El oeste según Seth MacFarlane.

La comedia hoy en día tiene pocos nombres prestigiosos, de esos que con solo nombrarlos ya sabes que vas a soltar un buen puñado de carcajadas. No me atrevería a juzgar a Seth MacFarlane como uno de estos grandes cómicos en lo que se refiere a una opinión universal, pero es la opinión de un servidor con total seguridad. Incluso su producto más insulso, la serie El show de Cleveland resulta un entretenimiento aceptable. Si su primer paso en el cine se fraguó con la desternillante e inspirada Ted (2012), había incertidumbre por ver cuál sería su siguiente paso en este campo. Para ello, no ha dudado MacFarlane en dar un paso más hacia adelante en su carrera, poniéndose él mismo al frente de un reparto sin trampa ni cartón, en este western cómico. El western como género ha ido poco a poco abriéndose de nuevo camino en las carteleras con películas como Django Desencadenado, y volviendo a los premios. Aunque me temo que existe aún cierto clasicismo en cuanto a la consideración de este tipo de películas, resultando alabadas en exceso obras como la insulsa e impersonal Valor de ley (2010), y en vapuleos extremos en cintas como El llanero solitario (2013) o la que nos ocupa, películas que enfocan el género desde otro punto de vista (el blockbuster y la comedia), y que ni de lejos resultan tan malas como muchos han querido señalar.

Y es que si bien no es ninguna maravilla, y no llega al nivel de la opera primera del director, si que tienes los elementos suficientes para pasar un buen rato con un humor muy característico. La historia no tiene demasiada complicación ya que no se mete en berenjenales de acción o aventuras y la cosa va más de las relaciones entre los personajes. Hay buenos y malos, duelos y alguna que otra persecución pero no son la tónica general, lo que crea un tono ligero en el que el guión se mueve de manera muy habilidosa. Aunque esto termina resultando un arma de doble filo, ya que precisamente, al no complicarse en exceso, acaba adquiriendo un tomo muy liviano para las dos horas que llega a durar. Con diez minutos mínimo menos estaríamos ante una película más redonda. Igual de hábil, aunque algo irregular, podemos considerar el humor en general, la sucesión de gags y chisten resultan en general muy divertidos, aunque no todos rinden al mismo nivel. Tampoco es para todos los gustos, pues en muchas ocasiones el humor es muy negro, salvaje, y sin cortarse un pelo, en resumen el que siempre a desarrollado McFarlane. Aunque en esta ocasión, más de un chiste se diluye en una escatología de la burda, de la que no encaja con lo que habíamos visto del cómico americano hasta ahora.

Pero como hemos dicho, a niveles narrativos y cómicos la película divierte y hace pasar un buen rato. Por suerte las ventajas no terminan ahí. Y es que MacFarlane, como hemos podido comprobar todos los que hemos seguido sus andanzas en la televisión, es un friki de tomo y lomo de los 80 y esas películas “Spielbergianas” tan características de la época (ahí están sus especiales a la primera trilogía de Star Wars en Padre de familia). Eso se nota en ciertos momentos (hay un gag que es una de las mejores cosas que he visto últimamente en una sala de cine), así como en cierta persecución hacia el final en la que, si bien las habilidades de MacFarlane como director visual no son excelsas ni comparables a las de Spielberg, sí que consigue cierto tono a lo Indiana Jones, gracias en gran parte a la música en esa escena, una banda sonora deliciosa compuesta por John Mcneely que funciona de maravilla a lo largo del metraje, muy inspirada y todo un canto de amor al género (los títulos de crédito, aunque simples, son una gozada).

Siempre es importante en una comedia lo inspirado que este el reparto. El de esta película es amplio y con mucho renombre, aunque a la hora de la verdad solo tres personajes son los que tienen personajes de peso. Seth MacFarlane es, por primera vez el protagonista de la función si esconderse detrás de un dibujo animado, y pocas pegas se le pueden poner. Se desenvuelve a la perfección con un personaje típico de su obra, aunque también es cierto que no es un trabajo que requiera los servicios de un actor como Joaquin Phoenix o Daniel Day-Lewis, por ejemplo. Se encuentra simplemente, divertido y habilidoso, y en ninguno momento por debajo de sus compañeros de reparto, gente de la talla de Charlize Theron, como personaje femenino muy destacable, con mucha personalidad y química con MacFarlane. Aparte de sentirse cómoda en los aspectos cómicos, demostrando lo versátil que puede ser esta gran actriz. Como villano de la obra, un Liam Neeson cumplidor, aunque con un personaje que no se sale de lo más mínimo de los esquemas. Tal vez un villano más loco, con más momentos humorísticos, hubiera ayudado a elevar la cinta. En un segundo plano, nos encontramos con Giovanni Ribisi y Sarah Silverman, amigos del protagonista con alguno punto muy bueno pero muy poco que aportar a la trama, y Amanda Seyfried y Neil Patrick Harris, muy acertados cuando tienen presencia aunque sin demasiado espacio para lucirse.

En resumen es una comedia con la que reírte si te gusta el humor de este hombre, con una trama sencilla que funciona, aunque si bien es cierto que esta algo alargada, y no todos los sketchs están al mismo nivel. Pero se impone el buen hacer general en todos sus ámbitos en una cinta que no se merece la mala consideración que está granjeando. Da la sensación que cierta gente estaba esperando el momento propicio para asestar a Seth MacFarlane el golpe de gracia, y con su primer enfrentamiento a cara destapada han encontrado la excusa perfecta. Yo por mi parte le sigo teniendo como uno de los grandes nombres de la comedia actual, que el año pasado nos dejó sin ninguna duda el mejor momento de los Oscar en años.

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