Escenas de matrimonio

Si alguien ajeno al universo de David Fincher le echa un vistazo a los títulos que componen su filmografía, probablemente piense que se trata de un director bastante apoltronado en el thriller que se dedica a filmar películas cortadas por el mismo patrón. Nada más alejado de la realidad.

Cierto es que gran parte de sus películas orbitan alrededor de sombrías intrigas con una serie de elementos comunes que planean sobre la trama: carismáticos psicópatas, horribles crímenes, protagonistas atormentados por oscuros secretos y la sordidez a la vuelta de la esquina. Sin embargo, películas como Se7en, The Girl with The Dragon Tattoo y Zodiac no podían ser más diferentes entre sí pese a reunir todas estas características compartidas.

Con su último trabajo ocurre lo mismo. Partiendo de la sospechosa desaparición de una mujer con su marido como principal sospechoso y plagada de personajes con mucho que esconder bajo la alfombra, Perdida no se parece a nada que haya rodado Fincher con anterioridad (aunque sea una obra palmariamente atribuible a su autor), y puede que incluso a nada en absoluto.

El material de partida es el excelente best-seller homónimo de Gillian Flynn, aquí encargada personalmente del guión, que cuenta con una trama llena de alocados e imprevisibles giros, altas dosis de negrura y cinismo y un par de brillantes reflexiones: se puede entender fácilmente qué había visto Fincher en ella. No obstante, trasladar el libro a la gran pantalla suponía un enorme reto, pues su narración compuesta por dos voces en diferentes líneas temporales (ella y él) alternadas entre los distintos capítulos resultaba difícil de imaginar en una película sin afectar al dinamismo característico del director de La red social. Fincher ha elegido resolver esta encrucijada optando por la literalidad como principal máxima: la historia de Amy, la chica perdida, se nos va desvelando en flashbacks previos a la desaparición que ella misma narra en off.

Esta fidelidad a la novela convierte a Perdida en la películas más literaria de su autor junto con El curioso caso de Benjamin Button. Parece que Fincher, ante la magnitud del material original, haya decidido poner su cámara más al servicio de la historia que nunca, dejando que cada espectador juzgue imparcialmente cada escena sin decantar él la mirada a través de su encuadre.

A excepción de un par de gloriosos arranques, quizá estemos ante el Fincher más contenido, desplegando una estética más funcional de lo usual que sirve como cauce adecuado para que fluya una historia con ambigüedades escondidas en miradas o sonrisas, que aquí ejecutan unos extraordinarios Rosamund Pike y Ben Affleck. Mención especial para este último, actor siempre en el punto de mira que aquí borda un papel en el que encaja a la perfección: el (presunto) chico bueno de rostro (e intenciones) insondables.

Estamos, no obstante y sin duda alguna, ante una película de David Fincher. Su atmósfera malsana y su tono perturbador siguen ahí. Gran parte de la culpa la tiene las desasosegantes melodías compuestas por los ya habituales Trent Reznor y Atticus Ross en su tercera colaboración con el director. Ojalá les dure la relación: han encontrado una extraordinaria comunión entre sus estilos, que cada vez se compenetran más y mejor.

En medio de tanto drama también está presente el Fincher más juguetón: el de los giros locos de The Game y el humor corrosivo de El club de la lucha (hay un par de escenas de carcajada pura).

Quizá sea esta (¿excesiva?) mezcla el punto flaco de un film que por momentos se parte en dos como si sufriese un trastorno de personalidad: lo que empieza como un angustioso y opresivo thriller deriva por momentos en una comedia negra conyugal.


1 Comment

  • TOP 2014 | Lo mejor del añoLa Llave Azul 23 diciembre, 2014 at 16:53

    […] “Perdida no acaba por resultar tan redonda como otras obras del autor, pero quizá sea de las más estimulantes y no carece de su toque de genio.“ .- Jonathan Sedeño […]

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