así hablaba Zarathustra de Nietzsche e incluso cabe una interpretación religiosa. Su simbología tan criptica es y será analizada y discutida eternamente. Parte de su encanto es que nunca hallaremos un verdadero análisis de 2001 que revele todo lo que pretendía realizar Kubrick, siendo la narrativa diseñada para complementar una serie de conceptos y temas, creando así un equivalente cinematográfico al cubo de Rubik. Pero nadie discute esto en su versión literaria. Gran parte del público que se encontró eclipsado por la película, fue al libro para entender todo lo que había presenciado, con la sorpresa de que la novela solo trataba en profundidad el argumento, no los temas.

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El error de Clarke fue el plasmar lo superficial de la obra y no adaptar su verdadera alma. Y ahí comprendemos la idea tópica de que los libros son mejores que sus adaptaciones cinematográficos, porque cada uno habla en un lenguaje distinto y debe tratar sus ideas de una forma diferente para conectar. Pero cuando se utiliza el lenguaje de una novela en el cine, la narrativa falla y solamente se vuelve un resumen visual de una novela. La historia que estaba creando Kubrick estaba hecha para el cine y Clarke no lo supo ver ni adaptar. Hay películas que perderían toda su alma al ser plasmadas en otro medio, no puedo imaginar Solo dios perdona o Holy Motors hechas novelas al igual que no concibo adaptaciones cinematográficas literales de Ulises o La broma infinita. Pero en cambio, sí creo que cualquier obra se puede adaptar a cualquier medio, si adaptas el lenguaje de ese mismo arte. 2001, una odisea en el espacio es un gran ejemplo de la responsabilidad del autor al adaptar otra obra y como aprovechando el lenguaje del medio puedes crear una verdadera obra maestra.

NACHO VÁZQUEZ.

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