El demonio en el cuerpo

En uno de los relatos que configuran la película de Damián Szifrón, un fiscal que investiga un accidente pide hablar con todos los miembros que se encuentran en la casa del supuesto culpable. El protagonista bromea diciendo que en la casa solo están él, su mujer, su hijo y el perro, a lo que el fiscal responde que el perro puede quedarse fuera del tema. Esta es precisamente la clave de Relatos salvajes: una cinta en la que se difuminan las fronteras que nos diferencian de los animales (de ahí sus créditos iniciales); pero es precisamente nuestra capacidad de razonar, de planear nuestros actos, lo que nos hace más temibles.

Convertida en un fenómeno en su país de origen, siendo ya la película más taquillera del año en Argentina, presente en la Sección Oficial de Cannes, y ganadora en San Sebastián del Premio del Público a la mejor película europea (por su coproducción española), Relatos salvajes llega ahora a los cines de nuestro país dispuesta a desencajar mandíbulas. De risa, y de sorpresa. Diferentes personajes de diversas procedencias y clases sociales, con sus circunstancias personales, ofrecerán un amplio abanico de situaciones, que son un reflejo de la sociedad argentina actual, pero en la que podemos ver un nexo común con muchos más países latinos a un lado y otro del océano.

Relatos salvajes comienza con divertido y juguetón prólogo en un misterioso avión, al que le siguen cinco historias: una chica que se encuentra con el hombre que le arruinó la vida; un hombre que tiene una avería con su nuevo coche en medio de la nada, y debe enfrentarse a un conductor al que insultó horas antes; un ingeniero con problemas familiares que está harto de que la grúa se lleve su vehículo; un padre que tiene que ayudar a su hijo a salir de un terrible problema; y una novia que se enterará el día de su boda de un secreto de su reciente marido, que cambiará su futuro. Un juego de casualidades y coincidencias que pondrán al límite de sus posibilidades a sus protagonistas, lo que les hará estallar. En su desesperación, son poseídos por una ira que solo pueden calmar con un acto violento, ya sea físico, verbal, sentimental…

Szifrón nos muestra el lado menos cívico del ser humano, y el estado más patético al que se puede llegar. El director introduce la cámara en lugares imposibles (maleteros e interiores de coches, cabinas de avión), con abigarrados movimientos, en los que los espejos y los cristales tienen una importancia fundamental, tanto en su calidad de objetos reflectores, como de armas vengativas. También, excepto en el último episodio, los coches tienen un papel protagonista, como una especie de revisión actualizada de El diablo sobre ruedas (1971) de Steven Spielberg, con cuya serie televisiva Cuentos asombrosos se le encuentran no pocos parecidos a la película. No se debe olvidar destacar el uso casi siempre irónico de la banda sonora, con temas como el de amor de Flashdance o “Aire libre” de Lucien Belmond, y la música original compuesta por Gustavo Santaolalla.

Relatos salvajes tiene además uno de sus principales atractivos en su llamativo reparto, que incluye algunos de los nombres más importantes de la escena argentina, como son Ricardo Darín (inolvidable ‘Bombita’), Oscar Martínez en el episodio menos cómico y más amargo, y Leonardo Sbaraglia, en el que probablemente sí que es el retrato más brutal, además de ser el mejor desarrollado y realizado. Un excepcional cortometraje. Sin embargo, finalmente la que se revela como reina de la función es Érica Rivas como esa novia enajenada. Szifrón decide darles a algunos una relativa esperanza, y a otros una conclusión devastadora y definitiva.

Estamos en una época en la que la concepción del ser humano que tenemos es absolutamente descarnada y falta de fe. Este mismo año el alemán Johannes Naber presentaba Tiempo de caníbales, en la que convertía a tres ejecutivos en lobos devoradores y devorados por la ferocidad del capitalismo. Szifrón retuerce todavía más su visión perversa y cínica de la sociedad en una película en la que reír es la única solución para espantar el demonio que todos tenemos dentro y que lucha por dominarnos. Nos reímos porque, en el fondo, sabemos que a todos, en un momento determinado, nos podría pasar lo mismo.


1 Comment

  • mawi 20 octubre, 2014 at 10:38

    a mi me ha gustado mucho, historias cotidianas llevadas al extremo, tensión y humor, la critica de llave azul lo cuenta muy bien. os felicito llave azul!!!!

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