Ellas, directoras.

Chantal Akerman, Paula Ortiz, Isabel Coixet, Kathryn Bigelow, Lucía Puenzo, Sofia Coppola, Claudia Llosa, Jane Campion, Agnès Varda, Icíar Bollaín, Julie Delpy, Josefina Molina, Jodie Foster, Susanne Bier, Mia Hansen-Love; Naomi Kawase… Directoras. Directoras de cine. Mujeres que se dedican al cine, que hacen cine, que tienen una voz propia, y que han logrado, fotograma a fotograma, eso que suele denominarse “hacerse un nombre”. Todas directoras reconocidas, todas con un lenguaje cinematográfico propio. Nombres femeninos en la vanguardia de un mundo eminentemente masculino. Que hoy sea el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos lleva a plantearnos dos cuestiones: ¿de verdad existe un cine “para mujeres”? ¿y un “cine femenino”?

'En un mundo mejor (Heaven)' (Susanne Bier, 2010)

‘En un mundo mejor (Heaven)’ (Susanne Bier, 2010)

Decía Almudena Grandes en el prólogo de su colección de cuentos Modelos de Mujer que en el mundo literario “prevalece un principio de discriminación sexual que obliga a las escritoras a pronunciarse a cada paso acerca del género de los personajes de sus libros”. La escritora, a quien tenemos por voz autorizada en estas disputas, defendía que no existe ninguna clase de literatura femenina, existe la literatura “a secas”. Lo hacía en 1996, año de publicación del libro, y desgraciadamente, sus palabras y el debate siguen vigentes. Y, extrapolando sus palabras al cine, creemos firmemente que existe el cine, no el “cine femenino”. Por supuesto que la personalidad del director se dejará entrever en sus películas, pero tanto en lo tocante al género, como a la religión, el país de nacimiento, tendencias políticas, y un largo etcétera.

Existe el western, el musical, el cine negro, el de terror… Pero como género cinematográfico, no existe cine femenino. Hay películas protagonizadas por mujeres, pero si las protagonizadas por hombres no son categorizadas como “cine masculino”, lo mismo debería hacerse con las que protagonizan mujeres, ahorrándonos esa etiqueta impuesta ad hoc. Pensemos en Las vírgenes suicidas (Sofia Coppola, 1999), por ejemplo, sin duda se trata de un drama familiar en toda regla.  13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi (Michael Bay, 2016), es una película de acción. Ejemplos artísticamente opuestos, e intencionadamente extremos, pero ni una es un ejemplo de cine femenino, ni la otra de cine masculino. Simplemente porque esa calificación no existe. El género de los personajes los caracteriza como tal, no a la obra que protagonizan.

'Las vírgenes suicidas' (Sofia Coppola, 1999)

‘Las vírgenes suicidas’ (Sofia Coppola, 1999)

Tampoco existe “el cine para mujeres”, una etiqueta que, si bien es utilizada como reclamo de marketing, no deja de ser una falsa clasificación. Siguiendo el ejemplo anterior, suponemos que la película de Coppola caería en ese grupo, en el que nunca veríamos a la película de Bay. En todo caso, se trata de una extensión al cine de “el futbol es para chicos, el ballet para las chicas”.  Bien, pues tenemos Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000) y Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002), etiquetad malditos. La cuestión es que la espectadora, como el espectador, decide qué película quiere ver, qué temas le interesan. La lástima es que tanta etiqueta, tanto rol impuesto y autoimpuesto, acaben dando lugar a que parezca “raro” que una mujer no vaya a ver una película basada en una novela de Nicholas Evans. O que lo haga un hombre.

'La noche más oscura (Zero Dark Thirty)' (Kathryn Bigelow, 2013)

‘La noche más oscura (Zero Dark Thirty)’ (Kathryn Bigelow, 2013)

Luego, rizando el rizo, nos encontramos aquello de “cine hecho por mujeres, para mujeres”. Imaginemos que alguien dijera que una película es “cine hecho por un canadiense, para los canadienses”, o “cine hecho por un rubio, para rubios”. Ridículo, ¿a que sí? Pues eso. Cada una de las directoras que mencionábamos al principio tienen un estilo propio, una forma distinta de entender el cine y de usarlo como expresión artística, tan diferente de cualquier director como lo son entre ellas. Acerquémonos a sus cinematografías, o a la de cualquier directora, según gustos, inquietudes. Y, sobre todo, dejémonos de etiquetas.  


IMMACULADA PILAR COLOM

I AM NOT PAUL AVERY


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