Editorial | El arte como oxígeno | ‘César debe morir’

TEATRO.

Alguien dijo alguna vez, con sabiduría y razón, que el cine no solo era el séptimo de los artes sino que se trataba de la sublimación de todas las disciplinas creadas con anterioridad. En La Llave Azul queremos refrendar esta tesis analizando, mediante varios ejemplos, la influencia de cada una de las artes en la cinematografía.

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Cualquiera que haya pisado las tablas de un escenario sabe que el teatro – donde ponemos la lupa en esta ocasión – tiene un gran poder liberador distinto al que puede aportar cualquier otro arte. Siempre se ha dicho que el proceso de creación y rodaje de una película es, por su propia naturaleza, más frío que la representación en vivo de una obra teatral. Sin embargo, en ciertas milagrosas ocasiones, la experiencia que se transmite al espectador es igualmente sugerente y pasional.

CINE.

Los hermanos Taviani ganaron en 2012 el Oso de Oro con una historia al filo entre el documental y la ficción: unos presos ensayaban y representaban el ‘Julio César’ de Shakespeare en los pasillos de una cárcel italiana. No eran actores, sino presos reales que compartían sentimientos profundos y desgarradores, vivencias de gran emotividad y líneas de diálogos clásicos. No interpretaban una tragedia sino que ficcionaban la suya propia, traslalándola al espectador en un filme dual, de caras múltiples y múltiples lecturas.

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Por un lado, el teatro. Al otro, la vida. Y como interlocutor de ambos bandos, la cámara, el cine, la pasión. Los Taviani y su magnífico reparto “amateur” bordean los límites y cruzan las fronteras de varias realidades, valiéndose de recursos como el cambio de imagen monocromática en los ensayos u esbozos al color cuando la representación es definitiva, para defender el arte como garantía de esperanza en los momentos y lugares más adversos, pero también como recordatorio de una existencia terrenal cargada de luces y sombras; como recordatorio de una vida esclava al propio arte, que se erige como la única, verdadera y pura divinidad.

ARTE.

No se pretende crear vínculos de empatía ante estos presos, sino simplemente mostrar una realidad que no lo es del todo. ‘César debe morir’ goza de una sensibilidad y una potencia narrativa inaudita, de una sencillez y transparencia intimidante. No hay exaltación ni subrayado del drama, tampoco procuran embellecer el filme visualmente pero pese a todo hay nervio, garra y un propósito de enmarcar la obra en las actuales corrientes artísticas. La obra de los Taviani conmueve porque derrocha cercanía y vitalidad y un llano respeto por el arte: cine, teatro o vida.

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‘César debe morir’ representa a la perfección el leit-motiv de esta serie de especiales en nuestra web: hablar del cine desde las entrañas del arte. Del arte, desde las entrañas del sentimiento. Del sentimiento, desde las entrañas de la vida. Y de la vida, desde las entrañas del cine. No concebimos la existencia sin conmoción, sin emoción.

VIDA.

Por suerte, conocemos el arte. Liberador, a veces, tramposo y subyugante otras muchas. Pero indispensable en cualquiera de sus facetas.

JESÚS CHOYA

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