La fórmula Sorkin

En una época en la que el público (y la industria, realmente) buscan nuevas fórmulas para atraer la pasión por el cine y vender entradas, resulta que la revolución real se encuentra en las personas que escriben los guiones. No en nuevas fórmulas para fotografiar una escena o en mostrar el más difícil todavía en una escena en la que lo único que queda claro es el descomunal ego de su director. Tampoco en las interpretaciones de intérpretes que participan en una lucha constante sobre demostrar quién es mejor. Al final, la fotografía, la dirección, la interpretación, la música, el montaje, todo, se basa en el guión de la película que defienden.

En los últimos años un nombre se ha hecho hueco entre todos los guionistas que existen en el mundo y que representa ese halo de modernidad, tan “siglo XXI”, que les gusta a los productores. Ese hombre es Aaron Sorkin, y ya le hemos pillado el truco. Aaron Sorkin escribe tan bien que ha conseguido lo que él mismo no querría: agotar su fórmula por ser agotadora. Es imposible afirmar que Sorkin escriba mal y nada más lejos de la realidad, sus guiones rezuman una calidad infinita y cada libreto suyo es una demostración inapelable de su talento, pero resulta inevitable admitir que a medida que ha perfeccionado su estilo, los guiones de Sorkin están cortados todos por un mismo patrón. Un patrón perfecto, pero fatigoso.

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La red social, la imprescindible película de David Fincher y que para el que esto escribe una de las cinco mejores películas de los últimos cinco años, es la obra cumbre de Sorkin pero también la cumbre a la que no va a volver a subir. Tal vez sea porque dicha película tiene al mejor director en activo y porque, básicamente, esa película es una suma de hallazgos maravillosos puestos uno tras otro. En las obras anteriores a La red social, los guiones de Sorkin dejan claro que buscan esa excelencia; en los trabajos posteriores, los guiones de Sorkin se convierten en una repetición del esquema que le hizo ganar el Oscar al mejor guión adaptado (y el Globo de Oro, el BAFTA, el WGA, y hasta cuarenta premios más de otras tantas asociaciones de críticos).

Y en ese momento, con esa película, el público (y la industria) asistía a la consagración de un guionista que no era un recién llegado, sino que trabajaba constantemente desde su debut en 1992 con la adaptación cinematográfica de un guión teatral propio, el de Algunos hombres buenos. Luego llegaría su breve incursión televisiva con Sports Night y, por fin, El ala oeste de la Casa Blanca, el hito en forma de serie política que es historia de la televisión y de la que Sorkin fue creador y encargado de las cuatro primeras temporadas. Una serie que inauguró junto a otras la edad dorada de la televisión que aún continúa y dura ya 15 años. En ese formato, bajo el escondite de la trastienda de la labor de un presidente, los diálogos afilados e inteligentes de la pluma de Sorkin se fusionaban con el trabajo frenético de una realidad así. Era la serie ideal para crecer como guionista y así se ha demostrado.

'La red social' (David Fincher, 2010)

‘La red social’ (David Fincher, 2010)

Tras la fallida Studio 60 (una serie mucho mejor y más interesante de lo que a simple vista podría parecer y que lamentablemente solo tuvo una única temporada), Sorkin repetía un ambiente político con La guerra de Charlie Wilson. Una inclusión en clave de comedia extraña que volvía a tener personajes lenguaraces y preparados para todo, al igual que su siguiente trabajo. Moneyball, otra película en la que lo que los personajes dicen es mucho más importante que lo que éstos hacen, y cambiando la política pura por la política deportiva. Y cuando parecía que Sorkin podría seguir explotando otros aspectos, tanto cinematográficos como temáticos, eligió la opción más fácil.

Volver a la televisión, bajo el amparo de la HBO, para escribir The Newsroom, la que se vendía como la serie del ganador del Oscar Aaron Sorkin y que empezaba a demostrar el agotamiento de una fórmula. Una serie ambientada en una cadena de noticias (como en parte ocurría en Sports Night) y que mostraba lo que llevaba tiempo perfeccionando: personajes muy inteligentes, con la réplica muy bien preparada y con una lengua y léxicos tan exigentes como aprenderse de memoria dichos libretos. La serie, con una calidad excelente (obvio siendo HBO, comprensible proviniendo de Sorkin), fue muriendo debido a la propia exigencia de un guionista al que le gustaba demasiado su propia exigencia.

'The Newsroom' (HBO, 2012-2014)

‘The Newsroom’ (HBO, 2012-2014)

El canto del cisne de Aaron Sorkin ha sido intentar repetir La red social con su último guión estrenado: Steve Jobs. Las comparaciones son odiosas entre David Fincher y Danny Boyle, o entre Trent Reznor & Atticus Ross, y Daniel Pemberton, lo cual no ayuda. Dos formas distintas de hacer cine, con actores excelentes (como en todos los trabajos recitados de Sorkin) que no logran borrar una sensación de déjà vu. Las consecuencias son conocidas: una película que aspiraba a todo y que ha logrado solamente las nominaciones a mejor actor para Michael Fassbender y a mejor actriz secundaria para Kate Winslet. Quizá alguien también se haya dado cuenta de que a Aaron Sorkin se le ven las costuras y que su fórmula está agotada: pese a escribir los mejores guiones que cualquiera podría escribir solo en sueños, sus trabajos agotan y abotagan. Personajes mucho más inteligentes que el espectador que los está viendo y con unos diálogos tan frenéticos y rápidos que solo hacen vislumbrar que estaban previamente escritos. Por alguien muy bueno y muy inteligente, pero que no logra que su propio estilo deje ver la capacidad de su obra.


JONATHAN SEDEÑO

EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS


 

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