Blockbusters en tiempos de recuelas

“Esta extraña cultura de la nostalgia masiva ha creado un género propio: La Recuela, remake y secuela a la vez.”

Vigalondo soltó una bomba, en forma de tweet, que me hizo recordar en los tiempos tan extraños que vivimos. Diría que ese tipo de cine revisionista lo inaugura Star Trek (2009), pero en este último año, hemos presenciado una verdadera oleada de productos hechos para recrear (y continuar) esas sagas nostálgicas: Mad Max, Terminator, Jurassic Park y Star Wars. Cada una representa, de una forma u otra, como tratamos la nostalgia y como la consumimos en la actualidad. Veo necesario observar estos cuatro productos culturales pop para entender nuestra relación con ese peligroso sentimiento que es la nostalgia.

De entre las cuatro, Mad Max: Fury Road es la película que menos apego tiene a la nostalgia y a su legado. La falta de continuidad de la saga solo es remarcada en esta nueva entrega, donde hay muchos cambios respecto a lo que conocemos como material original de la trilogía. Incluso el icono que es el propio Max cambia en esta entrega, pero él no deja de ser una figura heroica en un mundo falto de esperanza, solo que ese mundo ha evolucionado como ha ocurrido con el nuestro. Por ello, la historia no tiene nostalgia inherente per se, sin embargo, no deja de ser una revisión de la estructura que podíamos observar en Mad Max 2 y ese cine de los 80’s. Si la primera entrega era una película sobre la venganza, la tercera fue una aventura y la segunda una persecución, la cuarta entrega no deja de ser una versión hipervitaminada de esa última idea. Mad Max: Fury Road podría ser la versión idílica de esa recuela, a partir de lo planteado anteriormente: crear una obra (de autor) que eleve lo que la hizo importante, no adueñarse de iconografía nostálgica para apelar al mínimo común y ser la mejor versión de la idea original en el contexto actual.

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En ese mínimo común existe Terminator Genesis. Una película que reniega de esas entregas de la saga que los fans no aceptan como canon (Terminator 3 y Terminator Salvation, a pesar de agarrar muchas ideas provenientes de la última) y abrazan la emocional nostalgia de las dirigidas por James Cameron sin añadir nada a las ideas propuestas anteriormente, estancándose y dando mensajes que nacen ya desfasados. Tanto es así que se vuelve una recreación de las dos primeras entregas, realizando un remake de todas esas escenas que las hicieron famosa, llegando a niveles dignos de Psicosis de Gus Van Sant. Pero como ocurría en ese remake, podemos observar como la mirada del director, a pesar de copiar milimétricamente la planificación de Cameron, en ningún momento consigue funcionar como una obra artística y se filtra ese aroma a fría producción corporativa. La necesidad en un momento de universos cinematográficos de conseguir un trozo del pastel. Terminator Genesis es, de entre las cuatro, la peor versión posible de recuela, una creación cínica que apela a la nostalgia más baja obviando el por qué conectaba en primer lugar con los fans.

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Luego tenemos la dualidad desconcertante de Jurassic World, una película que odia de forma absoluta a los fans y a su mera creación, a la vez que, implora la necesidad de abrazar la nostalgia y recordar lo buena que era la original. De las cuatro, Star Wars y Jurassic World comparten bastantes puntos en relación a su carácter abiertamente metanarrativo, sin embargo, ese carácter reflexivo sobre su propia existencia en Jurassic World crea uno de los diálogos entre obra y espectador más cínicos en un blockbuster contemporáneo. Pero esa crítica al espectador que pide y ve un producto como Jurassic World, se unen de forma vaga la necesidad de recuperar la magia y el “sense of wonder” que tenía la primera entrega. Existe una lucha interna entre los creadores del producto que se traslada inherentemente a la pantalla, creando una dicotomía de una película que intenta decir dos cosas distintas y contrapuestas a la vez. Un caos narrativo que solamente puede ser justificado con esa nostalgia hipócrita que abandera, de un tiempo donde los blockbusters eran puros, nostalgia de un tiempo, que en el fondo, nunca existió.

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Eso nos lleva al último ejemplo de recuela, Star Wars: El despertar de la fuerza. No existe el cinismo inherente en la dualidad que contenía Jurassic World, pero, es el primer fanfiction de gran presupuesto llevado a la gran pantalla. Además de incluir ciertos elementos del universo expandido (Cómics, novelas…), es una carta de un fan al creador de la obra que tanto ama, pero no es una de amor, es una donde JJ Abrams le pide a George Lucas que deje a su creación y se la dé a los fans, la obra del autor es más grande que el propio. Los amantes de la saga son los creadores ahora, por ello cuadra que copien toda la estructura del episodio IV, que capten los arquetipos anteriores y los intente contextualizar en un marco actual donde se une lo viejo (antiguos fans) y lo nuevo (futuros fans) además de añadir esos guiños (tics) nostálgicos. Si Mad Max: Fury Road era la versión idílica de recuela, la nueva Star Wars es el sueño idílico de una productora. No tiene por qué ser una buena película ni tener una historia completa, solamente tiene que funcionar por lo que es: Un producto de consumo masivo que una a dos generaciones (dos públicos que pagarán sus entradas).


NACHO VÁZQUEZ LUNA

POLVO Y LUZ DE LUNA


 

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