El cine como epopeya: más grande, más largo y con cortes.

El cine, como cualquier otra arte existente, basa una de sus vertientes en uno de los argumentos más antiguos desde que alguien decidió escribir una historia: el cantar de gesta, la clásica epopeya, el cuento del héroe. Así, año tras año el público conoce a través de las películas la vida y obras de personas que en una época determinada realizaron actos casi sobrenaturales, que por motivos obvios, merecen ser plasmados, extendidos al colectivo. Es imposible (aunque debería emplearse un término más adecuado como inconcebible) que cada año la vida de al menos un superhombre al más puro estilo de Nietzsche, agrupe un gran número de nominaciones a los Oscar.
Hete aquí que este año hay dos superhombres que merecen nuestros respetos: Stephen Hawking y Alan Turing. Aunque en épocas distintas, ambos representan para la sociedad un gran paso adelante. Y así se nos muestra en las “adaptaciones” de sus vidas. Porque al fin y al cabo, tanto La teoría del todo como The imitation game pretenden que el espectador se sienta agradecido ante la figura de unas personas que con sus actos y pensamientos cambiaron el rumbo de la Historia.

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Lástima que estas “adaptaciones” se limiten a seguir el mismo patrón de siempre, que es el de formular una sucesión de escenas para conseguir el fin último de presentar al protagonista como Salvador de la Humanidad, y sobre todo, siempre, convirtiéndolo en un personaje secundario de su propia película.
Podríamos hablar de la gran mente más allá de los límites conocidos de Stephen Hawking, o de la inteligencia matemática que ayudó a parar una guerra de Alan Turing. Al fin y al cabo para eso están las películas. Pero siempre pasando de puntillas sobre lo realmente importante sobre la vida de las personas, no el por qué o el cómo, sino quién. El cine, a fin de cuentas, siempre va a inclinarse por la historia clásica de cómo el héroe salvó a la Humanidad; pero no hablará de quién fue ese héroe. ¿Acaso Alan Turing no murió por culpa de una persecución por su homosexualidad? ¿No fueron los primeros años de la enfermedad de Stephen Hawking los más difíciles para su entorno?
THE IMITATION GAME

Alan Turing – el héroe del grupo – siempre en el centro.

Estas películas, en vez de mostrarnos el monstruo que todos los héroes llevan dentro, encuentran un salvoconducto en el típico personaje secundario que es aplastado literalmente por el protagonista. Y las compañeras de reparto de Eddie Redmayne y Benedict Cumberbatch no iban a ser menos. Son ellas (Felicity Jones y Keira Knightley, respectivamente) las que soportan ya no las iras del protagonista, sino que debido a la idealización que hace de los héroes el típico guión, vencen con un personaje claramente más débil y por ello lo defienden más duramente. Siempre que haya una película que narre los hechos de un gran personaje histórico, habrá un personaje secundario que atrape las loas del público y la crítica.
Ese es el gran error de estas películas, que se comportan como el típico thriller en el que hay que atrapar al asesino. Siempre con la misma estructura. En estos dramas grandilocuentes, la debilidad real es el soporte en el que se apoya el héroe y con el que sin ello, la película naufragaría.
Jane antes de "conocer" a Stephen

Jane antes de “conocer” a Stephen

Da igual que sea un matemático brillante o un astrofísico sobresaliente. Puede ser un estadístico esquizofrénico (“Una mente maravillosa”) o un rey tartamudo (“El discurso del Rey”). El objetivo de estas películas es mostrarnos un héroe que no fue tal, sino una persona normal haciendo cosas extraordinarias. Stephen Hawking maltrataba psicológicamente a su primera mujer, pero no entra en el todo de su teoría. Alan Turing era homosexual, y en su película apenas lo muestran. Quién quiera que sean esos héroes, nunca estarán retratados en las películas que hablan de ellos.

JONATHAN SEDEÑO

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