#AllMyMovies o Shia Labeouf buscándose a si mismo.

Shia LaBeouf ha conseguido desaparecer como persona y se ha vuelto un icono del cine contemporáneo, una de esas muestras históricas de varios tópicos de construcciones narrativas sobre la fama: ha sido desde niño encantador en Disney Channel, como parte peor valorada de una serie de productos cinematográficos que lo vendían como la nueva sensación, a la vez que una trasnochada estrella que parecía tambalearse entre sus decisiones en la vida. Y bueno, hemos llegado aquí.

#AllMyMovies podría parecer un puro ejercicio de narcisismo o de duro masoquismo, sin embargo, la idea detrás de ella trastoca la evolución que planteaba Linklater con su Boyhood para adentrarse en un camino tan opuesto ideológicamente como funcionalmente. A partir de la última película de su filmografía, Shia LaBeouf vio en pantalla todas las decisiones audiovisuales de su vida, cada film que tuvo una aparición el actor durante 72 horas seguidas con interrupciones de 5 minutos entre largometrajes. Si en Boyhood veíamos crecer al pequeño Mason observando como la vida le transformaba, Shia ha visto, en un ejercicio de introspección, sus últimas elecciones hasta sus primeros trabajos. Esta performance juega en dos ámbitos, tanto en el interior de Shia como en el exterior, no olvidemos el cine, no olvidemos al público. Y por supuesto, recordemos el camino de Shia hasta aquí.

Shia LaBeouf desde que alcanzó notoriedad pública por sus papeles en la trilogía de Transformers y en la cuarta entrega de Indiana Jones, ha ido descendiendo a un abismo bastante profundo que parece haber cavado Hollywood. Vio en Shia otro producto que podían vender al consumidor, fruto de ello se generó un movimiento de odio frente a su propia persona, porque no funcionaba como otras figuras prefabricadas de la industria. Shia LaBeouf se volvió un muñeco roto de Hollywood, y precisamente escribo estas palabras sobre él porque el primero en saberlo es él. No somos pocos los que pensamos que está siguiendo la senda que creó Joaquin Phoenix con su falso documental I’m Still Here, pero podría ser que Shia este ahondando más que Phoenix en su análisis por la figura que representa. Joaquin nunca fue un prototipo “hollywoodiense” ni lo intento, en cambio, LaBeouf sí.

Shia Labeouf en la performance #AllMyMovies (2015)

Shia Labeouf en la performance #AllMyMovies (2015)

Saltándonos varios capítulos de su vida (su estelar aparición en la Berlinale, el cortometraje que dirigió copiando un cómic de Daniel Clowes, la parodia en si misma que es su Twitter, su video de auto-ayuda e incluso un video de él saltando a la comba durante una hora) nos podemos centrar momentáneamente en su #IAmSorry. Performance basado en él pidiendo perdón, con todos los elementos que lo hicieron famoso y reconocible, porque intentarán venderlo como un producto estrella, cuando él solamente era un tipo que quería hacer cine. Lo interesante fueron reacciones como esta, un cierto público que esperaba de Shia una reacción o una confrontación, como si LaBeouf les debiese algo. Y su última performance parece llegar a la raíz de ese sentimiento, como una especie de combinación entre los dos conceptos, público y figura, para hablar de la forma en la que la fama destruye la identidad del individuo para ser un mero concepto.

Shia LaBeouf no está solo, recordemos que sus performances son co-creadas con Luke Turner y Nastja Säde Rönkkö, y es importante marcar el eje de esta unión porque juntos siguen las reglas impuestas por un movimiento de vanguardia artística, metamodernismo. Una respuesta cultural, filosófica y artística al modernismo y al postmodernismo. Y en 2011, Luke Turner realizó un manifiesto sobre las propuestas del movimiento: “La condición mercurial entre y más allá de la ironía y la sinceridad, la ingenuidad y el conocimiento, el optimismo y la duda, en la búsqueda de una pluralidad de horizontes diferentes y esquivos”. Siendo más concisos, buscan encontrar un paso intermedio desde la feliz ingenuidad y la ironía del modernismo, buscan algo real que remueva tanto al espectador como al creador. Y con esa idea, #AllMyMovies resulta ser un golpe sobre la mesa y una muestra clara de ese movimiento.

Mi escrito trabaja desde lo que podríamos llamar el tráiler de la experiencia. Ese famoso plano secuencia con las reacciones de Shia Labeouf viendo cada uno de sus trabajos sin llegar nosotros a verlos. Hay mil memes sobre sus reacciones, incluso algunos con las reacciones a cada una de sus películas. La performance es ir y ver con Shia sus propias películas, vivir la experiencia. Algunos periodistas culturales realizaron una crónica del evento para comprender que se proponía Shia, pero todos coincidían en una cosa: “Era imposible concentrarse en una película cuando el protagonista está frente a ti.” Toda la atención iba a un Shia, a priori, serio que en Fury empezó a romper su seriedad para reírse con cada chiste de penes, uno visiblemente emocionado mientras veía Nymphomaniac y uno avergonzado con la trilogía Transformers. Al fin y al cabo, era una conversación entre el público, Shia y las imágenes de la pantalla del cine. Y creo que dejó clara su opinión sobre la saga de Michael Bay cuando fue a dormirse al pasillo. El ver a Shia Labeouf reaccionando claramente a sus películas (entre bostezo, mordisco a pizza y cabezada de sueño) el trio ha hecho uno de los efectos Kuleshov más interesantes, precisamente porque podemos ver en Shia de forma natural enfrentándose a sí mismo. Y también al espectador.

El público en la sala al ver a Shia LaBeouf riéndose y emocionándose con The Even Stevens Movie no sabía si actuaba como si estuviera divirtiéndose o si realmente se divertía. Un grupo de espectadores debatiendo que película vendría después con Shia en frente, mientras uno se acerca y le pega un post-it “Do it!” después que otro le gritase lo horrible que son sus películas. El nivel de complejidad al que llegaba el evento era idéntico a la forma en la que tratamos con la fama o con los famosos, como la persona abandona su identidad como espectador en un cine para entrar de lleno en esa figura o icono. O también quería ver toda su filmografía en un cine y soltó esta excusa, quien sabe. Lo cierto y verdad, es que no da la sensación que sea lo último que conoceremos de Shia, por lo tanto, todavía no sabremos si definirlo como genio o como imbécil. Lo que si sabemos, es que James Franco debe haberse muerto de envidia con la performance.


NACHO VÁZQUEZ LUNA

POLVO Y LUZ DE LUNA

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