Desde el Zinemaldia | Día 3

Continuamos nuestro repaso a la Sección Oficial del 62º Zinemaldia con tres trabajos a competición muy diferentes entre sí, que han despertado opiniones muy dispares. Comenzamos con The drop (La entrega), del director de origen belga Michael R. Roskam, que se estrena en España el día 26, y tiene en su reparto, entre otros, al siempre competente Tom Hardy, Noomi Rapace, Matthias Schoenaerts y al fallecido James Gandolfini, a quien está dedicada. Basada en una novela de Dennos Lehane (que también ejerce de guionista), autor de otros libros llevados con éxito a la gran pantalla como Mystic River, Adiós, pequeña, adiós, y Shutter Island, nos cuenta la historia de Bob, un tranquilo camarero de bar en Brooklyn, que se verá envuelto en una trama mafiosa a raíz de un acto tan sencillo como rescatar a un cachorro de la basura. El problema con The Drop es que se toma demasiado tiempo para entrar en acción; tanto como para que cuando eso pase, ya no interese. La mayor parte del metraje consiste en presentar a los personajes, algo que no tendría que ser malo, si no fuera porque transita por la nada, sin llegar a definir un argumento claro. Esto, unido a un contexto que ya se ha llevado al cine en muchas otras ocasiones y con más pericia, hace que, sin dejar de ser una película con méritos, la sensación ante la película sea más bien fría.

Menos indiferente deja A second chance, de Susanne Bier, aunque no en un sentido positivo. Tras el respiro que supuso la ligera comedia romántica Amor es todo lo que necesitas (2012) Bier, que este año estrena también Serena, de producción americana, vuelve al drama intenso que le dio el éxito definitivo con En un mundo mejor (2010). Sin embargo, en esta ocasión, la manipulación emocional del espectador, que suele ser habitual en su cine pero de manera más contenida, entra en el terreno del tremendismo. Para empezar, ya parte de una idea demencial: un policía que ha sido padre recientemente, pierde a su hijo y, en un ataque de enajenación, decide intercambiar el cadáver por el del retoño de una pareja de drogadictos que no son capaces de mantenerle en condiciones. El protagonista, interpretado con cierto esfuerzo por el cada vez más en alza Nicolaj Coster-Waldau, decide que el mundo no es justo y que va a reestablecer el que debería ser el orden de los elementos. Bier y su habitual guionista Anders Thomas Jensen son muy conscientes de que el tema que abordan puede herir sensibilidades, y no solo alardean de ello, sino que se recrean hasta el morbo más gratuito. El estilo visual de Bier es forzadamente poético, consistente en el uso reiterativo de primerísimos planos (especialmente de ojos llenos de lágrimas) e imágenes naturales de agua, árboles y pájaros. Todo ello sirve de contrapunto algunas imágenes de brusca escabrosidad emocional. A second chance es una película que pretende plantear temas ambiguos, pero cuya forma de enfocarlos se traduce en una impúdica exaltación del padecimiento.

El Casanova más romántico

Pero lo que podría haber sido una jornada bastante decepcionante acabó con trabajo de alto nivel, las Casanova Variations del austriaco Michael Sturminger. Basada en el montaje teatral que creó el propio director, The Giacomo Variations, a partir de arias de diversas óperas de Mozart con libreto de Lorenzo da Ponte, que a su vez tomaba como referencia las memorias del propio seductor, La historia de mi vida, estamos ante la que aspira a ser la versión definitiva de sus andanzas. Y no sería descabellado afirmar que ha conseguido su objetivo. Nos encontramos con un Casanova anciano, en el ocaso de su vida, que recuerda sus numerosas aventuras, y busca el amor definitivo en una de sus antiguas amantes. Poderosamente interpretado por John Malkovich (el premio al mejor actor debería ser suyo), que ya hiciera el mismo papel junto a Sturminger en los escenarios, esta adaptación combina la representación con lo que ocurre entre bambalinas, y una recreación ficcionada de las últimas horas de Casanova.

De este modo se van entrelazando, gracias al agilísimo montaje de Evi Romen, una fábula que tiene mucho de verdad, y realidad que tiene mucho de ficción, en el presente y el pasado, en el teatro y en el cine. Sturminger capta la esencia de ambos medios y deja que la música sea la que conduzca la narración e incluso los movimientos de cámara. Malkovich como Casanova, y Veronica Ferres, que hace de su amada Elisa, se interpretan a sí mismos, y, al mismo tiempo, a sus personajes en la obra, y en un pasado hipotético. Estamos ante un trabajo tan barroco como podría ser el Amadeus (1984) de Milos Forman, pero al mismo tiempo tan real y documental como un making-of. Casanova Variations no se amolda ni se puede categorizar en ningún género concreto. No es ni un musical, ni una película de época, ni una pieza de teatro llevada al cine… No es ninguna de esas cosas y, al mismo tiempo, es todas a la vez. Un filme que solo se puede entender (y sentir) viéndolo. Hermosa en sus imperfecciones, Casanova Variations es una rareza de lo más disfrutable.

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