Cine y euskara: el arma polítika

Desde que un idioma sufre un vacío artístico en una de las mayores industrias, es que algo no funciona bien. Habría que mezclar sociedad, cultura y, ay, política. La política es, desde los inicios de los tiempos, lo que hace girar el mundo y, por qué no, lo que hace que pare. No hablaremos de subidas de impuestos sobre el valor añadido, ni sobre debates manidos sobre subvenciones, ni sobre (aún mejor) la magia de algunos productores para llegar a las llamadas subvenciones.

Hablemos del modo de hacer arte y de cómo el mayor freno de todos es la política. Y de cómo esa situación podría ser mejor si la política (no económica, sino social) no sucumbiera a poderes superiores enmarcados en perfiles industriales. Sobre todo teniendo en cuenta que existe una película en boca de todos por una situación singular, y nadie piensa que esa singularidad es más que algo único, es un milagro.

'Loreak' (Jon Garaño & José Mari Goenaga, 2014)

‘Loreak’ (Jon Garaño & José Mari Goenaga, 2014)

‘Loreak’, la película de José Mari Goenaga y Jon Garaño es la seleccionada por la Academia de Cine para representar a España en los Oscars, y está en todas las quinielas. Una película que gusta y ha gustado mucho, con una trayectoria comercial aceptable (aunque siempre podría haber sido mejor); en definitiva, una película de consenso. Una obra aceptada por la mayoría de la que se resalta que está hablada en euskara. Resulta que de las más de cien películas españolas estrenadas en 2014, la que resulta elegida no está hablada en castellano, sino que es solo una de las dos estrenadas en euskara ese año. No es representativo del cine vasco, es representativo de la política lingüística vasca. No es, ni de lejos, representante del cine español, pero sí es la imagen viva de la parcialidad y generalista política lingüística española.

El euskara es un arma. Un arma política, pero un arma. Lo que pretenden películas como Loreak es normalizar la situación del euskara como idioma para exaltar y subrayar lo que realmente es: un lenguaje, un modo de comunicación; no el aspecto social de cariz político que muchos colectivos todavía pretenden utilizar. Por ese motivo no hay más cine en euskara, no por motivos culturales, sino económicos auspiciados y protegidos por un paraguas político. Siempre ha habido y habrá cineastas que quieran trabajar en euskara y que sus obras sean concebidas, planteadas, exhibidas y disfrutadas en euskara, porque es el idioma que esos cineastas han conocido, su idioma materno, su forma de hablar y de expresarse.

'Amama' (Asier Altuna, 2015)

‘Amama’ (Asier Altuna, 2015)

Ya lo expresó Miguel de Unamuno cuando dijo “yo soy vasco y orgulloso de serlo”, ser capaz de entender la dualidad entre en castellano y el euskara como idiomas coexistentes y no excluyentes. Poder ser español y vasco, y tener el orgullo de serlo, y como primera medida, eliminar los aspectos políticos de algo tan básico como expresarse. Hemos llegado a un punto en el que una película que ha superado todas las barreras políticas consigue representar a un país que políticamente prescinde de lo que no le interesa, y en el que la mayoría de personas que han visto Loreak no la han visto en el idioma en el que fue creada, sino doblada al castellano.

Loreak no puede disfrutarse en castellano porque fue concebida en euskara. Del mismo modo, podría decirse que La rendición de Breda de Velázquez no puede disfrutarse en blanco y negro porque el pintor la creó coloreada. Agradezcamos que haya cineastas valientes que creen que deben luchar por su trabajo y por sus obras, y que directores como Jon Garaño y José Mari Goenaga puedan crear películas como la suya.

No es un proceso nuevo ni mucho menos sencillo. Juanba Berasategi ha sido un pionero del cine de animación en España y particularmente haciéndolo en euskara. Ha sido capaz de que toda su obra haya sido en euskara y siendo el primero en realizar la primera película de animación en el idioma que utiliza diariamente. Y no es un proceso sencillo levantar una película en euskara ante una administración que no sabe utilizarlo, incluyendo reescrituras en castellano y demás situaciones absurdas propias de la burocratización del arte y la cultura.

'Kalabaza tripontzia' (Juanba Berasategi, 1984)

‘Kalabaza tripontzia’ (Juanba Berasategi, 1984)

Y pese a todo, parece que estamos viviendo un momento dulce del cine en euskara. Pero no nos engañemos, dos películas al año no es bueno: el germen de cine en euskara es tan grande que es necesario que todos aquellos que quieran hacer cine en euskara sean ayudados en todo lo posible, no solo económicamente. Porque hacer cine es fácil, hacer cine es euskara es difícil. Loreak puede ser un ejemplo único de lo que ocurre en este país, y poner en evidencia las políticas lingüísticas de España.

Sufrimos la losa de una dictadura que prohibió expresarse en un idioma que no fuera el castellano. No debería existir un debate que, cuarenta años después, sufre de las mismas dolencias por el inmovilismo político y cultural. Si alguien realiza una película en euskara, lucha por la normalización del euskara en la sociedad: dejar de que sea un arma política para reconvertirla en un elemento social y cultural más.

Asier Altuna y su ‘Amama’ luchan por lo mismo que Juanba Berasategi y su cine de animación, como Pablo Malo y ‘Lasa eta Zabala’ o el ‘Ander’ de Roberto Castón. El cine en euskara está ahí, bajo una administración que piensa en castellano, y una industria que exige la exhibición en un idioma para todos. Hay que dejar a los cineastas crear como piensan. Podrían hacer suya la frase que aparece en el cartel de Loreak (“Solo son flores”), y decir: solo es euskara.

'Ander' (Roberto Castón, 2009)

‘Ander’ (Roberto Castón, 2009)


JONATHAN SEDEÑO

EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS

 

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