Cine, política: un matrimonio con inconveniencias (I)

A poco menos de dos meses de las elecciones generales, antes de que nos bombardeen con debates, carteles, y demás, repasamos algunos de los enfoques que el cine ha dado a la Política. En esta primera aproximación apuntamos a la relación entre el periodismo y la política. Una relación que, casi por definición de las partes y sus intereses, suele ser incómoda, y que en el cine ha mostrado muchas de sus caras. Las corrientes de corrupción en ambos sentidos, incluso retroalimentadas; las ansias de unos por intentar ejercer su poder sobre los otros (indistintamente); el chantaje, el soborno, la manipulación. Pero también la investigación y la denuncia.

En el cine, el retrato del vínculo entre periodismo y política ha dado lugar a todo tipo de narraciones. Sean relaciones cortesanas o enfrentamientos directos, periodistas a la sombra del poder, o aquellos que han desenmascarado escándalos, lo cierto es que en muchas películas centradas en la política tratan, de una forma u otra, su nexo con el periodismo. A medio camino, nos encontramos a esos personajes que cruzan la fina línea entre ambos mundos, como ese “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941), magnate de la comunicación para quien el cargo de gobernador del Estado de Nueva York se convierte en objeto de su codicia desmedida. Al margen de todas las virtudes cinematográficas del film, en ese momento de la trama la película destaca dos características de la relación periodismo/política tan vigente en 1941 como lo está en 2015: por una parte, se trata de una relación, en ocasiones parásita, nacida de la necesidad mutua; por otra, cómo la aparición de una relación extramatrimonial del político de turno en la prensa puede significar el final de cualquier aspiración a cargo público.

‘Frost/Nixon’ (Ron Howard, 2008)

El presidente Nixon es una de las figuras que, por motivos obvios, más juego dan para tratar el binomio política/periodismo en el cine. Desde biografías, como “Nixon” (Oliver Stone, 1995), a películas que tratan principalmente en escándalo del Watergate. “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976), o la más reciente “Frost/Nixon” (Ron Howard, 2008), son la cara más comprometida del periodismo, la que airea trapos sucios. En la primera, asistimos al proceso de investigación de los periodistas del Washington Post, Carl Bernstein (Hoffman) y Boob Woodward (Redford), y también a las presiones que recibieron, hasta sacar a la luz el libro “Watergate”. La película, mediante una serie de noticias mecanografiadas, narra las consecuencias que tuvo la publicación de la novela. El origen de “Frost/Nixon” es la obra de teatro homónima de Peter Morgan, quien también es responsable del guion de la adaptación cinematográfica. Ambas se basan en la serie de cuatro entrevistas que David Frost le hizo al ya expresidente Nixon en 1977. Lo que nos cuenta la película de Howard es una continuación de los hechos narrados en la obra de Pakula. Ambas sobresaliente, y necesarias en una época de mordazas legales.

Y precisamente de mordazas a la prensa trata “Buenas noches, y buena suerte“. El enfrentamiento de Murrow y su equipo con la CBS para, a través de su programa, plantar cara a la “caza de brujas” del senador Joseph McCarthy, es el relato de una guerra peleada en dos frentes. Menos famoso, pero también en busca de la verdad, aun cuando esta mancha a un amigo congresista, tenemos a Cal McCaffrey (Russell Crowe) en “La sombra del poder” (Kevin Macdonald, 2009), que adaptaba una miniserie británica del mismo nombre.

Fuera de Estados Unidos, la muy recomendable “Los gritos del silencio” (Roland Joffé, 1984) explicaba la historia de tres periodistas durante el régimen de los Jemeres Rojos, en Camboya. En la película, a través de la mirada de los reporteros, asistimos a la rebelión de un país en el que durante más de una década se impuso el gobierno del horror. En “Grita libertad” (Richard Attenborough, 1987), la relación entre el periodista Donal Woods y el activista Steve Biko es el primer paso para el nacimiento del movimiento contra el Apartheid. Estos son solo dos ejemplos de una temática inabarcable en su totalidad, pero a la que el cine presta mucha atención.

‘The Blacklist’ (TV)

También en la televisión hemos asistido a esa estrecha relación entre enemigos cordiales (o no tan cordiales). Entre los ejemplos más recientes podríamos citar la que mantiene, a todos los niveles y con todos los adjetivos, Frank Underwood y Zoe Barnes (“House of Cards”, 2013). O Will McAvoy, periodista de convicciones republicanas que por su capacidad de crítica se convierte en azote del Partido Republicano en “The Newsroom” (2012). Incluso en series en las que el tema principal no es ni la política ni el periodismo, tenemos presencia de ambos, como el llamamiento a la prensa especializada más relevante que hace Raymond Reddington en la segunda temporada de “The Blacklist” (2013).

Lo cierto es que la realidad suele superar a la ficción (incluso, irónicamente, cuando dicha ficción está basada en hechos reales), por ello necesitamos que haya quien indague e investigue ahí donde nosotros no podemos llegar. Y necesitamos que en el cine nos cuenten estas historias, para alimentar, no ya nuestra pasión cinéfila, sino también nuestro espíritu crítico. Este es fundamental a la hora de introducir la papeleta en la urna.


IMMACULADA PILAR COLOM

I AM NOT PAUL AVERY

 

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