La figura: Juliano Ribeiro Salgado (documentalista brasileño)

Este viernes llega a los cines La sal de la tierra, el documental sobre el fotógrafo Sebastiao Salgado realizado por Wim Wenders y su hijo Juliano Ribeiro Salgado, tras su exitoso paso por Cannes en Un certain regard, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado, y más recientemente por San Sebastián, donde también ganó el Premio del Público. Fue en el mismo festival donostiarra donde tuvimos la oportunidad de hablar con Ribeiro Salgado sobre el desarrollo del proyecto, las experiencias en los viajes con su padre, y la labor del documental en la época de crisis actual.

¿Cómo surgió la idea de hacer un documental sobre Sebastiao Salgado?

Acompañé a mi padre en un viaje a la Amazonia brasileña a visitar a los indios zoe, que salen al final de la película. Y fue muy interesante porque los zoe son una tribu que viven de una forma totalmente idéntica a como lo han hecho desde siempre, y nunca tienen ninguna clase de agresividad ni pelean entre ellos. Y para decir la verdad, mi padre y yo teníamos una relación un poco distante, yo tenía miedo de acompañarle y quedarnos juntos con un pueblo que no habla portugués. Pero fue increíble, porque los zoe son tan buenos y tan dulces, que lo pasamos muy bien. Yo grabé a Sebastiao , porque es lo que hago desde siempre, rodar, documentar… Era uno de los últimos trabajos de Sebastiao, Génesis, y quería guardar algo, porque pensaba que, a lo mejor, cuando tuviera 70 años, podría convertirse en una película.

Cuando volví, edité estas imágenes, y se las enseñé a Sebastiao. Se emocionó mucho por la manera en que yo lo vi, y así empezó un diálogo de imágenes. A partir de ese momento se creó una confianza que a mí también me emocionó, y me hizo darme cuenta de que no necesitaba que pasara tanto tiempo para hacer una película sobre Sebastiao. Pero estos viajes que empezamos a hacer juntos no podían ser el único material del film, había otra cosa. Y es que, desde siempre, Sebastiao viaja, y vuelve con muchas cosas que decir, encuentros, experiencias únicas que casi solo ha vivido él… Cosas muy importantes de una humanidad muchas veces en crisis. Y yo tenía la intuición de que ésto, mezclado con la fotografías, era un material cinematográfico muy importante.

¿Y cómo se involucró Wim Wenders en el proyecto?

Wim tenía la intención de hacer una película sobre Sebastiao en algún momento, pero no sabía cuál y cuándo. Lo increíble es que cuando volví del viaje con los zoe, hablé con Wim, y me di cuenta de que él tenía la misma intuición sobre el material que yo. Y ahí se empezó un diálogo de casi dos años por email (Wim escribe muy bien), viajes, yo fui a Berlín a visitarlo, él tenía que venir algunas veces a Paris, nos encontrábamos… Dialogamos mucho, y tras dos años, nos dimos cuenta de que había una manera de contar la historia de Sebastiao a través de la transformación que le llevó a ir lejos, demasiado, a perderse, a quebrarse, y a tener que reinventarse. Nos dimos cuenta de que ahí había una historia dramatúrgica, y empezamos a trabajar. Es algo que ha venido creándose, una idea de que había que hacer la película que se formó de manera muy fuerte y casi imperativa.

El trabajo fotográfico de Sebastiao no es puramente informativo, tiene mucho de sentimental, algo que también le ocurre a La sal de la tierra. ¿Cómo hiciste para crear ese paralelismo?

Fue muy difícil hacer esta película con respecto a las técnicas de la narración, porque tiene muchos niveles, temporalidades diferentes que se entrecruzan, y también, lo más importante, era hacer un viaje a través de la subjetividad de Sebastiao, la subjetividad de la memoria, y permitir al publico proyectarse 30 años atrás través de los relatos y las fotografías. No queríamos hacer un documental sobre un fotógrafo y su técnica, sino hablar de alguien que podía testimoniar sobre una humanidad en crisis de una manera única. Y permitimos a Sebastiao transmitírselo al público. En esta construcción un poco racional de cómo íbamos a hacer la película, era también muy importante contar la historia de Sebastiao con un arco dramatúrgico, y a la vez transmitir el mensaje humano y de esperanza. Así que fue mucho trabajo, muy complicado, un año y medio editando, muchas peleas, pero al final un éxito, y nos quedamos muy contentos con el resultado.

“LA CLASE MEDIA BRASILEÑA YA TIENE CONCIENCIA SOCIAL, BASE CRÍTICA. HAY UN DIÁLOGO NUEVO”

Hablabas antes de los viajes con tu padre a visitar diferentes pueblos indígenas. ¿Qué fue lo que más le impactó de la convivencia con ellos?

Hubo un viaje a Papúa (que también está en la película), en el que yo acompañe a Sebastiao; fue un viaje muy complicado, tres horas en un avión pequeño de dos hélices a Mata, un pueblo perdidísimo, aterrizamos en una pista rudimentaria, y después tuvimos que andar durante dos días por montañas, subiendo, bajando… Y al final encontramos a un pueblo que vivía totalmente a la manera antigua, sus tecnologías son el agua del rio y la luz del sol, no tienen apenas agricultura, los cerdos viven en las casas, visten ropas tradicionales… A mí, siendo francés y brasileño, me parecía que estaba viviendo una experiencia alternativa muy grande. Y en un momento, estaba grabando a un grupo que estaba trabajando muchísimo y muy duro, y después de cuatro o cinco horas, un tipo saca dos maderitas… ¡y consigue hacer fuego! Me emocionó mucho porque tenía la impresión un poco intelectual de estar viviendo uno de esos momentos capitales de la humanidad. Seguí filmando pensando en el símbolo, en la fuerza de este momento, viviendo estas emociones, y cuando me di cuenta, se estaban haciendo unos cigarros y empezaron a fumar y a discutir después del trabajo. ¡Como mis amigos y yo en Paris o Brasil después de un día de edición! Y súbitamente, la distancia se acabó. Se convirtió en un viaje completamente diferente, y creo que así es también un poco el viaje de Sebastián, desde esa igualdad.

El progreso supone la desaparición de algunos pueblos indígenas, ¿cuál es tu visión al respecto?

Esta es una problemática muy interesante, que es muy latinoamericana. Yo creo que no hay progreso sin ciudadanía. Para tener ciudadanía tienes que traer el máximo de personas dentro de la clase media, para que puedan reivindicar del estado lo que éste les debe, la estabilidad para organizar una vida a través de la sanidad, la educación, la justicia… Para obtener esto es necesario, en mi visión de la cosas, que el pueblo se manifieste, para obligar a que haya una forma de diálogo entre ellos y el poder, los políticos; una masa crítica de de clase media para poder imponer una sociedad más justa . Esto yo no le he visto en ningún lugar de América latina. En Brasil con certeza ya no la hay, pero creo que estamos yendo por un camino, muy positivo, con todas las manifestaciones del año pasado, que demuestran que hay una conciencia ciudadana y una base crítica de clase media . Hay un diálogo nuevo.

¿Te gustaría seguir esta línea de documental que explora lugares poco conocidos por el hombre?

Hace 18 años que me dedico a esto, pero es la primera vez que tengo una película que entra en este circuito, que para mí es una suerte muy grande, y al mismo tiempo, es una responsabilidad, porque es una película muy importante para nosotros, hay mucho que queríamos compartir con el público. Sobre los otros proyectos, estoy haciendo otro documental en Amazonia, que es sobre las personas que viven en un pueblito donde no hay justicia. Es como el inicio de la civilización. Es Brasil, pero casi no lo es. Y ahí, sigo a cuatro personas que sienten la necesidad de cambiar las cosas, pero como no hay ley común, también tienen pulsiones terribles y matan por sus propios ideales… Hay una historia dramática muy interesante. También estoy escribiendo una historia en Sao Paulo. Por supuesto quiero seguir haciendo filmes, no sé si van a tener el mismo éxito, pero es una necesidad.

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¿Y volverías a trabajar con Sabastiao?

Yo creo que este es el último proyecto que haré con Sebastiao. Para mi había dos necesidades de hacer la película: una, el hecho de que, a partir del momento que filmé con los zoe y que Sebastiao vio las imágenes, necesitaba acabar este viaje y transformar mi relación con mi padre. Y hoy somos amigos. Y lo segundo, porque siempre ha habido una crítica muy fuerte sobre el trabajo que Sebastiao, afirmando que es el fotógrafo de la miseria, y básicamente que hacía dinero con las muertes de otros; eso es muy injusto, porque su trabajo es muy real, y su relación es de igualdad con todos los que se encuentra. Es algo muy sincero. Yo quería poder permitir a Sebastiao hablar para que todos sepan que cuando encuentra a alguien para fotografiar, él crea relaciones, vive con esas personas, pasando mucho tiempo y arriesgándose mucho. Y era una forma también de hacer justicia para mi padre.

¿Cuál crees que es la función del género documental actualmente?

Creo que la función del documental en estos momentos es muy importante, porque vivimos una etapa en el cine en la que la industria hollywoodiense hace películas (no todas, hay muchos directores interesantes en EE.UU. pero la mayor parte de lo que llega) que son fabricadas, pensadas para hacer una recaudación mínima. El documental es el contrapunto a esto, es la manera de hacer las cosas más libres, de una forma más interesante, pero también atrayendo al público. Estamos viviendo una crisis muy grave, no sabemos lo que va a ser, el mundo está cambiando. Creo que esta crisis que vive Europa es la crisis del final del colonialismo. No hay más transmisión negativa de recursos. Hay una necesidad de reaprender a vivir, de tener otro proyecto, una utopía… No sé de qué, pero tal vez el documental es una forma de preguntarse, de hacer pensar al público sobre ello. Hay mucha gente que está haciendo cosas baratas pero muy sutiles y pensadas, y yo creo que el documental es una herramienta muy importante para comunicarnos.

De modo que finalmente estás haciendo lo mismo con tus documentales que lo que tu padre con las fotografías…

Sí, hay una cosa que no le va a gustar nada a mi distribuidora, pero el acceso gratuito de estas cosas por internet, el poder compartirlas, creo que es excelente, que se debe hacer.

Entrevista realizada en el Hotel María Cristina de San Sebastián,

El 21 de Septiembre de 2014

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