Festival de Cine Italiano | Crónica primera

El Festival de Cine Italiano de Madrid se consolida en su séptima edición como uno de los eventos cinematográficos más importantes de la capital del último trimestre del año. En primer lugar, por su cada vez más amplia y variada oferta de proyecciones, que incluye largometrajes, documentales y cortometrajes actuales, y una retrospectiva. Y en segundo lugar, por su cambio de ubicación, de los Cines Verdi a los más céntricos y concurridos Renoir Princesa, lo cual manifiesta una ambición mayor en las pretensiones del Festival. Organizado por el Instituto de Cultura de Madrid, durante una semana (del 27 de noviembre al 4 de diciembre), el público tuvo la oportunidad de asistir de manera gratuita a algunas de las producciones más importantes del cine italiano de esta temporada. Como principal atractivo, entre los largometrajes de ficción (que esta edición además contarán con la novedad de un Premio del Público) se pudieron ver películas como El capital humano, de Paolo Virzi, que triunfó sobre la La gran belleza (2013) en los David di Donatello, y es la candidata por su país a los Oscar 2015, además de haber ganado el Premio del Público en el reciente Festival de Sevilla, o Le Meraviglie, de Alice Rohrwacher, una de la triunfadoras también en Sevilla, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado y el de la Mejor Actriz.

Uno de los aspectos más destacados del Festival es además la importancia que le da a la producción documental italiana, a la que se le dedica el mismo espacio que a la ficción, en una sección competitiva con un premio otorgado por un jurado especializado. Lo mismo ocurre en el caso de los cortometrajes, que se inauguraron con Bella di notte, del director Paolo Zucca, que ya participó el año pasado con su película L’Arbitro (2013). Se trata de un cuento gótico de animación, narrado por la inconfundible voz del actor Stefano Accorsi (que también participa en esta sección con un cortometraje dirigido por él mismo), que hace un alegato sutil de la eutanasia y una crítica hacia el extremismo religioso.

Tras Bella di notte, se proyectó también el primero de los documentales que se verán en el Festival, Wolf, de Claudio Giovanessi (al que también veremos como uno de los realizadores del documental conjunto 9×10 Novanta). Ganador del Premio Especial del Jurado en Turín el año pasado, Wolf es un trabajo complejo y polémico que nos habla de nuevo de Benjamin Murmelstein, gran rabino de Viena y colaboracionista con los nazis en el gueto de Terezin. Pero lo hace desde una óptica diferente a la que hayan podido mostrar otras películas sobre él, entre las que destaca sin duda El último de los injustos (2013) de Claude Lanzmann, ya que esta vez es el hijo de Murmelstein, el Wolf del título, quien cuenta la historia directamente ante la cámara. Un hijo que, ya anciano, quiere exonerar de culpa a su padre a toda costa. Una película directa, sin apenas concesiones, configurada fundamentalmente con las conversaciones que Wolf Murmelstein mantiene con el psiquiatra David Meghnagi. Aunque no se trate de sesiones médicas propiamente dichas, es interesante el componente psicoanalítico que puede haber en un documental (como se veía también en la recientemente estrenada 20000 días en la tierra). Una película ante la cual es muy difícil quedar indiferente, y que despertará sin duda opiniones encontradas. Un visionado estimulante cuanto menos.

El segundo documental del Festival fue Felice chi è diverso, que se presentó hace casi un año en el Festival de Berlín, y pasó por la sección Zabaltegi de San Sebastián. Se trata del último trabajo de Gianni Amelio, director al que se le ha concedido en esta edición el premio a toda su carrera. Por este motivo, en el Festival se proyectan además dos películas suyas a modo de pequeña retrospectiva: Las llaves de la casa (2004) y La estrella ausente (2006). Amelio, enormemente expresivo y con una presencia y capacidad para enganchar al público impresionantes, presentó Felice chi è diverso, un recorrido de la problemática en torno a la homosexualidad en Italia, desde la época del fascismo hasta la actualidad. A través de testimonios de diversos hombres de todas las clases y condiciones, que nos cuentan como descubrieron y desarrollaron su tendencia sexual, Amelio hace un estudio sociológico de un país que deja mucho que desear. Por momentos llega a ser realmente avergonzante, especialmente las películas, programas de televisión y revistas y periódicos que ridiculizan el tema homosexual sin el menor problema. Así vemos el escarnio público que sufrió por ejemplo Pier Paolo Pasolini por parte de la prensa. La película gana fuerza con algunas confesiones escalofriantes, como la de la transexual feliz por haberse convertido en mujer, pero que debido a ello ha tenido que renunciar al placer sexual, o la del hombre huérfano que lamenta la muerte de sus padres, pero también se alegra de no haber tenido que pasar por el trauma de confesarles su condición. Parece que los homosexuales no pudieran nunca ser plenamente felices, y eso es algo que no ha cambiado con los años, como se ve en las últimas declaraciones del único chico joven que aparece en la película. A pesar de que Amelio establece un arco amplio que se deja fuera, al menos, una generación, la que pueda ir de las 30 a los 50 años, Feliche chi è diverso establece un panorama sobre una país supuestamente moderno que, sin embargo, hoy en día continúa incapacitado para superar sus prejuicios.

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