Vuelve el rey de los monstruos.

El cine japonés ha cambiado mucho desde la primera aparición de Godzilla. En 1954 se estrenó Japón bajo el terror del monstruo, un filme con una gran profundidad temática que trataba las inseguridades de toda una nación. Ishiro Honda decidió recrear el sentimiento de Japón ante los ataques atómicos de Estados Unidos, pero se limitó a eso sino que también recompuso la Segunda Guerra Mundial personificando a su rival como ellos lo veían, cómo a un monstruo. Godzilla es Estados Unidos y es el fruto de la guerra, un animal prehistórico despertado y alimentado por las bombas de hidrógeno. La obra original era más cercana al cine independiente más alegórico que a una película de criaturas gigantes al uso, pero pronto la idea clásica de batalla de kaijus llegó también a los films de Godzilla. La saga del monstruo gigante más famoso del celuloide supera las treinta entregas, cada una llevada de una manera distinta: unas se acercaban a la alegoría sobre la Guerra Fría (Godzilla contraataca) y otras a la lucha literal de la cultura del Este y el Oeste (Godzilla vs King Kong). Pero la gran mayoría de éstas películas se limitaban a mostrar luchas de criaturas gigantes, algunas caídas en mejor gracia que otras, siguiendo la estructura y el estilo de una película de serie B. ¿Pero qué ocurre cuando a un director, Gareth Edwards, se le encomienda la difícil tarea de volver a adaptar a Godzilla a la gran pantalla con medios de producción puramente estadounidenses?

Edwards realiza una película de Godzilla que podría insertarse perfectamente en la cronología de la saga original japonesa. El director estadounidense crea un film del monstruo de serie B con el presupuesto de un blockbuster americano. Cómo mencioné, la mayoría de las películas de la saga tratan las pelea de kaijus, y en este caso, el filme plasma la esencia de todas los largometrajes anteriores donde lo primordial, era la batalla entre los monstruos, el puro entretenimiento casi orfebre. La provocación es la baza más importante de este remake, la preparación del espectador para ver a Godzilla en todo su esplendor. Vivimos en un tiempo donde la cultura del entretenimiento satisface ciegamente al espectador, dándole lo que quiere de forma instantánea, pero no lo que necesita. Por ello, siguiendo un esquema basado en esa provocación, la mejor elección de la película es dejar más protagonismo a los kaijus y dejar a Godzilla en segundo plano para hacer sus apariciones más significativas, y lo consigue. Las contadas apariciones de “el rey de los monstruos” se convierten en un espectáculo sin precedentes, señalando la recta final como un verdadero sueño para los fans de éste tipo de cine. Pero, a pesar de no tener a la criatura que da nombre al título en pantalla durante mucho metraje, los nombrados M.U.T.O. consiguen ofrecer unas set-pieces de una calidad incuestionable. Edwards nos concede poco a poco lo que le pedimos a una gran película de monstruos, haciendo las escenas más significativas y atmosféricas tras la larga espera. El misterio, la tensión, las expectativas son su principal arma, no sus personajes.

Ante el triunfo de Japón bajo el terror del monstruo, Estados Unidos decidió no traer la película original al continente para, en cambio, realizar su propio remake llamado: Godzilla, King of the Monsters!. El filme utilizaba el material de la obra de Ishiro Honda para crear algo completamente nuevo, borrando por completo las metáforas mencionadas anteriormente sobre la guerra, y construyendo una nueva trama principal que estaría conducida por un periodista estadounidense que comentaba – de forma redudante – lo que ocurría en la trama. Ese hecho convierte en irónico que nuestro actual protagonista sea un marine de los Estados Unidos en una de las ideas más tópicas posibles en el reciente cine americano. Los personajes de Godzilla bordean el territorio del interés, sobre todo los personificados por Bryan Cranston y Ken Watanabe, pero el problema se encuentra en la poca duración de los mismos a lo largo del metraje, protagonismo mermado por la trama, alargada, del marine anteriormente mencionado. Que lleve el peso de la película un personaje sin emociones, incapaz de sentir miedo por el bienestar de su familia, me parece el peor error de todo Godzilla. Sin emociones, sin dudas, no hay drama y sin drama, no hay conexión entre el espectador y la película. Sin embargo, los personajes de Cranston, Watanabe y Elizabeth Olsen tienen elementos en los que apoyar su desarrollo dramático, pero su breve presencia desaprovecha todo el potencial de dichos personajes. Una forma diferente de caracterización y una utilización distinta de los personajes podrían hacer a los protagonistas mucho más interesantes. Para mal, un clásico en el cine de Godzilla es su pésima creación de personajes.

En cambio, los monstruos denotan una personalidad increíble, un simple suspiro de Godzilla resulta mejor caracterización que la del protagonista. La visión del monstruo cómo un ser viejo y cansado constituye la versión más original de toda la saga. Hasta la relación “amorosa” entre los dos kaijus resulta creíble e incluso más humana que la relación entre los protagonistas. Las oportunidades de Godzilla para demostrar cómo las decisiones de los humanos no acontecen ni influyen en la lucha entre las criaturas es una decisión acertada pero mal llevada. Sin lugar a dudas, que los humanos sean los encargados de llevar el peso dramático de la cinta, mientras se pretende que los monstruos tengan un valor meramente presencial o desencadenante, sin duda lastra el resultado final. La película no es aburrida pero su gran y grave problema se encuntra en su falta de propulsión y en una unión de ideas arriesgadas que no terminan de cohesionarse. Sobre todo una: el cambio en el origen de Godzilla. No está mal tomarse alguna licencia para crear algo nuevo, pero este cambio, rompe todo el mensaje original. Antes Godzilla era el monstruo creado por las bombas atómicas, en un completo alegato contra ellas, ahora las bombas fueron tiradas para poder eliminar a la criatura. Esa vuelta de hoja no lleva a absolutamente nada, únicamente a crear algo nuevo sin pensar realmente en el mensaje tan horrendo que acaba por transmitir.

Godzilla resulta una unión de pros y contras complicada, tanto es así que es tan fácil odiarla como amarla. Pero resalta, el poco mencionado humor que destila. En ocasiones, sobre todo en los últimos minutos, las comparaciones entre las criaturas y los humanos resultan intencionadamente divertidas. Incluso la audiencia aplaudirá de emoción cuando Godzilla entre en acción. Sus personajes lastran la película pero esas intensas set-pieces las compensan.  Es triste encontrarnos una película que lacra tanto en ciertos aspectos pero luce tanto en otros, esa división llevará al espectador a decidir si todo ese tiempo antes de los minutos finales mereció la pena.

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