Cinco idiotas

A estas alturas no tiene demasiado sentido presentar el estilo Found Footage. Pieza angular del cine de terror de siglo XXI, aunque extendiéndose a otros, ha dado lugar a algunas obras estimables, aunque parece haber un buen número de personas que rechaza este estilo per se, criticando cintas de horror tan estimulantes como El último exorcismo, Encuentros paranormales o Troll Hunter. En España no hemos sido ajenos a esta moda, con muy bien pie, pues Rec es una de las mejores películas que usan esta técnica, dando lugar a una rentable y divertida saga cuya cuarta parte llega este octubre. Aunque también hemos tenido obras lamentables como Atrocious, auténtico despropósito. Desde el pasado Festival de Málaga se viene hablando de la película que se estrena este viernes, La cueva, ópera prima de Alfredo Montero, que tras mostrarla en Sitges hace un par de años y tras unos cambios, cosechó éxitos en el festival del sur de España y en el Nocturna, donde se llevo el premio a la mejor película. Con todo esto uno auguraba con encontrarse algo bastante mejor de lo que es producto final, con muy pocas cosas destacables.

La película se encuentra herida de muerte ya desde sus primeros 20 minutos de metraje. Normalmente este estilo de películas, y no solo en las de metraje encontrado, si no en las de terror protagonizado por jóvenes, lo esperable es encontrar a personajes bastante tontos que simplemente se dedican a pasárselo bien antes de que se desate el horror. Aquí nos encontramos ese elemento multiplicado por diez, con muy poco tino. Así tenemos a unos amigos “jóvenes” (a los que se les presupone la treintena), que se comportan como si fuesen los típicos chavales quinquis de 17 años, descerebrados y porreros, haciendo el gamberro allí por donde pasan. Con actores más jóvenes no habría sido una película mejor, pero si más coherente. Estos cinco idiotas se van a una isla desde Madrid en avión no se sabe muy bien para qué, pues sus intereses por la naturaleza o el ejercicio parecen nulos y los único que hacen es beber, fumar y liarse entre ellos. La profundidad hasta ahí, y algunos personajes ni eso. Aclarar que con todo, la labor actoral no me parece mala, pero poco se puede hacer con lo que tienen.

Después de esto no se entiende que aún haya gente dispuesta a entrar en la película, pero la cosa sigue. Los amigos se meten en una cueva y se pierden, básicamente porque no dan para más (atención al modelito de una de las chicas para meterse en el lugar), y la cosa mejora un poco. La película aquí ya se mete en materia, y gracias al lugar de grabación, la dichosa cueva, consigue crear una atmósfera algo asfixiante, aunque también mareante por los movimientos de cámara. Sin embargo, tampoco hay más que rascar por aquí. Tras unos minutos en los que nos hacemos a la idea de lo que va a ir pasando, la película no avanza narrativamente en su tramos intermedio, unos cuarenta minutos de idas y venidas, buscar por aquí y buscar por allá, sin que realmente ocurra nada. Como poco importa lo que les ocurra a los personajes, de nada sirve el palpable agobio de estar encerrado en una cueva.

Cuando llega el tramo final, y tras un giro excesivamente brusco, Montero termina cayendo en aquello que había estado esquivando con la trama y el tratamiento “realista”: Persecuciones y huidas, malos muy malos, visión nocturna… un batiburrillo que, unido a unos cuantos sustos de lo más estúpidos e innecesarios, algunos a cargo de una solitaria rata que resulta ser el personaje con el que más se empatiza de toda la cinta, da una sensación de estilo fallido, un burdo intento por introducir en el género de terror una cinta que es un thriller de supervivencia sin más, algo que no es ningún inconveniente. Por lo que tengo entendidos, estos elementos y el final se cambiaron después de su primer pase en Sitges. De nuevo, como he dicho antes, dudo mucho que fuera un película mejor pero si más coherente.

La balanza es indudablemente negativa. Un enclave de lo más acertado para grabar, gracias al cual se consigue cierta sensación de asfixia; y una técnica bastante neutra (como suele ser común en el estilo, siempre con excepciones) aunque clara, no hay carreras de 20 minutos en las que solo vemos planos mareantes de rocas, son las virtudes con las que cuenta. Pero con un guión y con unos personajes tan deplorables no hay película que se sostenga. Ver a cinco monos con una cámara dentro de esa cueva sería una experiencia bastante más interesante, y con seguridad su actitud sería mucho más inteligente.

No Comments

Leave a Comment