¿Nos falta educación sentimental?

Por lo visto en la última temporada de premios, resulta muy desagradable el ver en una pantalla de cine a dos mujeres besándose. En actitud romántica, por supuesto. Es decir, cuando se trata de un beso privado entre dos personajes, y no de una fantasía eróticofestiva. Debe ser algo tan terrible que ni sobrando sitio entre las nominadas a mejor película (8/10 este año) hubo un hueco para esa maravilla que es Carol, de Todd Haynes. Pero no solo en los Oscars miraron a otro lado. Los propios espectadores parecen sentirse incómodos ante algo tan normal como un beso entre dos adultos. Por supuesto que la incomodidad viene dada por el hecho de ser dos mujeres, pero parece que un momento de ternura es más difícil de digerir que una pelea, un puñetazo o un zarandeo. En lo romántico, la comedia es normalmente aceptada. Las risas, supongo, hacen que disminuya el pudor que nos suelen producir las muestras de cariño.

‘Carol’ (Todd Haynes, 2015)

En lo que a la industria se refiere, trato de entender como una película que ha sido valorada en casi todos sus aspectos artísticos (sus dos actrices nominadas; así como el guion, la banda sonora, la fotografía y el vestuario) fue ninguneada en las dos categorías reina. El equilibrio que logra Haynes en todas dimensiones de la película, la elegancia del planteamiento de cada escena, de cada plano, entre otras virtudes, hacen que su trabajo sea, en conjunto, de los más destacables del curso pasado. Pero no lo suficiente como para que ese conjunto se codeara con El Renacido, Marte o Spotlight. En realidad, le están diciendo a Haynes algo como “todo muy bonito, pero no sabemos qué hacer con la película”.

Pero qué esperar cuando, por ejemplo, una de las valoraciones que se hacen del trabajo de Bigelow es que “dirige como un hombre”. Mejor que muchos, me atrevería a añadir. Pero la cuestión es que rueda las historias que le interesan, que le estimulan. No me la imagino con un manual “cómo dirigir películas como un hombre” debajo de su silla de dirección. Ella, precisamente, que nos ha dado uno de los mejores personajes femeninos de los últimos años. Así pues, directora que hace películas como si se tratara de un director, bien. Director que dirige con elegancia una película protagonizada por mujeres, mal. Conclusión: lo de los “Oscars so white” no es el único problema de la Academia.

kathryn-bigelow

Kathryn Bigelow, directora.

Pero no nos centremos en la Academia, que son quienes son, y no representan al espectador medio, ni americano ni de ningún sitio. ¿Qué es lo que nos da tanto miedo de  ciertas historias? Deberíamos indagar un poco sobre que es lo que está fallando: carencia de educación cinéfila, por un lado; pero sobre todo, falta de educación emocional o sentimental. En algunos casos, hasta hay una falta alarmante de educación. Sin más. En lo que se refiere a la educación emocional, parece más claro lo que no se requiere: largos y aburridos textos o tediosas clases magistrales. El acercamiento, autodidacta a partir de cierto momento de nuestra vida, deberá ser personal y abierto. Pero, sobre todo, debería ser respetuoso.

El cine es, sin duda alguna, una herramienta perfecta para dicho aprendizaje. Por su conexión con otras expresiones artísticas, como la literatura y la música, es una buena forma de investigar y aprender sobre el género humano. En lo que a sentimientos se refiere, no siempre es necesaria la proyección de las propias vivencias en las de los personajes. Es más, de las vivencias que pueden resultarnos más ajenas podemos aprender tanto o más que de las historias más cercanas. Y con todo esto no pretendo que tomemos cada película como una manual, o que busquemos en todas las películas la lección sentimental de turno. Ni siquiera debemos entender una cartelera como un índice temático, como el que encontraremos en una biblioteca.

'Las ventajas de ser un marginado' (Stephen Chbosky, 2012)

‘Las ventajas de ser un marginado’ (Stephen Chbosky, 2012)

Se trata más bien de no huir de ciertas películas en base a prejuicios, y de tratar de hacer lecturas abiertas.  De detectar aquellos comportamientos que nos gustan, que podemos incluir en nuestro día a día. Y hacer lo mismo con aquellos hechos y palabras que, por convencimiento, creemos que debemos rechazar. ¿Nos falta educación sentimental? Creo que sí. ¿Es el arte una forma de paliar esta falta en nuestro expediente? Sin duda.


IMMACULADA PILAR COLOM

I AM NOT PAUL AVERY


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