Desde el Zinemaldia | Día 2

El ganador de la Concha de Oro hace dos años con En la casa, François Ozon, fue el encargado de abrir el segundo día del Zinemaldia en la Sección Oficial a competición. El prolífico director francés es ya un habitual del Festival, en el que, aparte del ya mencionado, ha ganado diferentes premios con Mi refugio (2009) o el año pasado con Joven y bonita. En Une nouvelle amie, Ozon vuelve a explorar el universo femenino desde un punto de vista diferente. Aborda cuestiones en torno al tema del género de manera parecida a como lo hacían Todo lo que tú quieras (2010) de Achero Mañas, o Laurence anyways (2012) de Xavier Dolan (de quien volveremos a hablar en esta crónica más adelante), e incluso algún momento que remite a Matterhorn (2013), de Diederik Ebbinge, en su alegato a la tolerancia. Ozon se decanta por un punto de vista positivo, con un humor menos perverso y más ligero, en la línea de normalidad que quiere transmitir la película. No pierde, sin embargo, su característico voyerismo, que nos introduce de forma incómoda y explícita en la intimidad de sus personajes. El gran pilar del filme es un Romain Duris prácticamente perfecto y muy contenido en su ambiguo papel; un potente primer candidato para el premio al mejor actor. Aunque acaba resultando una película excesivamente explicita, por su afán de subrayar más que a insinuar los asuntos que plantea, Une nouvelle amie es un Ozon que se disfraza de trabajo menor, pero que es más pertubador y reflexivo en el fondo de lo que aparenta en la superficie.

También se presentó, con una tibia aunque bastante unánime acogida, Silent heart, de Bille August, cuyo nombre sigue teniendo peso como para que sus películas compitan en un festival de renombre, a pesar de que el ganador de dos Palmas de Oro en Cannes tiene una filmografía muy irregular, con trabajos de lo más cuestionables en los últimos tiempos. August sin embargo vuelve a Dinamarca para rodar un intenso drama familiar muy lejano a sus filmes de encargo, sobre el que planea uno de los temas más controvertidos dentro y fuera de la gran pantalla: el de la eutanasia. Siguiendo una tendencia muy marcada del cine nórdico contemporáneo, que va desde Celebración (1998) de Thomas Vinterberg, hasta Honeymoon (2014) de Jan Hrebejk, Silent heart en un trabajo teatral e hiperrealista, con la utilización de la cámara en mano y una casi ausencia total de música extradiegética. Un entregado reparto, en el que destaca la parte femenina (magnífica Paprika Steen), completan una película que, si bien no resulta novedosa ni se atreve a abordar el final sin cierto dramatismo exagerado, nos devuelve a un August con personalidad propia. Bien podría hacerse con el premio grande.

La jornada de Sección Oficial acabó con un punto amargo con Autómata, la segunda película de Gabe Ibáñez, producida y protagonizada por Antonio Banderas. Una cinta de ciencia ficción futurista que bebe de los clásicos del género, a los que intenta emular, con una estética heredera de Blade Runner (1982) de Ridley Scott, y del Spielberg más postapocalíptico. Es un proyecto indudablemente ambicioso, que Ibáñez dirige sin excesiva personalidad, pero de forma efectiva. Es en el desarrollo de una historia que empieza interesante donde la película falla, enredándose en una jerga robótica mezclada con reflexiones filosóficas en torno a la dominación de las inteligencias artificiales y el papel del ser humano en ese nuevo mundo, que resultan manidas y confusas. La búsqueda constante de la épica, forzada por la descriptiva banda sonora de Zacarías M. de la Riva, resulta infructuosa: Autómata es una película a la que su buena factura no salva de caer en lo anodino. Tan correcta como prescindible.

Cuando el amor no es suficiente

No podíamos dejar de asistir a una de las citas obligatorias de la sección Perlas de otros festivales: la de Mommy, de Xavier Dolan, una de las películas mejor consideradas allá por donde ha pasado, habiendo ganado incluso el Premio Especial del Jurado en el último Cannes. El reputado joven director canadiense, que refinó y depuró su estilo en su anterior película Tom à la ferme (2013), aunque sin liberarse de sus excesos, vuelve con Mommy a la más intensa visceralidad. Con el que ya es su quinto trabajo como director, Dolan parece cerrar un ciclo que inició con su opera prima, J’ai tué ma mère (2009), en la que trataba el vínculo materno-filial desde un punto de vista de amor y odio cercano al de una relación de pareja. En Mommy se centra más, como ya hizo en Laurence Anyways, en explayar su desesperanzada concepción del amor, en este caso familiar, bastante alejada del romanticismo típico. Pocas veces se ha mostrado tan clara y directa la incapacidad del que se considera el sentimiento más poderoso del mundo de superar determinados obstáculos.

Su inusual y claustrofóbico formato vertical no está solo empleado por como opción estética aleatoria, sino que tiene que ver con lo opresivo de la historia y las situaciones por las que pasan los personajes. Al igual que en J’ai tué ma mère, Mommy está también protagonizada por Anne Dorval, aunque en un papel radicalmente opuesto, de una madre convencional a una eterna adolescente que no sabe cómo controlar a su hijo trastornado, personaje que el director le cede a un portentoso Antoine-Olivier Pilon. Dolan hace gala de su habitual estilo superficial para ahondar, con una extraordinaria sensibilidad, propia de alguien mucho más adulto, en los sentimientos más básico del ser humano, y retorcerlos hasta hacer daño al espectador, que se queda deseando saber qué será lo próximo con lo que nos sorprenderá este creador nato. Devastadora, sin duda, pero al mismo tiempo, una de las películas imprescindibles de este 2014.

2 Comments

  • Sitges 2014 | Previa exhaustivaLa Llave Azul 2 octubre, 2014 at 17:23

    […] * La Llave Azul:  “Es un proyecto indudablemente ambicioso, que Ibáñez dirige sin excesiva personalidad, pero de forma efectiva. Es en el desarrollo de una historia que empieza interesante donde la película falla, enredándose en una jerga robótica mezclada con reflexiones filosóficas en torno a la dominación de las inteligencias artificiales y el papel del ser humano en ese nuevo mundo, que resultan manidas y confusas. La búsqueda constante de la épica, forzada por la descriptiva banda sonora de Zacarías M. de la Riva, resulta infructuosa: Autómata es una película a la que su buena factura no salva de caer en lo anodino. Tan correcta como prescindible” […]

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  • TOP 2014 | Lo mejor del añoLa Llave Azul 23 diciembre, 2014 at 17:02

    […] “Dolan hace gala de su habitual estilo superficial para ahondar, con una extraordinaria sensibilidad propia de alguien mucho más adulto, en los sentimientos más básicos del ser humano, y retorcerlos hasta hacer daño al espectador (…) Devastadora“ .- Sofia Pérez […]

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