Festival de Cine Italiano | Crónica segunda

Continuamos nuestro recorrido por la séptima edición del Festival de Cine Italiano de Madrid, que de momento no está dando todas las satisfacciones que podríamos esperar, transitando entre lo anodino y lo simplemente entretenido. Ocurre en todas las secciones, como en la de cortometrajes, donde uno de los filmes que pudimos ver fue Beep, el trabajo de fin de carrera del director Antonello Murgia, autofinanciado y producido por el actor Fabio Marceddu. Con la actriz española Isabel Moiño en su reparto, Beep es una comedia surrealista sobre una chica que trabaja en un supermercado, desencantada con su vida, y que un buen día se obsesiona con el pitido de los artículos que pasa por la caja, y empieza a ver a las personas como productos con fecha de caducidad. Frente a la ligereza de Beep, contrastó el tremendismo de Non sono nessuno, de Francesco Segrè, un relato sobre los peligros de unos auxiliares de ambulancias en Nápoles, que en el turno de noche temen incluso por su vida. Entre el documental y la ficción, el corto acaba siendo demasiado extremo para lo que le da tiempo a contar en sus 15 minutos de duración.

Hablando de la situación en Nápoles, es precisamente allí donde nos trasladaba uno de los documentales a concurso del Festival, L’Amministratore, del reconocido director Vincenzo Marra. Sin embargo, al contrario que Non sono nessuno, Marra sigue el día a día de un administrador de comunidades en dicha ciudad de manera muy común; tanto que lo que cuenta carece de todo tipo de atractivo. Una película en la que en apariencia hay poca construcción, con la cámara siguiendo al protagonista mientras se encuentra con distintos vecinos con los que habla de sus problemas. Un documental muy regional, posiblemente más comprensible y disfrutable para gente del país que se vea reconocida en los individuos que aparecen, que para quienes lo vemos desde fuera. Frente a L’Amministratore, tenemos la cuidada elaboración de 9×10 Novanta, que, como su propio título indica, se forma a partir 9 cortos de 10 minutos cada uno, construidos con imágenes de archivo del Instituto Luce Cinecittà, en conmemoración de su 90 aniversario. Entre todos los realizadores, se encuentran dos de los participantes en el Festival con otros trabajos: Claudio Giovannesi, director de Wolf (del que hablamos en el primer artículo), y Alice Rohrwacher, directora de Le Meraviglie.

En 9×10 Novanta encontramos fábulas, pequeños biopics y documentos históricos, entre los que destaca Progetto pánico, de Paola Randi, sobre la situación de la mujer en Italia, aunque su intención de introducir demasiados temas en tan pocos minutos hace que su exposición resulte algo violenta. Con ellos se entrelazan historias de corte metafísico, existencialista o filosófico, muy crípticas y poco accesibles, pero que resultan más interesantes, especialmente cuando se prescinde de la desagradable y pedante voz en off presente en casi todos los cortos. Es el caso de Girotondo, de Costanza Quatriglio, el mejor trabajo de todos. Pero en general, el conjunto de 9×10 Novanta acaba resultando deslavazado por una falta de objetivo común, y, a la postre, su resultado es muy poco estimulante.

Dentro de los largometrajes de ficción, nos encontramos con la película que más satisfechos nos ha dejado en su visionado, precisamente por su consecuente falta de pretensiones: Soap Opera, de Alessandro Genovesi. Estamos ante una comedia experimental y alocada en la que los irritantes vecinos de un edificio se verán envueltos en toda una serie de situaciones surrealistas. Tras Il peggior Natale della mia vita (2012, secuela de su ópera prima La peggior settimana della mia vita2011-), Genovesi vuelve a situar la acción en las mismas fechas festivas, en este caso en Año Nuevo, y además cuenta de nuevo con los mismos actores principales que las anteriores, un efectivo Fabio de Luigi y una encantadora Cristiana Capotondi; ambos comparten protagonismo en esta historia coral con toda una serie de individuos a cada cual más esperpéntica. Con una puesta en escena casi siempre muy teatral, Soap Opera transita entre el romanticismo clásico y el humor grueso, pero sin que lo grotesco llegue a enturbiar su cuidada estética (visual y musical). Una película que consigue su objetivo de amenizar y hacer reír en más de una ocasión, que ya es mucho.

Por último, haremos referencia a otra cinta de la que en principio cabía esperar bastante pero que finalmente tampoco cumplió con los previsto: In grazia di Dio, de Edoardo Winspeare. Una película que empieza como una historia de una familia formada casi en su totalidad por mujeres, que deben aprender a sobrevivir después de que el negocio familiar se hunda. La búsqueda de naturalismo (muchos de los intérpretes son no profesionales) degenera en unos personaje exagerados y antipáticos que, al no saber lidiar con sus problemas, consiguen que la película se tambalee constantemente por la línea de la nada. Winspeare ensalza la vida rural de un modo algo trasnochado, y parece que quiere hablar de temas importantes, como el amor en todas sus facetas, la búsqueda y la pérdida de los sueños, o las diferencias generacionales, pero los deja todos sin explotar. In grazia di Dio va de más a menos, dejando en el espectador un poso de frustración considerable; la misma que sufren las protagonistas de la película, pero por motivos muy diferentes.

1 Comment

Leave a Comment