La imagen congelada de Garci

¿Cómo es posible que el talento se deshaga ante nuestros ojos? ¿Cómo es posible que, al menos, permanezca escondido bajo trabajos fáciles? ¿Hay posibilidades de que el espectador no sepa apreciar lo que muestra el director, o es el propio director el que es incapaz de comunicar su arte? ¿Hay modo alguno de responder a la constatable pérdida de calidad? ¿Quién es responsable de la solución final que vemos en la pantalla? Finalmente, ¿cómo es posible que el director de ‘Asignatura pendiente’, ‘El crack’ o ‘El abuelo’, sea el mismo de ‘Tiovivo c. 1950’, ‘Sangre de mayo’ o ‘Holmes & Watson. Madrid Days’?

No es fácil contestar ni a éstas ni a otras preguntas sobre el cine de José Luis Garci. Aunque lo más sencillo sería invocar a unas fuerzas extracinematográficas para intentar explicar cualquier atisbo de luz en asuntos artísticos tan oscuros. Habría que empezar mirándonos al ombligo como país y conocer a alguien que haya defendido alguna vez el cine de Garci (alguna vez, como el crítico y el fan y el espectador que siempre –siempre- defiende el cambio tonal de Scorsese, las palpables irregularidades de Spielberg o los experimentos de Coppola). Nunca, nunca ha habido esa figura en este país, y no será el que lo haga el que escribe estas líneas.

'Holmes & Watson. Madrid Days' (2012)

‘Holmes & Watson. Madrid Days’ (2012)

Aquí somos más de subirnos al carro de Almodóvar, siendo capaces de ver virtudes en algo tan fútil como ‘Los amantes pasajeros’. Llenamos las salas con lo último de Amenábar, probablemente la película más tramposa y aburrida del año. Destacamos a De La Iglesia, cuando es el propio director el que hace difícil al propio fan seguir defendiendo su obra. Obviamente son casos actuales, pero que fagocitan al espectador clásico o al menos, al espectador contemporáneo que quiere conocer el cine español más allá de los nombres más fuertes.

Pero si hablamos de fagocitar… es quizá Garci el más adecuado ejemplo: un director que se ha absorbido a sí mismo, bajo un inmovilismo artístico y un acomodamiento formal que resulta anodino. También es cierto que el agotamiento económico o las escasas pretensiones comerciales del cine de Garci sean motivo añadido a su gastado estilo, pero no a su pérdida de calidad. Hablemos del cine de Garci sin hablar del mismo: Medem tiene un estilo íntimo, Almodóvar tiene un estilo colorista, De la Iglesia tiene un estilo frenético. El estilo de Garci es gris. Pero un gris clásico, con sabor a clásico, planos que paladean cine, películas que homenajean películas. Pero todo director debe saber controlar su estilo, debe conocer los límites de su lenguaje, debe adquirir conciencia sobre la autoría de su obra, y lo más importante, reconocer que su cine es patrimonio no solo de aquel que lo hace, sino de aquel que lo ve.

'Luz de domingo' (2007)

‘Luz de domingo’ (2007)

Los últimos años del cine de José Luis Garci son autárquicos: realizado con el único propósito de satisfacer a su autor. ¿Qué sentido tiene crear historias sobre la nada, en escenarios manidos, con atractivo comercial nulo y audacia artística inexistente? Las últimas películas de José Luis Garci (así denominadas tras confirmar el propio director que abandona el cine) son así y forman parte de su legado cinematográfico. Pero, ¿y el alivio que a algunos supondrá que el director español no haga más cine? ¿Será porque alguien no ha sabido controlar su verborrea estilística? Será porque quien se alivia es alguien que en los últimos años ha relacionado el cine de Garci con ‘Historia de un beso’, ‘Tiovivo c. 1950’, ‘Ninette’, ‘Luz de domingo’, ‘Sangre de mayo’ y ‘Holmes & Watson. Madrid Days’. Ése es el cine de Garci para un espectador contemporáneo.

Tras ese listado, ¿qué importa que no vuelva a dirigir? Difícil responder. Pero a estas alturas el único modo de contestar a ese alivio es nombrando aleatoriamente ‘Asignatura pendiente’, ‘Solos en la madrugada’, ‘El crack’, ‘Volver a empezar’, ‘El crack dos’, ‘Sesión continua’, ‘Asignatura aprobada’, ‘Canción de cuna’ o ‘El abuelo’: entre ellas, cuatro nominadas al Oscar a la mejor película en habla no inglesa, siendo una de ellas la primera en conseguir el galardón, marcando el camino para los Trueba, Almodóvar y Amenábar que vendrían.

'El abuelo' (1998)

‘El abuelo’ (1998)

Todas ellas son puro cine clásico, pero ‘El crack’ es cine negro con mayúsculas, tal vez su mejor película. ‘El abuelo’, bajo su aura de cine clásico y pausado, es una oda al amor y una crítica a los estamentos y a la aristocracia. No es cuestión de ensalzar el cine de Garci, es desempolvar y recordar que hubo un momento en el que se demostró que el director madrileño era precursor y dominador de un estilo propio y recursos en total sintonía con la historia relatada. Algo se perdió por el camino, o quizá no quiso perder nada, y decidió llevar ese peso allá donde la historia lo llevara.

Lo cierto es que José Luis Garci es, con total seguridad, uno de los cineastas más cinéfilos que existe, y que es una de las personas que más sabe de cine en el mundo. Su capacidad de análisis permanecerá intacto y prueba de ello son los libros que ha escrito y su capacidad crítica en los programas radiofónicos y televisivos, que son fácilmente recuperables. Ojalá hubiera aplicado ese análisis crítico a su propio cine, pero como siempre solía decir Kipling, el escritor inglés, cuando le hablaban de Germán Areta, “pero eso, es otra historia”.

'El crack dos' (1983)

‘El crack dos’ (1983)


JONATHAN SEDEÑO

EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS

 

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