Revolución ‘teen’

Las sagas basadas en libros superventas para adolescentes (ese género denominado en América “young adult”) se han convertido en un filón económico a explotar para las productoras estadounidense. La mayoría se presentan cortadas por un patrón si no igual, desde luego sospechosamente similar: héroes y heroínas involuntarias luchando contra un sistema tiránico preestablecido en un mundo distópico que, realmente, se encuentran inmersos en la búsqueda de su propia identidad. Al fin y al cabo, cada entrega de estas sagas acaba erigiéndose como un espectacular “coming of age” disfrazado de ligero thriller político. El ejemplo más exitoso y lustroso de lo mencionado es, sin lugar a dudas, Los Juegos del Hambre, un extenso descenso a los infiernos de una de esas citadas jóvenes que se convierten en iconos revolucionarios sin buscarlo.

La saga protagonizada por una entregadísima Jennifer Lawrence presentaba este fin de semana su final en un maratón previo a su estreno general el próximo viernes. Cuando uno la observa con perspectiva, cuatro años después del estreno del primer filme, se da cuenta de la magnitud e importancia de la misma: Los Juegos del Hambre es la saga ‘teen’ más sólida porque se atreve a ser ambiciosa, a detenerse en los silencios y en el desarrollo psicológico de los personajes y a analizar de verdad las vicisitudes de la situación sociopolítica compleja en la que se desarrolla. Todo ello, por supuesto, sin olvidarse de un asombroso sentido del espectáculo. Pero empecemos por el principio:

'Los juegos del hambre' (Gary Ross, 2012)

‘Los juegos del hambre’ (Gary Ross, 2012)

En primavera del 2012 se estrenaba Los juegos del hambre, una distopía basada en el libro homónimo de Suzanne Collins que podía tomarse como una especie de Battle Royale para adolescentes y que presentaba una parábola sobre el poder aleccionador de los medios de comunicación para acabar inmersa en la narración de un triángulo amoroso de manual. Si bien esta primera entrega era eficaz en sus propósitos y funcionaba como vehículo de lucimiento de una Lawrence en su gran año (ganó el Oscar por El lado bueno de las cosas), la torpe dirección de Gary Ross deslucía un mundo conceptual atrevido y estimulante y reducía el relato a una película correcta, olvidable, algo desganada y que podría haber dado mucho más de sí.

'LJDH: En llamas' (2013, Francis Lawrence)

‘LJDH: En llamas’ (2013, Francis Lawrence)

El rumbo cambió completamente año y medio después cuando el realizador Francis Lawrence, convirtiéndose en uno de los grandes artífices de que la saga tenga la trascendencia cinematográfica que tiene o tendrá dentro del subgénero, cogió las riendas de En Llamas, la entrega más completa y perfeccionada de las cuatro. No solo la saga comenzaba a lucir mucho mejor gracias a la fluidez y elegancia que aportaba la realización de Lawrence sino que convertía lo que podía haber sido una obra puente entre el inicio y el final en una tragedia de aires “shakespearianos” emocionante sin tapujos que combinaba los núcleos temáticos de la primera entrega (la historia de amor y el pan y circo) con las bases del desenlace (revolución social frente a la tiranía). Ambas partes se ensamblaban a la perfección en una película que podría incluso funcionar de forma independiente – ajena a tiempo, espacio y contexto alguno – como uno de los mejores blockbusters, sin complementos, de nuestro tiempo.

'LJDH: Sinsajo - Parte 1' (2013, Francis Lawrence)

‘LJDH: Sinsajo – Parte 1’ (2014, Francis Lawrence)

El año pasado comenzaba el final en una de esas decisiones cuestionables que inició Harry Potter y continúo La saga Crepúsculo que consiste en dividir el volumen literario final en dos películas, con la posible ralentización narrativa que eso conlleva. Sinsajo – Parte 1 llegaba a los cines con las dudas inherentes a su naturaleza de prólogo al clímax final, pero las disipaba sin apenas titubear ofreciendo un análisis fino y cuidado, de desarrollo calmado y rupturista frente a las normas que rigen al resto de sagas adolescentes, de las técnicas e importancia de la propaganda en una situación de pre-Guerra Civil. Había pinceladas románticas y set-pieces de acción, pero predominaba un tono solemne y un riesgo que es de agradecer. Sinsajo – Parte I se construía como un filme bélico prácticamente ajeno a las bombas y muy ligado a la palabra y, lo que es incluso más importante, a los silencios supliendo así las carencias de la tediosa primera mitad del material original y haciendo gala además, de nuevo, de la solvencia de Francis Lawrence, junto a la excepcional partitura de James Newton Howard, para captar la esencia de, en este caso, ese mundo subterráneo y desolador.

'LJDH: Sinsajo - Parte 2' (2015, Francis Lawrence)

‘LJDH: Sinsajo – Parte 2’ (2015, Francis Lawrence)

Casi al inicio de Sinsajo – Parte 2 se nos presenta un dilema ético que muchos reconoceréis cercano en estos tiempos. Es esa humanidad la que dota a este final, menos insobornable que su predecesora, no solamente de la autenticidad plausible en toda la saga sino de una emoción, o más bien fiereza, contenida. Sinsajo – Parte 2 comienza despacio esfumando prácticamente el corte que divide las dos últimas entregas, pero no tarda en pasar a una acción frenética y tensa en una especie de versión refinada y urbanita de Los Juegos de la primera entrega para terminar explotando en varios y sorprendentes finales consecutivos que recogen la mirada adulta y oscura de la segunda y tercera película. Un final, en definitiva, que contentará a propios y extraños combinando con eficacia los frutos de todo los sembrado por parte de una saga que se convertirá pronto en un clásico. Tiempo al tiempo.


JESÚS CHOYA

THE PAPERBOY

 

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