“Es como si siempre fuese ahora”

Guitarra acústica acompañada por guitarra eléctrica. Entra la guitarra principal. Empezamos fuerte.“‘Yellow‘ se refiere al carácter de la banda. Brillo, esperanza y devoción” dice Chris Martin, vocalista de Coldplay. Eso mismo podemos ver en los ojos de Ellar Coltrane, el niño y adolescente protagonista de Boyhood. Toda una declaración de intenciones. El espectador ya sabe dónde y cuándo está y antes de que se quiera dar cuenta se encuentra emocionalmente atrapado. Apenas han pasado diez segundos.

De nuevo un punteo de guitarra potente. Cuando uno tiene 6 años el ritmo nunca decae. Te tiras en la hierba, corres, montas en bici a ninguna parte. Te tiras en la hierba, corres, montas en bici a ninguna parte. “Hate To Say I Told You So”. The Hives. Verano del 2002. Tu madre te lee “Harry Potter y la Cámara de los secretos” antes de irte a dormir. En un pijama de Spiderman, claro, tu superhéroe favorito desde que viste la increíble película de Sam Raimi, y tapado con una manta estampada con tus personajes de Dragon Ball Z, la series que ves todas las mañanas sentado en el suelo delante del televisor. Tu (por aquel momento insoportable hermana) te despierta cantando esa canción de moda de Britney Spears que no para de sonar en la radio y que crees que no puedes escuchar una vez más. A tu alrededor pasan cosas pero no sabes muy bien el qué. Tu madre está contenta. Tu madre está triste. Os mudáis a otra ciudad. Pero no sabes muy bien por qué.

Año 2003. Ahora matas las horas jugando a la portátil de última generación: ni más ni menos que la Gameboy Advance SP: ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Y encima tu padre al que hace tiempo que no veías viene a casa y trae regalos (¡regalos!), lo que para ti es algo así como la Segunda Venida del Jesucristo. Te lleva a la bolera y te invita a comer toda clase de guarradas: perritos calientes, hamburgueses, bebidas carbonatas y todas esas cosas que mamá prohíbe en casa. Crees que es el mejor día de toda tu vida. Tu padre también te habla de cosas de cosas de mayores (no sé qué de la Guerra de Irak) que no comprendes para nada y de vez en cuando te dice frases que tampoco entiendes muy bien pero que sabes que son importantes y se te quedan grabadas a fuego: Es mejor jugar a los bolos sin utilizar las barras, “la vida no te da barras”. Ya lo entenderás.

A lo tonto han pasado ya 4 años. Estás en el 2006, pero tú, afortunado tú, aún no le das importancia al tiempo. Has dejado la SP: ¡Ahora tienes una Xbox 360! El libro que te leía tu madre antes de dormir sobre un niño mago con una cicatriz en la frente ya va por la sexta entrega (¡la sexta!) y te sigue gustando tanto o incluso más, por eso como buen fan vas a la librería el primer día que se pone en venta a obtener tu ejemplar de “El Príncipe Mestizo” disfrazado del protagonista. Ya empiezas a entender mejor lo que ocurre a tu alrededor pero la verdad es que no sabes si eso es bueno: tu madre se ha casado y lo que al principio era todo paz y alegría se está volviendo una situación más insostenible cada día.

En tu nuevo reproductor mp3 de última generación, el iPod, suena Vampire Weekend, un grupo indie que has descubierto a medida que has ido desarrollando tu paladar musical. “One (Blake’s Got A New Face)”. Año 2008. La Xbox 360 ha sido sustituida por la última consola de Nintendo, la revolucionaria Wii, pero tus intereses vitales van variando y cada vez juegas menos. Has cambiado. Tu padre ha cambiado. Vuestra relación ha cambiado. Ahora os habla a ti y a tu hermana, que ahora lleva el pelo teñido raro, de temas más serios: Hay que votar a Obama y si ella va tener relaciones con su nuevo novio debe utilizar preservativos (¡preservativos!). Aun así, todavía tu padre todavía es un tío guay que te incita a cometer locuras (arrancar carteles de apoyo a Biden), te sigue haciendo recomendaciones musicales (“Hate It Here” de Wilco) y te lleva de acamapada a un lago donde os bañáis salpicándoos y luego os secáis junto al fuego mientras habláis de “Star Wars”. También te empiezas a hablar tímidamente con chicas y te bebes tu primera cerveza.

Pronto tiene tus primeros besos y para cuando te quieres dar cuenta te estás magreando con una chica en el coche de un amigo mientras vas colocado con uno de los porros que fumas ocasionalmente cuando sales con tus amigos. Tu madre se da cuenta pero es permisiva: sabe que, inevitablemente, te vas haciendo mayor. Tú también la empiezas a entender a ella mejor y, por tanto, empiezas a admirarla por todo lo que ha hecho por ti. Hay una mirada cómplice. Tu padre, por el contrario, cada día es más aburrido. Su nueva vida de casado y el bigote que se ha dejado apuntan a que sus tiempos de rockero han acabado dando paso a una vida más apoltronada. No lo subestimes, aún le quedan algunas balas y por tu cumpleaños te regala un disco de los Beatles editado por el mismo, el “Black Album”, que une las mejores canciones que hicieron los de Liverpool tras separarse. Aunque esté viejo, tu padre aún te da lecciones: Los clásicos nunca mueren. Suena “Band on The Run”. No todo va a ser temas del momento.

La década ha llegado a su fin y con ella parece que tu inocencia también. Encuentras tu verdadera pasión, la fotografía. Empiezas a tener tus propias ideas y te vuelves algo revolucionario. Te pones un piercing en la oreja y te dejas el pelo largo acompañando a una barba que empieza a brotar. Tienes tu primer trabajo limpiando platos en un restaurante de fast-food. Ahora te gusta una chica. De verdad. Hablas de cosas que te importan con ella y que no te atreves a contarle a nadie más y conectáis. Finalmente te lanzas mientras en tu cabeza suena “I’ll Be Around”, del nuevo disco de Yo La Tengo, y pasas una noche mágica con ella durante un viaje a Austin.

Ya es el 2013. Tu increíble relación con aquella chica que creías que nunca acabaría termina de mala manera y estás realmente dolido. Ni siquiera cerrar tu etapa en el instituto te produce mucha ilusión. No te preocupes, ahí está tu padre para animarte una vez más con sus sabios consejos. La vida sigue. Ahora te toca ir a la universidad. Cuando vas a partir, tu madre rompe en lágrimas. Te das cuenta de que ella siempre ha estado ahí para ti, y, ahora, después de todo, tú te marchas. “¿Qué queda ahora? ¿Qué he hecho con todo mi tiempo?”, se pregunta entre tristeza y rabia. Te marchas y de camino a la universidad pones el nuevo disco de Family of The Year. “Hero” es la canción por la que recordarás ese momento para el resto de tu vida. Tú no quieres ser un héroe, sólo quieres pelear como todos los demás.

Al llegar a la universidad haces tus primeros amigos. Entre ellos hay una chica que te gusta. Os ponéis a hablar y entre los efectos de la marihuana llegáis a la conclusión de que el clásico “carpe diem” está equivocado: tú no atrapas el momento, el momento te atrapa a ti. “Es como si siempre fuera ahora”, la dices y os miráis tímidamente mientras se os escapan unas risitas. No hay tiempo como el presente. ¿A qué estás esperando, Mason?

ALFREDO MARTÍNEZ

No Comments

Leave a Comment