Desde el Zinemaldia | Día 1

Un año más (y ya son 62), ha dado comienzo el evento cinematográfico más importante de nuestro país, y uno de los más destacados de todo el mundo, el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se celebra desde el día 19 hasta el próximo 27 de Septiembre. Para su inauguración, ha contado con la presencia del actor Denzel Washington, primer Premio Donostia de esta edición, cuya película, The Equalizer de Antoine Fuqua, ha abierto el festival. Presentada en el recientemente finalizado Festival de Toronto con opiniones enfrentadas, The Equalizer está basada en una serie de televisión de los 80 del mismo nombre. Un hombre con un oscuro pasado, que intentan redimirse ayudando a los que le rodean a mejorar sus vidas, se verá obligado a enfrentarse a sus demonios cuando tenga que defender a una joven prostituta rusa con la que ha establecido una intensa conexión. Fuqua continúa en su dinámica nostálgica de recuperación productos de acción ochenteros, con una mezcla entre drama, acción y gore que no acaba de funcionar por ninguno de los lados: la dirección repetitiva, unida a una historia plana plagada de arquetípicos personajes (especialmente los villanos), acaba derivando en un producto anodino y carente de personalidad. Washington, que vuelve a trabajar con Fuqua tras ganar un Oscar por Training Day (2001), da el papel como antihéroe de forma bastante creíble; pero él solo no puede sostener una trama que, a la hora de metraje, ya se podría haber terminado, y que se limita a alargar, durante otra hora más, un interminable clímax. Con algún momento épico o cómico potenciado por el ambiente del festival, The Equalizer, por sí sola, carece de aspectos concretos por los que ser recordada.

El comienzo de la Sección Oficial a competición fue, por otro lado, inmejorable, con la proyección de La isla mínima, el thriller rural de Alberto Rodríguez. Si hace dos años Rodríguez sorprendía con una meritoria película policíaca como era Grupo 7, ahora vuelve con un no menos atípico (dentro del cine español) trabajo de intriga que devuelve la credibilidad a un género habitualmente maltratado (esto aplicable de manera universal). Cinco años después de la muerte de Franco, en un país que se está adaptando a la nueva democracia, dos policías investigan en un pueblo remoto del sur la desaparición de dos adolescentes. Rodríguez presenta un thriller seco, director, sin concesiones ni giros inesperados, pero muy dependiente de los detalles, a los cuales se les otorga un valor protagónico. Fundamental es además su localización, tanto local como temporal. Rodríguez alude de forma sutil a la cuestión del olvido y la memoria histórica, de manera ambigua y abierta, otorgando libertad al espectador para llegar a sus propias conclusiones. Además de una historia bien anudada, La isla mínima posee además una elegante realización, basada en largos planos que potencian el fuera de campo. Los conductores fundamentales son Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, excelentes en sus circunspectos papeles. En definitiva, un filme al que no le faltan razones para ser uno de los estrenos (el próximo día 26) españoles más esperados del año.

Juventud y vejez

 

La películas inaugurales de las secciones Made in Spain y Nuevos directores compartían el retrato de dos generaciones (aunque muy diferenciadas) a través de la ruptura de los límites entre documental y ficción, algo que ya han llevado a la excelencia en nuestro país directores como Neus Ballús con La plaga (2013), o José A. Alayón con Slimane (2013). Made in Spain rescata películas de nuestro país, ofreciéndoles difusión internacional, y, al mismo tiempo, dándole al público del Festival la oportunidad de verlas. En esta edición se podrán ver desde trabajos fundamentales de la primera mitad del año como Carmina y amén o 10000 km, más comerciales como 8 apellidos vascos o Amor en su punto, documentales como El tren de la libertadSobre la marxa Ciutat morta o rarezas como Stella Cadente. En La llave azul no quisimos perder la ocasión de recuperar Ärtico, de Gabriel Velázquez, director muy presente siempre en el Festival con todos sus trabajos. Ärtico, que recibió una mención especial en la Berlinale, centra su interés en un grupo de jóvenes de Salamanca que tratan de salir adelante dentro de lo que les permite la situación en la que viven. Una nueva mirada al tema de la generación perdida, desde un punto de vista menos universal y más local (como comentábamos en La isla mínima), que, sin embargo, da la impresión de ser una versión muy esquemática del tema. Velázquez pasa de una ficcionada observación realista de los personajes, a un final completamente dramatizado, fomentando así el impacto de una historia que, por otra parte, no necesita de efectismo para golpear la conciencia del espectador.

Supuso una agradable sorpresa la primera película que se pudo ver de Nuevos Directores, No todo es vigilia. Esta sección supone la mayor incógnita del festival, ya que se tienen muy pocos datos sobre las obras presentadas y sus realizadores, y es, por tanto, difícil saber lo que uno se va a encontrar. Algo, que, al mismo tiempo, siempre es estimulante. Hermes Paralluelo aporta en su segundo largometraje (tras Yatasto2011-, una película sobre la vida de los habitantes de un barrio de Córdoba), una coproducción española y colombiana, su experiencia como director de documentales a la vida de sus abuelos, habitantes de un pueblo de Zaragoza. Volvemos, una vez más, a la importancia de la localización y de las costumbres arraigadas. La primera parte de No todo es vigilia transcurre en un hospital donde los protagonistas van a hacerse unas pruebas. Ya desde el principio, Paralluelo demuestra un envidiable control de los planos fijos, con encuadres que llegan a recordar a cuadros de Edward Hopper, inscritos también en esa melancolía característica del artista estadounidense. Según avanza la película, se va revelando aún más plástica y pictórica, como se observa en muchos momentos de la segunda parte, que tienen lugar en la casa de los abuelos. Realmente, en No todo es vigilia no ocurre casi nada; es simplemente el día a día de una pareja de ancianos que ya esperan muy poco de vida. Así, la película se transforma en un impagable documento sobre la memoria de nuestros mayores, sus historias y sus recuerdos, lo cuales guarda Paralluelo en esta película, para que nunca lleguen a olvidarse del todo.

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