7 escenas para vivir el cine

Momentos que marcan, que cautivan, que palpitan, que emocionan.

Os damos la bienvenida a ésta nueva La Llave Azul con ocho momentos embriagadores que nos hicieron sentir el cine con, aún, más fuerza. Ocho momentos para que, vosotros, también os enamoréis (un poco más) del séptimo arte definidos brevemente en base a los recuerdos más personales de nuestros cinéfilos redactores.

ESCENA INICIAL · Holy Motors (Leos Carax, Francia – 2012)

La primera escena de Holy Motors consigue explicar el poder del cine. El artista expresa sus sentimientos, su corazón en la pantalla, además de plasmar sus ideas. Pero al final, es el espectador el que decide comprenderlo o quedarse dormido. 

[N.V]

EL SALUDO · Titanic (James Cameron, USA – 1997)

Titanic es la primera película que recuerdo haber visto en el cine. James Cameron me hizo amar el cine en la gran pantalla. La impresión que sentí al ver ese barco partir, lleno de historias, para más tarde hundirse, no la olvidaré nunca. Hizo que, siendo demasiado joven, me emocionara con una de las películas más grandes jamás filmadas. Y no, nunca me retractaré de esta frase.

[L.F]

LA BODA · El hijo de la novia (Juan José Campanella, Argentina – 2003)

Es difícil elegir una sola escena de este clásico contemporáneo, que recorre una amplia paleta de sentimientos y relaciones humanas. Podemos quedarnos con la escena de la boda, porque es la que resume la esencia visual, interpretativa y emocional de la película, ese espíritu entre divertido y melancólico que la inunda por completo.

[S.P]

EL CLUB SILENCIO · Mulholland Drive (David Lynch, EEUU – 2001)

El cine de David Lynch está lleno de momentos absolutamente absorbentes y mágicos pero éste en concreto condensa a la perfección la idea del cine (y el teatro, y la música)  como salvavidas onírico tan bello como imperfecto y como máquina que no cesa de crear ficciones y, también, personas. La escena del “Club Silencio” es arrebatadora, poderosa y espeluznante.

[J.CH]

WISE UP · Magnolia (Paul Thomas Anderson, EEUU – 1999)

Cuando todos los personajes que habitan el universo de Magnolia (la obra cumbre de P. T. Anderson) están rotos, es el propio Anderson el que rompe las normas de su propio filme y nos hace partícipes de una de las escenas más bellas de todos los tiempos, en la que el espectador se siente confuso y a la vez esperanzado ante una escena musical totalmente atípica: la belleza de las imágenes es inigualable.

[J.S]

THOSE WE DON’T SPEAK OF · El bosque (M.Night Shyamalan, EEUU – 2004)

Posiblemente una de las mejores escenas que he visto en mi vida corresponda a una de las películas más odiadas por la mayoría popular. Me considero un absoluto defensor de El Bosque, film del ya caído en desgracia M. Night Shyamalan, y es posible que me veáis demostrarlo en futuras críticas, artículos u opiniones. Para mí se trata de la mejor película del director, pero tuvo la mala suerte de encontrar unos publicistas nefastos.

La escena que nos ocupa tiene lugar hacia la mitad de la película, momento en que la aldea está huyendo despavorida ante la ruptura del pacto con las criaturas que habitan el bosque por el cual ambos vivirían en sus respectivos territorios sin perturbar al otro. Ivy Walker (Bryce Dallas Howard), una joven ciega, espera a Lucius Hunt (Joaquin Phoenix) en el umbral de la puerta con la mano alzada a merced de todas las criaturas que han ocupado la aldea. La angustia consecuente se prolonga en casi un minuto de espera silenciosa digno del mismísimo Hitchcock… pero frente a todo pronóstico es la mano de Lucius la que agarra la de Ivy finalmente, tornándose la tensión bruscamente en belleza. La breve carrera de menos de dos metros a cámara lenta hasta la trampilla que supone su salvación se convierte en una especie de danza tan hermosa como sincera, un trasunto de una especie de vals acompañado por la gloriosa música de James Newton Howard.

 

[M.A]

MARRIED LIFE · Up! (Pete Docter, EEUU – 2009)

Si os digo que he elegido un momento de Up! como una de las escenas que han marcado mi pasión por el Séptima Arte, probablemente todos sepáis de cuál se trata. El prólogo de la película de Pixar que viene a resumir la historia del protagonista antes de que dé comienzo la aventura principal de la trama forma ya y sin duda alguna parte del canon cinematográfico. Ni ocho minutos necesita para ubicar argumental y emocionalmente al espectador, todo ello con una economía de medios, una elegancia y una sencillez alarmantes: unos cuantos planos sin diálogo alguno acompañados de una hermosa melodía de Michael Giacchino son suficientes para mostrarnos la vida de Carl, y me atrevería a decir que la vida a secas. El amor, la alegría, la tristeza, la ilusión, la desilusión, la madurez, los sueños, el paso del tiempo, la vejez, la enfermedad, la muerte, la soledad y, finalmente y sobre todo, el amor y la ilusión de nuevo. Todo está recogido en esta maravillosa miniatura que funciona como pieza independiente a la película. El cine contado en menos de ocho minutos. O la vida. Para algunos viene a ser casi lo mismo.

[A.M]

 

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