Continuado, no agitado.

El regreso a las mejores salas del más famoso agente secreto al servicio de su Majestad británica siempre supone un acontecimiento de repercusión. En el caso de la última entrega de sus aventuras, la recién estrenada Spectre, la expectación era doble, pues al hype que por defecto lleva la franquicia 007 se le sumaba el hecho de estar precedida por la magnífica Skyfall, que se había colocado de inmediato en lo más alto del canon bondiano gracias a su extraordinaria puesta en escena y su capacidad para explorar el pasado de su letal protagonista y, a la vez, replantearse su futuro.

En este sentido, Spectre tenía vía libre para profundizar en la senda de la introspección que su predecesora había abierto. Lo difícil ya estaba hecho y, tras el éxito de crítica y público que supuso Skyfall, no había ningún obstáculo que disuadiera de proseguir por el camino comenzado. Sin embargo, Sam Mendes, el autor de ambas películas, y por tanto, el hombre que había logrado dar un soplo de aire fresco a Bond dotándole de una profundidad psicológica y una carga emocional inédita en sus anteriores andaduras, ha optado en su segunda aportación a la serie por recuperar el viejo aroma de la franquicia.

Spectre funciona como una traslación del antiguo 007 al presente, y por momentos, casi podría decirse que como revival. Son constantes los guiños y referencias a episodios anteriores, con algunas escenas y situaciones que parecen calcadas de los clásicos bondianos (Sólo se vive dos vecesLa espía que me amó…) para hacer las delicias de los fans del personaje. Sin embargo, poco queda aquí del componente dramático y autoreflexivo que tan bien funcionó en Skyfall. Esto no hace de Spectre una mala película de Bond: al contrario, es altamente disfrutable y contiene algunas de las mejores set pieces de la serie.

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Este (nuevo) cambio de rumbo no tiene por qué ser negativo per se, pero es, cuanto menos, desconcertante. Da la impresión de que los responsables de la franquicia no saben qué hacer con su valioso juguete. Hasta el momento, 007 ha sido una autentica gallina de los huevos de oro resultando casi todas sus entregas éxitos de recaudación; no obstante, el panorama moderno de los blockbusters no es lo que era.

Hoy por hoy, la lucha por liderar la taquilla se ha convertido en una batalla mucha más complicada. Cada vez son más los competidores: tan sólo hay que echar un vistazo a la cantidad de películas de esta clase que tenemos cada semana en cartelera. Desde hace unos años atrás se ha incrementado exponencialmente estos estrenos. Gran parte de la culpa la tienen las películas de superhéroes, tan en boga últimamente.

La continuidad que ha conseguido dar Marvel a sus proyectos (y la que pretende dotar Warner Bros a sus adaptaciones de DC comics) permitiéndose arrastrar personajes de una entrega a la siguiente e incluso realizar crossovers entre distintos universos parece haber calado bien entre el público. Los espectadores responden bien a los arcos argumentales que abarcan varias películas y están cansados de ver aventuras inconexas entre sí o, peor, la enésima historia fundacional sobre los orígenes del protagonista. Un proyecto a largo plazo permite ahondar más en los personajes, en su psicología y en sus emociones.

'Spectre' (2015, Sam Mendes)

‘Spectre’ (2015, Sam Mendes)

Desde que Daniel Craig se enfundó el esmoquin, daba la impresión de que 007 se había apuntado también a esa continuidad, lo que de forma generalizada pareció un gran acierto. El músculo dramático de la aplaudida Skyfall sería impensable o directamente ridículo si se hubiera tratado de una entrega totalmente ajena al resto sin ningún bagaje. Era el recuerdo de Casino Royale y Quantum of Solace lo que le proporcionaba su vigor. Sin embargo, parece que Spectre ha decidido volar por los aires todo ese entramado que tanto había costado levantar.

Sólo el próximo caso de 007 descubrirá si la explosión ha sido un espejismo o si, en cambio, Bond ha vuelto a las andadas. El éxito de la franquicia depende de ello.


ALFREDO MARTÍNEZ

MEDITACIONES EN UNA EMERGENCIA

 

 

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