El foco | Manic Pixie Dream Girl

¿Qué es?

La primera aparición del término Manic Pixie Dream Girl (la traducción más literal sería: Duende traviesa maniática chica de tus sueños) la realizó un crítico al ver Elizabethtown, éste definió el término como ‘Esa burbujeante y vacía criatura cinematográfica que existe solamente en las sensibles mentes de los escritores-directores para enseñar a los hombres jóvenes llenos de sentimientos como abrazar la vida, sus misterios infinitos y sus aventuras.’ En cambio, éste tópico existió mucho antes que Elizabethtown. Por ejemplo, el propio Truffaut ya jugó con ese concepto en Jules y Jim, pero ¿Qué es realmente la Manic Pixie Dream Girl?

En los comienzos se podía entender como un personaje femenino excéntrico, como un alma libre sin ataduras o como esa chica que conseguirá que el aburrido protagonista haga locuras con ella. Los primeros ejemplos aparecieron con obras como: La fiera de mi niña, El apartamento, Desayuno con diamantes, ¿Qué me pasa doctor?, Annie Hall o la antes mencionada Jules y Jim. Estos primeros personajes constituían, en su mayoría, una representación feminista de la mujer, basándose en la idea de ella como ente libre de las ataduras del hombre. Además, lograban cambiar una de las normas no escritas de las obras románticas de la época: el hombre no daba el paso ante la relación, sino ella. Por supuesto, fueron pocas las obras que decidieron y se atrevieron a ir por ese camino, por lo que el tópico no se hizo sólido hasta la aparición de cierta película francesa.

Amelie representa la perfecta Manic Pixie Dream Girl y ayudó a llevar al concepto por una senda algo más alejada de la intención libertina de la mujer, planteada inicialmente. El propio mensaje de la película trata como una mujer alocada, divertida y mágica solo necesita un hombre para ser plenamente feliz. Ella conquista al chico, sí, pero la profundidad del personaje se basa en un marco blanco donde se reflejan los demás hombres de la función, siendo estos más complejos que ella.  Comienza en ese sentido una nueva visión del tópico que trata la mujer como apoyo del hombre.

El filme de Jeunet fue un éxito completo y el carisma arrollador de Audrey Tautou encandiló a la gran mayoría del público. Tanto, que logró convertirse en la película francesa más taquillera de la historia. Por supuesto las productoras observaron como el éxito de la película se debía puramente al personaje principal, a la Manic Pixie Dream Girl. Desde entonces han aprovechado esa idea para exprimir ese estilo de construcción del personaje.

El cliché fortalecido

Esté personaje no tiene, aparentemente, familia o trabajo. Es un ser mágico que aparece en la vida del protagonista para cambiarla. Ellas sirven para realizar un trabajo de apoyo al hombre, y existen llanamente para ser un mero objeto narrativo. El problema de esta decisión en el personaje es la absurdez de ver a la coprotagonista no como un personaje, sino como un objeto en pos de la evolución de otro. Este cliché favorece a la escritura vaga, ya que cualquier película será ampliamente favorecida al tener personajes con profundidad y no meros artificios creados en pos del protagonista. Sí, te estoy mirando a ti: La vida secreta de Walter Mitty.

El cine actual ha utilizado este tópico infinidad de veces: Casi famosos, El quinto elemento, Stranger than fiction, Joe contra el volcán, el remake de My Sassy Girl, El último beso, Otoño en Nueva York, El club de la lucha, Scott Pilgrim contra el mundo… Todos estos ejemplos siguen un común denominador: aunque la chica sea la protagonista, solo servirá de objeto narrativo para desencadenar la trama de otro personaje. Puedes comprobarlo, visionando un filme protagonizado por una chica que emplee el concepto narrativo que estamos tratando. Luego analiza como la historia le afecta a ella como personaje y descubrirás cuantas obras se pierden al centrarse en el protagonista masculino y olvidar a la chica.

Hablando más analíticamente sobre ciertas obras que exponen el cliché de manera perfecta, nos encontramos tres: la ya tratada Elizabethtown, Algo en común y 500 días juntos. En la primera, Orlando Bloom encarna a un personaje deprimido y al borde del suicidio. Pero en un viaje de avión, una azafata interpretada por Kirsten Dunst le ayudará a descubrir la felicidad de la vida. El personaje de Dunst no posee una historia más allá de su interacción con el protagonista, y ni al mismo le interesa. Solamente la conocemos como un ente divertido que le enseña a pasárselo bien.

En Algo en común, Zach Braff es otro personaje deprimido al que se le aparece una chica viva e intensa interpretada por Natalie Portman. Una mujer que sencillamente resulta vacía por dentro ya que lo único que vemos de ella son sus atributos positivos y vitalistas, cuya actitud animará a nuestro protagonista a continuar su viaje por la vida. Pero ella, esta perfilada en pos del personaje principal y en lo que necesita, siendo otro ejemplo de que esté tópico crea objetos narrativos y no personajes.

500 días juntos es uno de los máximos representantes del tópico. Joseph Gordon-Levitt aprende una lección de vida gracias a Zooey Deschanel, aunque en este caso sea algo más profundo que una mera floritura de guión. El personaje femenino cuenta con su propia historia detrás de la relación, pero el personaje principal corta varias veces esa subtrama a su favor. Al final, nos encontramos ante una impoluta deconstrucción del hombre y su relación con una Manic Pixie Dream Girl, tratando finalmente la evolución del hombre que comprende que la mujer no es un simple instrumento para él.

Por suerte, como en todos los clichés, siempre habrá autores dispuestos a dar una vuelta al concepto y profundizar en él y en sus efectos en el cine (y el arte) actual.

Deconstrucción

Poner Titanic y la palabra originalidad en la misma frase suele causar una polémica tremenda, sin embargo, el filme de Cameron es una de las pocas películas capaces de representar a la Manic Pixie Dream Girl como un hombre. 500 días juntos y Titanic no revolucionan el cliché, pero consiguen hacernos entender como un simple cambio puede hacer el tópico más fresco. 500 días juntos exponiendo un análisis del papel del hombre en una historia así y Titanic demostrando como se puede cambiar el rol sin ninguna repercusión negativa.

Olvídate de mí (Eternal sunshine of the spotless mind) se estrenó curiosamente el mismo año que Algo en común, 2004. La increíble obra de Michel Gondry debate sobre las relaciones dejando para la posteridad múltiples ideas de gran calado. Entre esas ideas nos encontramos la deconstrucción de una Manic Pixie Dream Girl. Jim Carrey habla abiertamente en el filme de lo mucho que necesita a Clementine, el personaje interpretado por Kate Winslet que le completa. En una discusión entre ellos, ella dice: ‘Muchos hombres creen que soy un concepto, o que quizás les complemento, o que voy a darles vida. Sólo soy una mujer jodida que busca su propia paz de espíritu, no me asignes la tuya’. Gondry demuestra en éstas líneas que tras la MPDG existe realmente una mujer fuerte y completa.

En los dos últimos ejemplos nos encontramos una clara verdad y un gran acierto: el que sitúa en pantalla a aquellas mujeres que merecen ser protagonistas de su propia historia y no secundarias en las vidas de otros.

Ruby Sparks es el más puro análisis de la fantasía masculina de la mujer creada únicamente por y para el hombre, lo que casualmente se erige también como uno de los más dañinos principios de la Manic Pixie Dream Girl. También comparte esa idea la nueva obra de Spike Jonze, Her. Con la idea anteriormente mencionada, la mujer está programada para ser perfecta para Theodore – el protagonista -, el conflicto dramático (y la suerte para el espectador inquieto) en los dos casos es que ella evoluciona. Mientras el hombre la necesita, ella sencillamente va convirtiéndose en una persona más profunda y, como en los demás casos, al protagonista no le gusta este cambio en ella. Al final, los protagonistas resultan ser unos fracasados sentimentales que necesitan el apoyo de una divertida chica – sin densas preocupaciones – para animarles la vida y/o inspirarles en su trabajo. Su viaje emocional se encuentra en descubrir lo egoístas que han sido con ellas y evolucionar como personas a partir de ello.

El tópico ha pasado a ser una mofa. Talentosos artistas han sido capaces de reconocer este problema y comunicar que significa entender estos personajes como algo normal. No todas las películas que utilizan una Manic Pixie Dream Girl son malas, por supuesto, pero incluso las deconstrucciones de la misma llegan a utilizar el mismo camino emocional que rige al protagonista en las puramente tópicas, denotando siempre una gran falta de ideas al crear personajes femeninos. Existen demasiados clichés en torno a la figura de la creación de la mujer en el celuloide pero, por suerte, poco a poco parecen ir siendo juzgados. Por supuesto, siempre estarán estos trucos de guión que permiten al escritor sacarse rápidamente de la manga una solución a su conflicto. La clave está en aceptar la originalidad, dar una oportunidad a ese giro y dar la espalda a lo de siempre. El cine es todavía un medio joven como para aceptar estas construcciones tan vacuas.

Un artículo de Nacho Vázquez.

1 Comment

  • Adrián 17 julio, 2014 at 13:10

    Genial disertación sobre el concepto de Manic Pixie Dream Girl, excepto que eché de menos la figura de Natalie Portman en Beautiful Girls (1996), una de las películas emblemas de este tipo de chicas.

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