La visión postmoderna.

La novela Expiación de Ian McEwan, publicada en 2001, se inscribiría dentro de la metaficción narrativa, (conocida como ficción autoconsciente), una forma literaria autorreferencial, que deja en evidencia que “el texto está siendo no sólo contado, sino también elaborado por un sujeto productor”(1). Además, se trata de una novela que se duplica dentro de ella misma, un prototipo del procedimiento que se conoce como “mise en abyme”, es decir, la introducción de unas narraciones dentro de otras, resultando imposible englobarla en un género concreto. Esta estructura de muñecas rusas, alejada del modelo convencional, la tomó el director británico Joe Wright para la adaptación cinematográfica de la novela en 2007.

El principio del arte por el arte es propio del pensamiento postmoderno, generado por un descreimiento del concepto de mímesis, de arte como imitación de la naturaleza. Como obra audiovisual, Expiación no traspasa la cuarta pared de forma tan evidente como, por ejemplo, Anna Karenina (2012), también de Wright, en la que la estructura teatral rompía la ilusión especular. Pero el mecanismo de montaje de Expiación “construye una ilusión artística de realidad para, a renglón seguido, destruirla revelando así su condición de artificio, de pura convención de verosimilitud”(2). La académica Linda Hutcheon hablaba de la posición paradójica del lector 3 con respecto a la metaficción, algo que también podría aplicarse al espectador de cine: Wright, a través de recursos estéticos como la cámara lenta, el famoso plano secuencia de la escena de Dunkirk, o la introducción de una película proyectada (de nuevo, metalenguaje) en una pantalla rasgada, saca constantemente al espectador de su rol pasivo, y le hace consciente de su papel de sujeto ordenador de las diferentes piezas que conforman la historia.

Diferentes lecturas.

La película, como el libro, se compone de cuatro partes bien diferenciadas, de cuales tres comparten protagonista: Briony Tallis. En la primera, ambientada en la Inglaterra de 1935, Biony es una niña de 13 años, orgullosa y apasionada por la literatura, que ya apunta maneras como futura escritora. Con motivo de la llegada de su hermano mayor a la casa en la que están pasando el verano, escribe una obra de teatro para representar con sus primos delante de toda su familia. La película empieza en el momento en el que acaba de escribir esa obra; comenzar con un “The end” es ya toda una declaración de intenciones, una manifestación de la estructura cíclica, no lineal, que va a tener el filme.

Tanto Briony como su hermana, Cecilia, están enamoradas de Robbie, el hijo de una de las criadas, y protegido del padre de la familia Tallis. Los celos que siente Briony hacia la relación que está empezando a surgir entre Cecilia y Robbie, así como una serie de desafortunados malentendidos, harán que su novelesca imaginación interprete a su manera acontecimientos que no comprende, tergiversando la realidad. Briony es lo que se conoce como una narradora poco fiable, es decir, su mirada, aunque es la que condiciona los acontecimientos que tienen lugar, es parcial. “La mirada y el acto de escritura se ponen al desnudo, narran aspectos de su construcción y hacen partícipe al lector de la organización ficcional”(4). Por lo tanto, es el espectador quien debe averiguar las verdades y las mentiras del relato de Briony.

En la tercera parte (la segunda, ya en plena guerra, está protagonizada por Robbie), vemos a una Briony de 18 años, que ha renunciado a ir a la universidad, y en su lugar, se ha hecho enfermera, como penitencia por los errores que cometió años atrás, que truncaron el futuro de todos. Al empezar a tomar consciencia de ello, sigue escribiendo en secreto una historia que no quiere que lea nadie, que no es otra que la suya propia. “La joven muchacha, de un temperamento estético, se debate entre la conciencia de su culpa y las dotes narrativas que le sirven de catarsis”(5). Cuando tiene que cuidar de un soldado francés gravemente herido, aprovechará la ocasión para recrear los hechos y combinarlos con los que él le cuenta delirando, para modificarlos y hacerlos mejores. Esta reconstrucción ficticia será fundamental para el final, que comentaremos un poco más adelante.

El poder de la palabra escrita

La presencia de los libros y las referencias a los mismos son constantes en Expiación. Si volvemos a la parte del verano de 1935, la primera vez que vemos a Cecilia, está leyendo un libro. Este detalle será muy significativo para una escena posterior, en la que comentará dicho libro con Robbie, y que será el desencadenante del momento de amor que vivirán en la biblioteca más tarde. Se establece así una analogía entre la literatura y la pasión (Cecilia afirma que le gusta Henry Fielding por ser “pasional”) como acto generado por el deseo.

Por su parte, en Brioni se aprecia en esa primera parte “autoconciencia del acto escritural y mostración desenfadada de los dilemas éticos y estéticos del quehacer del escritor”(6), afirmando la dificultad de la imaginación en el teatro frente a una novela: “En un relato, sólo tienes que decir la palabra “castillo”, y puedes ver las torres y el bosque y la aldea debajo, pero en una obra, todo depende de otras personas”, afirma con solemnidad. El propio compositor Dario Marianelli (ganador del Oscar por su trabajo en esta película), juega con el acto de escribir en la banda sonora, con el sonido de la máquina como instrumento musical más, y, al mismo tiempo, convirtiendo cualquier elemento diegético en el tecleo mecanográfico.

También tienen una importancia fundamental en la trama las notas y las cartas como elementos narrativos, como las que se escriben Robbie y Cecilia, que suponen sus momentos de mayor intimidad en la segunda parte, o la que le manda Briony a Cecilia en la tercera a modo de intento de disculpa y posible reconciliación. Pero especialmente las que Robbie escribe para Cecilia para declararse en la primera parte, mientras la visualiza, como una aparición, convirtiéndola en su cabeza en el personaje que realmente es. De hecho, una de esas notas será la que le entregará a Briony por error, cambiando un solo término la percepción que la niña tenía de él, algo que deja en evidencia el poder que las palabras tienen sobre una mente vulnerable.

Conclusión relativa

La última parte de la película es sin duda la más ilustrativa, la que desvela el juego continuo de Briony entre realidad y ficción: en la vejez, Briony, ya una famosa escritora, anuncia en un programa de televisión que está enferma, y que por eso ha acabado por fin su libro más importante, Expiación. El cual, a su vez, contiene toda la historia que se nos ha contado antes. Una obra de teatro, cartas, notas y libros que están dentro de una historia, que a su vez está dentro de un libro, y que a su vez está dentro de una película. “La escritura es explícitamente tematizada como ejercicio creativo y como arma existencial frente al desamparo. Briony recurrirá a ella, siendo a la vez testigo, actor y víctima de los cruces entre el texto y la vida”(7).

Pero de nuevo, Briony vuelve a introducir un giro final, en el que confiesa que contar la verdad y ser fiel a la dramática realidad ya no sirve a ningún propósito. “¿Qué sentido de esperanza o satisfacción podría un lector obtener de un final como ese?”, declara. Al igual que jugó con los personajes de niña, lo hace de nuevo, por última vez, para construir un happy-ending que no tuvo lugar, precisamente porque ella lo impidió. Pero lo que le sirve de consuelo a ella misma, al lector y espectador le lleva a cuestionarse. “¿Es la escritura un modo de justicia o de balance de la existencia? Y si así fuese, ¿basta con reescribir la historia para desembocar en el reino de lo bello, lo bueno y lo verdadero?”(8) . Es más, ¿merece la pena tener un momento de evasión con un engaño, en lugar de sufrir lo que es auténtico? Queda abierta a infinitas posibilidades de interpretación Expiación, un ejemplo de lo que supone (de)construir el cine y la literatura.

SOFIA PÉREZ.


1. GASPAR, Catalina, “Metaficción y postmodernidad: La pasión deconstructiva”, Estudios. Revista de investigaciones literarias, Nº8, Caracas, julio-diciembre 1996
 2. GARCÍA MARTÍNEZ, Alberto Nahum, “Metaficción: Cuando el cine atraviesa el espejo”, Nuestro Tiempo. Revista de Cuestiones Actuales, Universidad de Navarra, Nº591, Septiembre 2003
 3. HUTCHEON, Linda, Narcissistic Narrative. The Metafictional Paradox, New York & London, Methuen, 1984
4. GASPAR, Catalina, ibíd.
5. ESPINO BARAHONA, Erasto Antonio, Reseña de “Expiación” de Ian Mcewan, Pensamiento y Cultura, Universidad de La Sabana, Colombia, Nº7 Diciembre 2004
6. ESPINO BARAHONA, Erasto Antonio, ibíd.
7. ESPINO BARAHONA, Erasto Antonio, ibíd.
8. ESPINO BARAHONA, Erasto Antonio, ibíd.

 

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