Política, cine: un matrimonio con inconveniencias (II)

Seguimos repasando la relación cine y política. Si hace dos semanas revisábamos algunos títulos en los que la política y periodismo eran los temas principales, esta vez vamos a repasar la tormentosa relación entre políticos y monarcas. Porque, salvo algunas honrosas (o no tan honrosas, como “El discurso del rey”) excepciones, reyes y políticos se han visto abocados a entenderse cuando, en realidad, hablan idiomas muy diferentes.

Por citar uno de los ejemplos más recientes: la relación difícil en sus orígenes, y de distante entendimiento hacia el final, entre la reina Isabel II de Inglaterra y el Primer Ministro Tony Blair es uno de los ejes de “The Queen”. La película de Frears evidencia el desdén con el que se aproximan tanto la reina como el presidente, y como cuando deben enfrentarse a la muerte de Lady Di ambos comienzan a mostrar más empatía. Sobre todo en el caso del político, menos asentado y más joven que la monarca. También en Inglaterra y con personajes reales, la bien valorada “Cromwell” muestra el enfrentamiento entre un rey (el católico Carlos I, interpretado por Alec Guinness) y el anglicano, y su archienemigo político, Cromwell (interpretado por Richard Harris). La película, además de tener el reclamo de un enfrentamiento interpretativo maravilloso, es uno de los ejemplos más notables de la lucha entre ambos poderes.

‘The Queen’ (Stephen Frears, 2006)

Ambientada en Francia, con una aproximación mucho más festiva, tenemos a “Maria Antonieta”, de Sofía Coppola. Película con tantos detractores como defensores (entre los que me encuentro) que, sin embargo, tiene una aproximación magistral a la vertiente política del reinado de Luis XVI y Maria Antonieta: casados por motivos políticos (geoestratégicos), todo su reinado se desarrolla en un periodo políticamente convulso, al que los reyes parecen ser ajenos. Y, precisamente por ello, la política queda fuera de campo en el desarrollo de la historia. Es la sombra oscura que se cierne sobre los monarcas pero que es debidamente ignorada. Es esta aproximación, con un conflicto latente pero invisible, uno de los puntos fuertes de la película, más allá de consideraciones estéticas evidentes.

En 1965 veía la luz una de las mejores películas de David Lean, que a su vez es una de las historias de amor más dramáticas de todos los tiempos, “Doctor Zhivago”. En este caso, la política rusa de principios del siglo XX iba quemando etapas a toda velocidad (su participación en la I Guerra Mundial, la revolución rusa de 1917 y la guerra civil rusa), que culminarían al caer el régimen del zar Nicolás II, con la creación de la Unión Soviética. Al contrario que en “Maria Antonieta”, la historia sentimental (trágica) entre Yuri y Lara no puede sustraerse de los cambios políticos que acontecen en la Rusia zarista primero, y en la Unión Soviética después. Cada cambio golpea a los protagonistas durante los 197 minutos de la película.

‘Doctor Zhivago’ (David Lean, 1965)

En España, la inclasificable “Stella Cadente” (de Luis Miñarro) nos contaba el reinado (fugaz) de Amadeo de Saboya. El monarca que llegó a España en 1870, con el noble propósito de poner en orden y modernizar el país, tuvo en Prim a su mayor valedor para acceder al trono. Sin embargo, Prim fue asesinado el mismo día que el futuro rey partía hacia España. El telefilme “Prim, el asesinato de la calle del Turco” recrea también ese período convulso de la Historia Contemporánea de España. Y si a Amadeo de Saboya le fue imposible siquiera poner los primeros cimientos para la modernización del país, otros monarcas como Felipe IV en “El rey pasmado” son juguetes manoseados por políticos y miembros del clero.

Así pues, queda claro que reyes y políticos están condenados a entenderse, o al menos esforzarse para llegar a un punto de entendimiento. Si algo parece mostrarnos el cine es que un político que se enfrente a un monarca tendrá las de perder, pero si el monarca desoye a la clase política… Puede que su derrocamiento solo sea el menor de los problemas.


IMMACULADA PILAR COLOM

I AM NOT PAUL AVERY

 

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