Hombres, mujeres y niños (Jason Reitman, 2014)

CRÍTICA DE SOFIA PÉREZ:

Añoranza de tiempos mejores.

Que Jason Reitman está descontento con el presente del mundo en el que vive es de sobra conocido. Sus películas (a excepción de Una vida en tres días2013-, que se trata de un caso aparte) suelen criticar diferentes aspectos de la sociedad moderna, de manera más eficiente cuanto menos bienintencionado se muestra. Sin embargo, en sus dos últimos trabajos, más que querer criticar la contemporaneidad, parece que Reitman le tuviera miedo. En Una vida en tres días, el director huía directamente al pasado y a un mundo tan romántico como absurdo. Con su último filme, Hombres, mujeres y niños, decide enfrentarse al ahora, a la plena actualidad, pero desde una óptica esencialmente conservadora.

Basada en la novela de Chad Kultgen, Hombres, mujeres y niños sigue la línea de filme coral preocupado por los problemas que acaecen a una parte de la sociedad estadounidense, sobre los que se alarma de forma necesaria, pero al mismo tiempo tremendista. Los avances del nuevo siglo nos han hecho evolucionar en el sentido tecnológico, y sin embargo, involucionar a nivel emocional, generando una incomunicación desoladora. La gente se esconde detrás de las pantallas, revelando sus secretos más íntimos a completos desconocidos en la red, donde cualquiera puede leerlos, pero son incapaces de hablar con las personas más cercanas. Un discurso tópico y manido, que sin embargo, bien llevado, puede dar un resultado tan ejemplar como el de Her (2013) de Spike Jonze, pero que en este caso prefiere irse por los caminos del moralismo.

A la manera demonizadora de Richard Linklater en Fast Food Nation (2006), cambiando las empresas de comida rápida por Internet y los aparatos electrónicos, Reitman rescata la forma en que Kultgen plantea la sexualidad en sus libros, con una desinhibición que precisamente hace más frustrante su temeroso recorrido a la función e influencia de las nuevas tecnologías en la vida diaria. Más cuando, al mismo tiempo, Reitman se sirve de éstas para configurar el aspecto estético que le quiere dar a la película. Tras meterse con Una vida en tres días en una tierra de nadie incomprensible, el director vuelve a ser reconocido visualmente, desde los originales créditos inciales hasta un estilo que, si bien sigue al dedillo las bases del cine indie contemporáneo, también hay que reconocer que él fue uno de los que precisamente las estableció.

Reitman quiere tratar cuestiones fundamentales, pero lo hace a través de casos demasiado tópicos y extremos, y una diferenciación de caracteres simplista y esquemática., por lo que resultan muy difícilmente creíbles. Quizás lo más atrayente sea todo lo relacionado con el matrimonio interpretado por Adam Sandler y Rosemarie DeWitt (probablemente los mejores adultos de la película, junto con Dean Norris, que será por siempre Hank en Breaking Bad), exponiendo planteamientos poco comunes, como la infidelidad como posible solución aceptada de una crisis de pareja. La parte joven del reparto destaca por su naturalidad, especialmente Kaitlyn Dever (Las vidas de Grace), y Ansel Elgort (Bajo la misma estrella), pero con problemas enfocados de forma poco verosímil. Peor parados salen algunos personajes directamente surrealistas como los de las madres exageradas de Jennifer Garner y Judy Greer.

Hombres, mujeres y niños rescata algo de la acidez de las primeras películas de Reitman, pero de una manera desganada y sin apenas nada del humor amargo que había en películas como Gracias por fumar (2005) o Up in the air (2009), sus dos trabajos más logrados. Una cinta sobre nuestro tiempo, al que Reitman parece mirar desde la distancia precavida, y con cierta superioridad de quien se sabe conocedor de los problemas del mundo. Quizás algo más de humildad y naturalidad no le hubiesen venido mal a una película que, al fin y al cabo, no aporta casi nada nuevo con su visionado.

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